Dan Kinro estaba lista. La idea había estado madurando en su mente desde hacía días, casi como un sueño persistente, y ahora, el momento había llegado. Crear su primera Meito, una espada que no solo fuera un arma, sino una extensión de su alma.
Desde que había ascendido a sargento en la base de la Marina G-31, había hecho uso constante del taller, estudiando técnicas y practicando con metales de descarte. Pero esto era diferente, esta vez, estaba lista para el verdadero desafío.
Loguetown, G-31 Base de la Marina,
Día 2 de Verano del año 724.
Día 2 de Verano del año 724.
El taller de la Marina en Loguetown era un lugar lleno de historia. Sus paredes de piedra estaban ennegrecidas por años de trabajo en el forjado de armas, y el aire olía a hierro caliente y aceite de herramientas. Dan, con su banda ajustada sobre la frente, se plantó frente a la sección de materiales y eligió con cuidado el acero Tamahagane, una aleación de alta calidad que había solicitado específicamente para este proyecto. Este acero, conocido por su pureza y durabilidad, era la base perfecta para una katana digna de ser llamada Meito.
Con la precisión de alguien que había estudiado cada aspecto del proceso, la joven Kuja comenzó separando las piezas de Tamahagane según su contenido de carbono. La experiencia le había enseñado que la combinación adecuada de dureza y flexibilidad era crucial. Sabía que las capas exteriores debían ser duras para mantener el filo, mientras que el núcleo debía ser más suave para resistir los impactos.
— Nae, esto va a ser algo especial — murmuró para sí misma, sus manos moviéndose con confianza sobre el metal.
El horno rugía como un dragón, y la kuja, con las manos enfundadas en guantes resistentes al calor, colocó las piezas de acero dentro, calentándolas hasta que brillaron con un tono anaranjado. Con un par de tenazas, las sacó del horno y las colocó sobre el yunque, donde comenzaron las primeras etapas del laminado. El martillo, pesado y bien equilibrado, cayó con fuerza y precisión, uniendo las piezas mediante el calor y la presión.
Una y otra vez, Dan dobló el acero sobre sí mismo, creando capas que darían a la hoja su resistencia y flexibilidad únicas. Sabía que el número de capas no era un simple detalle técnico, sino una parte del alma de la espada. Con cada golpe del martillo, sentía cómo la hoja cobraba vida, cómo se transformaba de un trozo de metal en algo mucho más significativo.
— Aye, ya estás empezando a mostrar tu forma, guapa. — comentó, como si hablara con la espada.
Cuando el laminado estuvo completo, Dan Kinro volvió a calentar la hoja y comenzó a darle forma con golpes más delicados, trabajando en la curvatura característica de una katana. La precisión era clave, incluso un error milimétrico podría arruinar el balance del arma.
Con la hoja formada, llegó el momento del templado, una etapa crucial en la que la katana obtendría su dureza y flexibilidad. Dan aplicó una mezcla de arcilla sobre la hoja, cubriendo más grosor en la parte trasera para que esta se enfriara más lentamente que el filo. Este proceso, llamado "diferencial de templado", era lo que le daba a la katana su distintivo hamon, una línea ondulada que no solo era estéticamente hermosa, sino también indicativa de su calidad.
— Aquí es donde se separan las espadas comunes de las verdaderas obras maestras, ¿eh? — dijo, mientras sumergía la hoja en el agua con un siseo que llenó el taller.
El metal crujió, adaptándose a la rápida contracción causada por el enfriamiento. Dan sostuvo la hoja frente a la luz, observando cómo comenzaban a formarse las primeras señales del hamon. Su sonrisa se ensanchó.
— Eres más que una simple herramienta. Eres mía.
El siguiente paso era el pulido, un proceso que requería tanta paciencia como habilidad. Dan pasó horas trabajando con piedras de afilar de grano cada vez más fino, comenzando con las más rugosas para eliminar las impurezas y terminando con las más suaves para lograr un filo impecable. Cada pasada de la piedra era un ejercicio de precisión, con movimientos largos y fluidos que seguían la curva natural de la hoja.
Con el tiempo, la hoja comenzó a brillar, reflejando la luz como un espejo. El hamon, ahora completamente visible, ondulaba a lo largo del filo como un río serpenteante. Dan Kinro se detuvo un momento para admirar su trabajo, sintiendo un orgullo que no podía expresar con palabras.
Pero una katana no estaba completa sin su tsuka, tsuba y saya. Dan trabajó con igual dedicación en cada una de estas partes. Para el tsuka, eligió madera ligera pero resistente, que luego envolvió en una capa de piel de raya para mejorar el agarre. Usó seda negra para crear un entramado perfecto que no solo era funcional, sino también hermoso.
La tsuba, hecha de bronce, fue grabada con un diseño que representaba un bambú en una tormenta, un símbolo de fortaleza y resiliencia, cualidades que Dan valoraba profundamente. La saya, por su parte, fue lacada en negro brillante, con un simple adorno en plata que le daba un toque de elegancia sin exageraciones.
![[Imagen: QsdXM5Z.jpeg]](https://i.imgur.com/QsdXM5Z.jpeg)
Con la katana finalmente completa, Dan se dirigió al patio de entrenamiento de la base, donde varios marines observaban con curiosidad. Se posicionó frente a un muñeco de prácticas, sosteniendo la katana con ambas manos. La hoja parecía vibrar con energía, como si estuviera tan ansiosa como ella por probarse.
— Aye, a ver de qué estás hecha — murmuró.
ESP201
ESPADACHíN
Ofensiva Activa
Tier 2
3/12/2024
33

1

Una estocada que el usuario realiza al mismo tiempo que un [Dash] en un solo paso de hasta 8 metros en los que busca ensartar a todo lo que encuentre a su paso con la punta de su arma, llevando consigo a su víctima con un [Empuje] en caso de conectar hasta el final del recorrido del Dash.
Golpe Basico + [FUEx2,2] de [Daño perforante]
El primer golpe fue fluido y preciso, cortando el muñeco con una facilidad alarmante. El sonido del acero al cortar resonó en el patio, arrancando murmullos de admiración entre los presentes. Dan Kinro continuó con una serie de movimientos rápidos, cada uno mostrando la perfecta combinación de balance, filo y control que había logrado.
Finalmente, deteniéndose y sosteniendo la katana frente a ella, la chica marine dejó escapar una sonrisa de satisfacción.
— Lo has hecho bien, compañera. Lo has hecho muy bien.
La Meito que aquella marine había creado no era solo un arma. Era el resultado de su pasión, su esfuerzo y su deseo de ser la mejor en su oficio. Mientras guardaba la espada en su saya, no pudo evitar sentir que este era solo el comienzo de algo mucho más grande.