Hay rumores sobre…
... que en una isla del East Blue puedes asistir a una función cirquense.
[Autonarrada] [A-T2] Un nuevo brazo
Airgid Vanaidiam
Metalhead
1 de Invierno, 23:00 de la noche.

La noche cubría Kilombo con su manto de calma y penumbra. Desde el exterior del pequeño taller de Airgid, apenas se escuchaban más que el canto de los búhos y el rumor del viento en los árboles. Pero dentro, la quietud era rota por el golpeteo metálico y el suave zumbido de herramientas. El espacio estaba iluminado por varias lámparas tenues que lanzaban destellos anaranjados sobre las paredes llenas de planos, herramientas y piezas de metal amontonadas en estantes. Se había buscado un lugar lo suficientemente aislado como para no molestar a sus hijos mientras descansaban tranquilamente. Airgid, con un delantal manchado de aceite y el cabello recogido en un moño desordenado, estaba inclinada sobre su mesa de trabajo. Llevaba horas, prácticamente todo el día, sumida en la tarea más importante que había asumido hasta ahora, solo por detrás de su propia pierna: fabricar un brazo mecánico para Ragnheidr. Sabía que cada detalle debía ser perfecto, no solo porque él lo necesitaría para su día a día, para sus combates y sus batallas, sino porque ese brazo representaba algo más profundo. Era su manera de devolverle algo que había perdido, de mostrarle que, incluso después de todo lo que habían pasado, ella estaba allí para él. De que la pérdida de su brazo no le limitaba, igual que tampoco le había limitado a ella.

Frente a la rubia, el esqueleto del brazo metálico empezaba a tomar forma. Había diseñado cada parte con una mezcla de precisión ingenieril y arte intuitivo, asegurándose de que fuera funcional, pero también estético. De hecho, estaba diseñado para que las formas del metal se parecieran a unos músculos de verdad. Incluso tenía un libro de anatomía frente a ella para usarlo como referencia. Piezas de acero pulido y aleaciones ligeras se ensamblaban con una perfección casi sobrenatural. Airgid extendió la mano hacia un montón de chatarra en un rincón y cerró los ojos, dejando que su mente se concentrara. El aire en el taller pareció cambiar, cargándose de una extraña energía. Los trozos de metal comenzaron a revolverse y luego, como atraídos por un imán invisible, flotaron hacia su mesa. Airgid movió los dedos con delicadeza, como si dirigiera una orquesta, y las piezas se unieron en el aire, fusionándose con un destello sutil. Había aprendido a dominar ese poder desde hacía ya tanto tiempo que parecía como si hubiera nacido con él, completamente natural. El metal parecía responder a sus pensamientos, obedecer sus deseos. Aunque su habilidad facilitaba enormemente el proceso, el desgaste mental era considerable, y podía sentir cómo el cansancio comenzaba a asentarse en sus hombros. — Solo un poco más... —Se dijo a sí misma, limpiándose la frente perlada con el dorso de la mano.

Mientras ensamblaba los engranajes de la muñeca, sus pensamientos se perdieron, reflexionando en parte sobre Ragnheidr. Hacía meses que no se veían antes de su reciente regreso, y cuando lo había encontrado en el puerto, la ausencia de su brazo izquierdo le había golpeado como un puñetazo en el estómago. Él había restado importancia al asunto, como siempre hacía, pero Airgid podía ver el peso de la pérdida en sus ojos. Le entendía, ella había sufrido prácticamente lo mismo, así que conocía el dolor que tendría que haber sufrido, un guerrero como él. Comenzó a tararear en voz baja, tratando de hacer la tarea más llevadera, que no pudiera pensar en el sueño que tenía. Tomó un pequeño destornillador y ajustó entonces uno de los conectores internos, uno de tantos.

La madrugada avanzaba, y con cada hora que pasaba, el brazo mecánico ganaba más vida. Airgid se permitió una pausa para estirarse y tomar un trago de agua. Miró por la ventana hacia el pueblo, sumido en la oscuridad, apenas las primeras luces del amanecer comenzaban a aparecer en la lejanía del horizonte. El mundo exterior parecía tan tranquilo, en contraste con la tormenta de ideas y emociones que hervía dentro de ella. Regresó a su mesa, y con movimientos cuidadosos, comenzó a grabar las líneas que adornarían el antebrazo del brazo. Usó un pequeño filo que flotaba bajo el control de su habilidad, trazando líneas delicadas que parecían acariciar el metal. Era un diseño personal, algo que había creado para simbolizar resistencia, continuidad y renovación.

Mientras trabajaba, una ráfaga de viento hizo crujir la ventana, y Airgid se detuvo un momento, observando el brazo a medio terminar bajo la luz de las lámparas. Por un instante, sintió una punzada de inseguridad. ¿Y si no era suficiente? No, esos pensamientos absurdos desaparecieron de su mente rápidamente, pues sabía que eran completamente infundados, creados por una parte de ella que por suerte, nunca había tenido el suficiente poder como para determinar sobre sus decisiones. Airgid era una mujer optimista, y ni siquiera los meses de soledad habían cambiado eso en ella. Comenzó a integrar los sensores internos, piezas minúsculas que reaccionarían a las señales nerviosas del muñón de Ragnheidr. Era una tarea delicada, y aquí, su control sobre el metal fue crucial. Con un gesto de la mano, los sensores flotaron hacia el interior del brazo, encajándose en compartimentos exactos. Los cables se conectaron como si fueran raíces buscando agua, estableciendo un circuito perfecto que permitiría el movimiento.

Las horas pasaron, y finalmente, solo quedaba ensamblar la mano. Airgid había diseñado cada dedo para que fuera tan articulado como el de un humano real. Los engranajes internos y las placas exteriores se unieron con un leve sonido metálico, y cuando terminó, observó con cierto orgullo cómo todo encajaba tal y como lo había imaginado en su cabeza, tal y como sus planos lo marcaban. Satisfecha, colocó la placa final con las iniciales AV en la muñeca del brazo, seguido de un pequeño símbolo de un engranaje. Era el toque final, un recordatorio de que aquello no era solo un artefacto, sino algo profundamente personal. Airgid se dejó caer en la silla, observando su creación. El brazo mecánico brillaba bajo la luz de las lámparas, una obra maestra de ingeniería y de su habilidad única. Dejó escapar un suspiro largo, una mezcla de agotamiento y alivio. Y se quedó dormida, en la silla, como uno de sus bebés.

El primer rayo de sol comenzó a asomarse por la ventana, anunciando la llegada del amanecer. Airgid se despertó en ese momento, levantándose de la silla, estirándose como un animal, mientras recogía sus herramientas. Su cuerpo estaba cansado, pero su espíritu se sentía ligero. Había trabajado toda la noche, pero valdría la pena, ya descansaría más adelante. Dejó a los pequeños bebés con la familia de su vecino, y es que necesitaria un poco de intimidad con Ragnheidr durante algunas horas, mientras le instalaba aquel nuevo implante. Y... quizás podría aprovecharlo también para algo más.
#1
Moderador Doflamingo
Joker
¡RECOMPENSAS POR AUTONARRADA T2 ENTREGADAS!


Usuario Airgid Vanaidiam
  • Berries: 82.124.750 -> 82.424.750 (+300.000)
  • Experiencia: 5363.87 -> 5393.87 (+30)
  • Nikas: 9 -> 11 (+2)
  • Reputación: +10 Reputación Positiva

    [Imagen: 95fa77531754675c202aa20ac4047d602acade5e.gif]
#2


Salto de foro:


Usuarios navegando en este tema: