Alguien dijo una vez...
Donquixote Doflamingo
¿Los piratas son malos? ¿Los marines son los buenos? ¡Estos términos han cambiado siempre a lo largo de la historia! ¡Los niños que nunca han visto la paz y los niños que nunca han visto la guerra tienen valores diferentes! ¡Los que están en la cima determinan lo que está bien y lo que está mal! ¡Este lugar es un terreno neutral! ¿Dicen que la Justicia prevalecerá? ¡Por supuesto que lo hará! ¡Gane quién gane esta guerra se convertirá en la Justicia!
[Autonarrada] [Aut-T2] Garra Perdida en Invierno
Donatella Pavone
La Garra de Pavone
Isla Kilombo, Día 1 de Invierno, Año 724
 
El invierno había llegado a Kilombo con su característico frío húmedo, calando hasta los huesos, literalmente pues Donatella sufría de debilidad tanto hacia el frio como hacia el calor. Las calles de la isla, habitualmente vibrantes, estaban más tranquilas de lo habitual, con los comerciantes recogiendo sus puestos más temprano y los transeúntes abrigándose contra el viento. La Garra de Pavone caminaba con paso firme, envuelta en un abrigo largo que apenas lograba mitigar el helado soplo del aire. Sus botas resonaban sobre los adoquines mojados, el sonido perdiéndose entre los murmullos distantes del puerto.
 
Kilombo no le había ofrecido nada más que rumores y frustraciones desde su llegada. Su fuente había sido clara; Mayura, su hermano, estaba en esta isla, pero hasta ahora, no había encontrado ni un solo rastro tangible de él. Donatella llevaba días explorando cada rincón, desde los bulliciosos mercados hasta los callejones más oscuros, preguntando con sutileza y escuchando con atención. Sin embargo, lo único que había conseguido eran respuestas vagas y miradas evasivas.
 
"Es como si estuviera jugando al escondite." Pensó con una mezcla de enojo y amargura, ajustándose los guantes de combate que siempre llevaba consigo. Su hermano, con toda su teatralidad y carácter excéntrico, siempre había tenido una habilidad frustrante para desaparecer justo cuando más lo necesitaba. Pero esta vez, no era un juego. Como siempre, lo estaba buscando por algo mucho más importante que una riña familiar o una simple charla, ya que su vida y su misión dependían de ello.
 
El puerto era el corazón de Kilombo, un lugar donde las olas chocaban con la madera de los muelles y los gritos de los estibadores resonaban en el aire salado. Donatella se detuvo cerca del borde, observando cómo los barcos iban y venían. A pesar del frío, los marineros trabajaban con diligencia, preparándose para lo que parecía ser un evento inusual, el viaje al North Blue.
 
Una flota de barcos y submarinos, incluyendo su propio Torpedo Emplumado, serían transportados por los colosales pulpos voladores hacia el Mar del Norte, una hazaña tan extraordinaria como peligrosa. Al principio, no había prestado mucha atención al asunto; después de todo, su enfoque estaba en encontrar a Mayura. Pero ahora, mientras observaba el movimiento frenético en el puerto, algo en su interior comenzó a cuestionarse.
 
"¿Y si él planea ir al North Blue?" La idea era plausible, pues su excéntrico hermano siempre era impredecible, y aunque no había pruebas concretas de que estuviera relacionado con este increíble y peligroso viaje, tampoco podía descartarlo. La incertidumbre la carcomía, su instinto le decía que debía quedarse y seguir buscando, pero su lógica le susurraba que quizás su próximo paso debía ser más audaz.
 
Donatella se apartó del borde del puerto, buscando refugio del viento detrás de unas cajas apiladas. Sacó un pequeño cuaderno de notas, su herramienta indispensable para rastrear cualquier pista sobre su hermano. Las páginas estaban llenas de nombres, lugares y detalles aparentemente inconexos, todos escritos con la meticulosa caligrafía que la caracterizaba. Subrayó un nombre, y cerró el cuaderno con un suspiro. "Si voy, lo arriesgo todo," pensó, observando el horizonte gris que se extendía ante ella. "Pero si no voy, podría perder la única oportunidad de encontrarlo." Era una decisión que no podía tomar a la ligera. Kilombo aún albergaba secretos, y parte de ella temía que marcharse significara abandonar algo crucial. Además, no había señales de su guardia real, los fieles aliados que habían naufragado junto a ella en el East Blue. La idea de partir sola hacia un nuevo mar, sin apoyo ni información, era inquietante.
 
La mención de su guardia real la llevó a otro pensamiento. Durante semanas, había esperado encontrarlos, buscando rastros en cada isla que visitaba. Pero al igual que con Mayura, sus esfuerzos habían sido en vano. "Ellos son fuertes, sé que pueden sobrevivir." Se recordó a sí misma a modo de reconfortarse, aunque la incertidumbre seguía pesando en su pecho. Si Mayura estaba planeando marcharse al North Blue, si su destino la llevaba allí, tendría que ser suficiente confiar en que el camino la reuniría con ellos más adelante.
 
Finalmente, después de lo que parecieron horas de contemplación, Donatella tomó una decisión. La posibilidad de encontrar respuestas en el North Blue era demasiado tentadora para ignorarla. Si Mayura partiera para allí, si sus guardias también lo harían debido a la conmoción de la noticia, entonces no podía permitirse quedarse atrás. Se enderezó, sacudiendo los pensamientos de duda y ajustándose el abrigo. "No soy alguien que titubea." Pensó con determinación, si iba a enfrentarse a lo desconocido, lo haría con la misma fuerza y gracia que la habían definido siempre.
 
Con una lista mental de tareas, Donatella comenzó a caminar de regreso hacia el lugar donde estaba atracado el Torpedo Emplumado. Había preparativos que hacer como revisar el submarino, el cual le había sido enviado desde verano hacia el mar del este desde el Imperio Pavone. Ahora se encargaría de asegurar los suministros y comprar su tique. Cada paso resonaba con la firmeza de alguien que había tomado una decisión irrevocable.
 
Al llegar al submarino, se detuvo un momento para admirar su obra maestra. El diseño inspirado en el pavo real, con sus intrincados grabados y el símbolo de la familia Pavone en la base, era un recordatorio de quién era y de dónde venía. Pero también era un símbolo de su independencia, de su capacidad para navegar incluso las aguas más turbulentas por sí misma. Subió a bordo y comenzó a trabajar, verificando cada detalle con la precisión meticulosa que la caracterizaba. A pesar del frío que calaba en el aire, sus movimientos eran fluidos, casi elegantes, mientras se aseguraba de que todo estuviera en perfecto estado. Cada acción la acercaba un paso más a su partida.

Cuando terminó, se permitió un momento para mirar hacia el horizonte una vez más. Mar del Norte,  murmuró en voz baja. Si Mayura está allí, no tardaré en encontrarlo. Y si no... bueno, al menos habré avanzado en lugar de quedarme estancada. Con esas palabras, Donatella se dirigió a la cabina principal del submarino, lista para lo que el día 3 de invierno le traería. La Garra de Pavone no huía de los desafíos; los enfrentaba de frente, y este viaje no sería la excepción.
#1
Moderador Doflamingo
Joker
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Usuario Donatella Pavone
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#2


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