Alguien dijo una vez...
Crocodile
Los sueños son algo que solo las personas con poder pueden hacer realidad.
[Diario] Un encontronazo familiar
Lykos silver
Drake
Era de mañana y el sol apenas teñía con sus primeros destellos la fachada de nuestra sede, reflejando sus colores rojizos en el horizonte. Me había pasado la noche revisando viejos documentos, reglas del gremio que había estado redactando desde hace mucho tiempo, en mis días de juventud mientras fantaseaba con Ralkin. También había algunos contratos firmados con comerciantes que había conseguido que confiaran en el gremio… aun no éramos oficiales, pero, contar un apoyo ya era una hazaña bastante grande, pero bueno, era lo que había, ¿No?, da igual, de todas maneras, teníamos que mostrar muchísimo mas para que la gente empezara siquiera a contar con nosotros para realizar contratos de caza, suspiré algo derrotado, estaba siendo bastante difícil, ¿estaba preparado? No tenía ni idea… pero bueno, si pude criar a tres niños, podría con todo esto. El silencio de la mañana fue interrumpido por el chirrido de la puerta principal. Pensé que serían algunos de los miembros del gremio, probablemente Eve. Pero para mi sorpresa, oí varios pasos. Tres, para ser exactos, y el sonido enérgico de botas que no reconocí. Me levanté curioso, me sacudí el polvo de las manos y caminé hasta el vestíbulo, en el momento en que los vi, abrí la boca, bastante impresionado. Allí estaban Arya, Wolf Jr. y Apolo, mis tres hijos, flanqueados por un haz de luz que entraba a raudales por la puerta abierta. Tardé un par de segundos en procesar lo que veía. ¿Su madre los había dejado venir hasta aquí solos? Iris por lo menos era adulta en términos humano, ¡pero sus hermanos eran adolescentes!

-¿Papá? -dijo Arya, esbozando una amplia sonrisa muy picaresca-. ¡Hemos llegado!

No voy a mentir: en ese instante, sentí que el corazón se me detenía. Los había visto hacía apenas un par de meses, cuando viajé a mi viejo hogar para asegurarme de que estuvieran bien y todo el rollo, obviamente tenía que visitar a mi esposa de vez en cuando, pero fue una visita corta, llena de charlas amenas y también alguna que otra discusión, especialmente con Wolf Jr, que siempre ha sido el más testarudo y no llegaba a entender mi necesidad de montar el gremio, maldito desagradecido, como le quería.

- ¿Qué… qué hacen aquí? Tsk -pregunté, sin intentar disimular mi perplejidad, estaba muy confuso, tanto que quizá me hería a mí mismo.
- ¿Cómo que qué hacemos? -respondió Wolf Jr, levantando las cejas-. Dijiste que abrirías de nuevo tu gremio, y aquí estamos, hemos venido a unirnos. No pretenderás que nos quedemos esperando en casa toda la vida. ¿No?, ni que fuéramos a vivir como parásitos de mama.

Pero bueno, ¡si todo lo que tenían se lo pagaba yo! Bueno, Apolo, en cambio, se acercó a mí con lentitud y me extendió la mano, pero luego se arrepintió de la formalidad y me abrazó directamente, estaba enorme, medía casi 4 metros ya y aún era adolescente, Sentí su calidez y escuché su respiración temblorosa. Para alguien que a menudo parecía inquebrantable, ese gesto significaba mucho para mí.

-Padre -dijo en voz baja-, necesitamos hablar.

Arya miró a su alrededor con un brillo especial en los ojos, como si cada rincón desolado de la sede fuera un tesoro esperando ser descubierto. Siempre le atrajo lo desconocido y lo épico de las historias de aventura.

-Desde que dijiste que abrirías los Crimson Crusaders, no hemos dejado de pensar en ello. Te conocemos… -Arya se detuvo un segundo-. Sabemos que llevas la carga de tu pasado y que en cualquier momento ibas a ponerte mal, ¡A si que venimos a molestarte un rato! Jeje.

En ese momento, no supe qué responderles la verdad. Estaba contento de verlos, claro, pero mil temores se agolparon en mi mente. Me dolía la sola idea de ponerlos en peligro, ¡Eran mis pequeñines! Aunque era consciente de que sabían defenderse pues les había puesto largas horas de práctica, Arya de esgrima, Wolf siempre había sido como Ralkin, peleador de puños y a pastar. Apolo siempre había disfrutado del tiro con arco, así que fuertes podían ser pero, el mundo de las aventuras y los piratas no es nada amable con nadie, mucho menos con jóvenes inexpertos, por muy valientes que sean. Sin embargo, solo bastó una sola mirada a sus rostros para comprender que no podía, ni debía, retenerlos. Esos tres pares de ojos reflejaban determinación y un deseo genuino de seguir mis pasos. Suspiré y me rasqué la barba, sintiéndome de pronto viejo y cansado, pero al mismo tiempo orgulloso.

-Hablemos dentro anda. Está claro que tenemos mucho que discutir. Vamos a mi oficina por lo menos, no quiero molestar a los otros por si vienen, ¿va? Ay. Como os quiero. Tsk.

Los conduje a mi oficina que estaba ubicada en la parte de arriba, donde apenas había un par de sillas decentes y una mesa central en la que solía poner los planos de las zonas y como mínimo les ofrecí lo poco que tenía: agua fresca y algo de pan que había traído Fon due esa misma mañana. Los tres se sentaron, estaban ansiosos (obviamente), y me miraron con expectación, rezando por que les dejara entrar sin problemas, era obvio que es lo que querían.

-A ver. No quiero sonar como un aguafiestas Tsk. -Suspiré-, pero esto no va a ser tan sencillo como creen. El mundo ha cambiado, chicos, y el mundo es demasiado peligroso estos días, los piratas han aumentado mucho, hay hasta ciudadanos que nos ven con recelo porque piensan que somos un gremio de matones; otros, en cambio, esperan que seamos sus protectores. Cualquier paso en falso podría arruinar la reputación que tenemos, es muy importante tener cuidado con estas cosas… Tsk.

-Para eso estamos aquí, papá, jeje. -respondió Arya con un tono suave, aunque firme-. Sabemos que no puedes hacerlo todo solo.

Levanté la mirada al escuchar a mi hija y después observé a Wolf Jr. Parecía ansioso, y era normal, con sus dieciocho años, ya superaba casi mi propia estatura. Tenía los hombros anchos y una mirada intensa, además, al ser de la mí misma raza, había entrado en la adolescencia después que sus hermanos y siempre había llevado consigo un punto de rebeldía… ahora estaba más potente, creo.

-Ya sabes que no temo el peligro, viejo. Pero, PERO, estoy dispuesto a seguir tus reglas si me dejas unirme al gremio, lo prometo, jeje. -me dijo, con una sonrisa desafiante que casi me arrancó otra sonrisa, al fin y al cabo, era el que mas me recordaba a mi mismo, no podía evitar sonreír en su presencia. El menor de todos, el último en nacer, que fue Apolo, (y por suerte para mi) Parecía mantener los brazos cruzados. No porque estuviera a la defensiva claro, sino porque ese gesto le ayudaba a pensar con claridad. Siempre había sido el más analítico y silencioso de los niños, y a menudo la sabiduría le brota de la boca cuando menos me lo espero, todo un filósofo de esos.

-Todos sabemos que hay riesgos, obviamente los hay -apuntó-, pero hemos estado practicando. Tenemos habilidades que podrían ayudarte. Arya domina la espada corta mejor que muchos adultos que he conocido. Wolf Jr. es un excelente rastreador y su fuerza es notable. En cuanto a mí, he estudiado mapas, rumbos y geografía, y Arco. estoy seguro de que podría encargarme de la logística de las misiones- Escucharlos hablar de aquella manera me llenaba de emoción. Tuve que pellizcarme mentalmente para no dejar que el orgullo me nublara el juicio. Después de una vida llena de pérdidas y lecciones, sé que el entusiasmo puede conducir a la imprudencia. Pero, al fin y al cabo, ¿cómo negarles la oportunidad de crecer? Tomé aire. Mi voz salió algo temblorosa, aunque intenté mantener la compostura.

-Está bien, pero tengo una condición: 3 Años, cuando hayan pasado 3 años os dejaré uniros al gremio si aun queréis, cuando seamos más famosos y pueda asegurar vuestra protección, de momento, volved con vuestra madre anda, yo no tardaré en llegar. Tsk.

Los tres asintieron, no parecían demasiado convencidos pero bueno, por lo menos había conseguido algo de tiempo

Obviamente no iba a echarlos el primer día que los volvía a ver, por lo que quise mostrarles el distrito mercantil para que comprendieran el terreno por el que me movía, Les enseñé las callejuelas estrechas llenas de puestos ambulantes, donde se podían encontrar ingredientes y objetos extraños venidos de islas remotas pero que eran muy muy interesantes. Pasamos por la plaza principal, donde los mercaderes más ricos vendían joyas y sedas, (y les enseñé como hacer una buena venta). También era una zona donde a veces se urden conspiraciones que luego solían desembocan en escándalos.

Arya estaba maravillada. Nunca había visto tanta gente diversa en un solo lugar. Wolf Jr. solo olfateaba el aire de vez en cuando, como si intentara identificar todas las mezclas de especias, perfumes y sudor humano que flotaban en el ambiente, también que tenia (Nariz) de vendedor. Apolo, por su parte, sacó de su bolsillo un pequeño cuaderno en el que tomó apuntes de cada rincón, cada calle, cada vendedor relevante. Estaba claro que, más que un simple paseo, para él esto era un proceso de cartografía mental, probablemente quería la información por si acaso en un futuro decidía quedarse por aquí y explorar un poco.

Nos detuvimos frente a la fachada de un enorme edificio con muros de color blanco sucio y tejados verdes. En el gran cartel sobre la puerta se leía: Subastas a buen precio, vengan a investigar.
-Aquí se realizan subastas semanales Tsk. -expliqué-. No solo de bienes legítimos, sino también de objetos robados o incluso de esclavos, pese a que oficialmente lo tienen prohibido. Es uno de los sitios más peligrosos, porque atrae a gente de dinero que no duda en mover hilos para conseguir lo que quiere, es mejor mantenerse alejado de esta zona, ya lo sabéis, Tsk.

Observé el semblante de mis hijos. Sabía que no era fácil enfrentarse a la cruda realidad de la esclavitud y la corrupción. Arya apretó los puños, indignada. Wolf Jr, parecía enfadado, por que echaba una mirada desafiante al guardia que custodiaba la entrada, y Apolo simplemente siguió tomando notas.

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