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Katharina von Steinhell
von Steinhell
30-12-2024, 04:40 PM
Haber explorado las turbias profundidades de las tabernas más inmundas de esta urbe a medio hacer finalmente ha dado resultados. Los rumores, engarzados como joyas burdas en las conversaciones del tabernero, quien recoge retazos de palabras de viajeros indiscretos y mentes inquietas, y de los aventureros que apenas rozan el umbral de este lugar por una o dos noches, comienzan a entretejer un panorama interesante. Las habladurías insinúan que un destacamento de procedencia nebulosa arribó recientemente a las costas de Loguetown. El desembarco, según se murmura, estuvo lejos de ser impecable, y con él se perdió un cargamento de valor excepcional. Ahora, una multitud de personajes de los bajos fondos busca desesperadamente esa mercancía. Podría tratarse de dinero, o de algún objeto ligado intrínsecamente al poder, dos cosas que, en cualquier caso, me vendrían de maravilla.
Desde mi discreto rincón, apartado y tenuemente iluminado, me levanto con calma estudiada. Cruzo la estancia hasta alcanzar la barra, mi capucha proyectando sombras que oscurecen mi semblante. Mis ojos se encuentran con los del tabernero, a quien, con un gesto de la mano, solicito algo para beber. En este lugar es común que los parroquianos opten por bebidas de alta graduación, como el ron. Yo, en cambio, con mi paladar delicado y reacio a los excesos, tolero ese brebaje con la misma facilidad con la que un mezquino tolera el triunfo ajeno: es decir, nada.
El tabernero, acostumbrado a mi presencia durante las últimas semanas, intuye mis preferencias. Sin mediar palabra, me entrega una cerveza especialmente seleccionada para mí: de espuma densa, tonalidad ámbar y apenas dos grados de alcohol. Ideal para alguien como yo, que pierde la sobriedad con facilidad.
Acercando la jarra a mis labios, percibo la humedad y el aroma característico de la bebida antes de dar siquiera el primer sorbo.
-Has hecho bien en incluir esta cerveza entre tu inventario -digo, dejando la jarra sobre la barra con un gesto que encierra una mezcla de aprobación y autoridad.
-No he traído mucha -responde él, con un tono entre pragmático y resignado-. Apenas unos cuantos barriles. Eres la única que la pide.
-Eso es porque soy la única abeja en un enjambre de moscas -respondo, y una sonrisa cargada de suficiencia escapa de mis labios. Mi tono, aunque afable, lleva consigo un filo cortante que el tabernero no puede ignorar-. Me encantaría pasar la noche discutiendo sobre cervezas y matices gustativos, pero el tiempo apremia. Tengo unas preguntas sobre ese famoso destacamento que, según cuentan, llegó a Loguetown y que todos parecen estar buscando.
El tabernero, un hombre corpulento que lleva en su porte el vestigio de una vida anterior marcada por el esfuerzo físico, deja entrever una pizca de nerviosismo. Mira a su alrededor, evaluando la proximidad de oídos curiosos, antes de responder con una cautela medida.
-Hay demasiadas preguntas rondando ese supuesto destacamento, y demasiadas personas peligrosas husmeando donde no deberían. ¿Estás segura de que quieres involucrarte en algo así? -me interroga, su tono mezclando advertencia y resignación.
Mi mirada, firme y resuelta, es respuesta suficiente. Ante ello, el hombre suspira, resignado, antes de continuar.
-De acuerdo, pero no digas que no te lo advertí. Busca a Ralph, se esconde en el muelle suroeste de la ciudad. Dile que una amiga de Jonas necesita hablar con él.
Con una leve inclinación de cabeza en señal de agradecimiento, tomo nota del nombre y la ubicación. Ralph será mi siguiente paso en este pequeño pero intrigante enigma. Porque si algo he aprendido, es que las piezas más insignificantes a menudo esconden engranajes que hacen girar maquinarias mucho mayores.
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Takezo D. Ryuu
Musashi Miyamoto
30-12-2024, 06:58 PM
Mi pequeña pasantía por Loguetown estaba durando más de lo que había calculado, las calles de la isla me arropaban dándome la sensación familiar más auténtica que tuve en años, después de todo Loguetown era mi verdadero hogar, conectado a mi por la sangre y ahora ocupando permanentemente un lugar en mis memorias, sin duda sabía cómo hacerme dar vueltas una y otra vez por su calles sin pasarme la idea por la cabeza de volver al puerto y seguir mi viaje y objetivos sin rumbo fijo y que de misma manera fueron los que impulsaron mi alma en dirección a esta Isla.
En mi cada vez más poco casual tiempo por la isla pude disfrutar de su gente y la sensaciones que provocaban en mí, de su espectacular comida en mi paladar y de observar el desarrollo de la isla a un futuro más urbanizado, sin embargo aún con todo eso aquello que más me hará querer volver a Loguetown sin incluir a mi madre es sin duda el alcohol que sirven en la isla. Varias veces pasé mi noches en las tabernas del lugar degustando una y otra vez de cualquier exquisitez alcoholizada que mi paladar pudiese disfrutar y mi joven hígado soportar. Mi presencia en esas tabernas se había vuelto habitual y hoy no sería la excepción.
Mi caminar era el común, lento y seguro manteniendo la mano en mi katana resguardada en mi Obi para preveer cualquier situación que fuese molesta e impidiese mi actividad más habitual: el beber alcohol. No tardé mucho en llegar al lugar, haciendo acto de presencia y adentrando a paso tranquilo a mi persona por el lugar intentando no chocar con algún presente, sin embargo hoy no sería ni siquiera complicado. Normalmente todos estarían levantados y celebrando al ritmo de la música inducidos por todo el alcohol en su cuerpo pero hoy no era caso. No había nadie levantado, todos en sus mesas parecían murmurar un secreto, apenas y bebiendo, era importante o así lo hacían parecer, y para que mentir, no pude evitar interesarme.
Mi primer plan fue preguntar directamente al tabernero pues parecía ser una fuente confiable de información o normalmente lo son, me acerqué a la barra para darme cuenta casi de inmediato de que plan tenía ya un imprevisto, siendo la presencia de una muchacha de dorados cabellos la cuál parecía ya estar preguntando por aquél “asunto”. Entre palabras logré ubicar la información de lo que hablaban o mínimo de lo que podía parecer, un destacamento, alguna carga o u objeto valioso y que cada vez despertaba más y más mi interés. — Ralph… — Solté haciendo que mi presencia fuese notada producto de mi intromisión.
— Así que la gente anda tan ansiosa es por ese tesoro local… Pff, sin duda Loguetown me quiere mantener atado a si mismo como un perro a su dueño — Suspiré mientras con cierta flojera rascaba mi nuca — Por fin una aventura o algo interesante más que competir con el oso de atrás por ver quién puede comer más platos de arroz — Dije para señalar a un gran sujeto subido de peso el cual al escuchar mis palabras no pudo hacer más que colocar una expresión que reflejaba su pena.
— En fin, una travesía que me interesa así que. . . Eh chica, te interesa algo de compañía? Al fin y al cabo iré por esa información también — Rascaba mi barbilla esperando una respuesta mientras sonrisa con suma confianza.
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Katharina von Steinhell
von Steinhell
30-12-2024, 08:34 PM
Me encuentro lista para ponerme en pie y dirigir mis pasos hacia la zona suroeste de la ciudad cuando, de manera abrupta, un hombre de complexión robusta y cabellera oscura se acomoda junto a mí. En tiempos pretéritos, tal audacia habría bastado para justificar que le ordenara cortar una o dos manos, pero con el transcurso de los años he ido asumiendo con cierta resignación la pérdida de esa autoridad absoluta sobre los demás. Hoy, si deseara amputarle una extremidad, tendría que hacerlo por mí misma, y de alguna forma esto disminuye considerablemente el encanto del acto. La verdadera fascinación no reside en infligir daño, sino en manipular a los individuos para que ejecuten, sin cuestionamientos, la voluntad de quien les manipula.
Según sus propias palabras, también ha oído los rumores sobre el cargamento extraviado, y como no podría ser de otro modo, su interés se ha centrado en recuperarlo para su propio beneficio. ¿No es esto, acaso, lo que lo convierte en un enemigo o, al menos, en un competidor? Dirijo una mirada penetrante hacia él. Con una ligera inclinación, distingo que sobre su cintura descansa una espada larga y estilizada, cuya presencia no hace sino confirmar la impresión inicial: un espadachín. Sin embargo, tal revelación no causa en mí mayor sorpresa; en esta era contemporánea, portar una espada y dominar un par de técnicas marciales parece haberse convertido en una moda insustancial. Los espadachines, antaño reverenciados por el temple necesario para manejar un instrumento forjado con la única finalidad de arrebatar vidas, han perdido la solemnidad con que antes se les trataba. Sin embargo, me es completamente indiferente la clase de espadachín que sea, e incluso la naturaleza de su ser; mientras sea útil para la consecución de mi único objetivo, que no es otro que apoderarme del cargamento para mí sola, poco me importa lo que sea en esencia.
-Es cierto que la información que posees despierta mi interés, pero ¿qué te lleva a suponer que anhelo compañía alguna? -interrogo sin mirarlo directamente, un simple tanteo para evaluar su carácter. Mi pregunta no tiene la intención de obtener una respuesta definitiva, sino de medir su compostura-. Si tu destreza con la espada es tan formidable como tu habilidad para entrometerte en conversaciones ajenas, entonces aceptaré tu compañía. Los duelos y esfuerzos físicos no son precisamente mi fuerte, pero la astucia es mi mayor aliada y, en este juego, siempre soy quien toma las decisiones más certeras.
Antes de recibir respuesta alguna, antes de que él siquiera pueda presentar su nombre, me levanto con calma y me dirijo hacia la salida. Prefiero que no sepa mi verdadero nombre, y, francamente, me es irrelevante conocer el suyo. ¿Acaso importa? Es solo un hombre común en un mundo ordinario. Para mis fines, bastará con llamarlo espadachín, ya que, al fin y al cabo, eso es lo que es.
Tras caminar durante casi treinta minutos, finalmente alcanzo el lugar señalado por el tabernero. Ante mí se alzan los interminables y fríos edificios, altos y desolados, hechos de concreto, con ventanas diminutas cuyas rejas están cubiertas por tablones raídos. El pavimento, cubierto por una humedad constante proveniente del mar, está traicionero; cualquier ser incauto podría tropezar y estrellarse contra el suelo, fracturándose, si no una, varias costillas. Un olor penetrante flota en el aire, una mezcla indefinible entre el metal oxidado y la putrefacción, lo que hace que mis sentidos se agudicen.
Siguiendo esa marca olfativa, cubierta en parte por el aroma alcohólico que exhala mi nuevo acompañante, llego frente a una pila de barriles desordenados. Con un tono suavemente autoritario, le indico al espadachín que los desplace. Al hacerlo, descubro, casi con un suspiro de satisfacción, el cadáver de un hombre al que le han desgarrado la garganta. Es un joven de piel morena y cabellera rizada, probablemente de unos veinticinco años, con una complexión delgada, cuya descripción coincide con la proporcionada por el tabernero.
-Bingo: hemos encontrado a Ralph -susurro, consciente de que figuras invisibles podrían estar observándonos desde la penumbra-. Si nos atacan, aprovechemos la estrechez de los callejones.
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Takezo D. Ryuu
Musashi Miyamoto
30-12-2024, 10:47 PM
Una primera impresión de la que me sentía totalmente intrigado, su mirada penetrante contrastaban con mis ojos calmados en conjunto de una postura estoica que hacían de lado su seriedad y tal vez su intento de intimidarme, una silueta fuera de lugar y actitud que parecía estar lejos de abordar una situación como está la cual tenía más que un solo gramo de seriedad bastante alto. — Venga, parece que Viktoria despierta tu interés como la idea de encontrar ese cargamento es el mío, no es así? — Añadí al ver su leve inclinación en busca de notar mi espada, tal vez solo buscaba identificar que clase de guerrero era, sin embargo yo no dejaría pasar cualquier oportunidad para romper el hielo en lo que parecía ser una situación cada vez más tensa.
— Yo no supongo nada. . . Mi pregunta solo se basa en que de igual manera iré por el, si tú vas y yo igual no veo un por qué no hacerlo juntos. — Respondí sin mucho afán mientras me levantaba de mi asiento, sin embargo fue grata mi sorpresa al ver que ella sin palabra alguna solo de saldría en lo que tú supuse era la dirección en donde encontraríamos a ese tal Ralph. — Tomaré eso como un sí — Con flojera moví mi cuerpo afuera de la taberna y comencé mi caminata en dirección al paradero de Ralph, siempre con un paso menor al de la chica ya que ella era la guía en todo caso.
30 minutos de caminata nos llevó lejos de aquel ambiente cómodo y familiar que usualmente Loguetown causaba en mi, siendo remplazado por una extraña sensación de ser observado, vigilado, como si cualquier paso en falso no era más que una posible sentencia de muerte, tal vez no éramos los primeros que buscaban información en ese lugar de mala muerte, mejor dicho, no éramos los primeros, y tan solo instantes lo íbamos a comprobar. Moví aquellos barriles y me encontré con aquél hombre de piel canela totalmente degollado y con una expresión de trauma, sin duda murió sufriendo, lo siguiente que pude escuchar fue aquel susurro de que le habíamos encontrado, una lástima, Ralph parecía agradable.
— Carajo, pobre sujeto — No pude evitar exclamar mientras rascaba mi nuca con algo de simpatía al difunto, mi mirada se mantenía atenta y mi semblante preparado, observaba detenidamente las ventanas y puntos que podrían ser considerados ciegos una y otra vez, no estaba dispuesto a terminar como el pobre Ralph y menos en un punto tan virgen de mi aventura. — Bueno, cual es nuestro siguiente paso? Después de todo parece que el tipazo de Ralph no nos dirá nada por un tiempo — Susurré mientras mi mano bajaba a mi Katana y el ambiente parecía aumentar en tensión conforme pasaban los segundos.
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Katharina von Steinhell
von Steinhell
02-01-2025, 11:10 PM
Mientras el espadachín que me acompaña se dedica a vigilar nuestro entorno con la intensidad teatral de quien desea parecer útil, yo me ocupo de lo verdaderamente importante: examinar el cadáver. La sangre que aún fluye del corte en el cuello, sin signos de coagulación, grita lo obvio: este hombre no lleva mucho tiempo muerto. Ni un hematoma digno de mención en su cuerpo, lo que confirma que fue un ataque único, directo y sin resistencia. Un tajo limpio y certero en la arteria carótida, sin duda ejecutado desde la espalda. Eficaz, sí, pero de una cobardía tan flagrante que hasta resulta predecible. El asesino no buscaba demostrar su valentía, solo quería asegurarse de que no habría réplica.
Mientras reviso sus bolsillos -chaqueta, pantalones, billetera- no puedo evitar pensar que esto se siente menos como investigación y más como hurgar en un cajón olvidado. Encuentro migajas de interés: unas monedas insignificantes, un mechero que parece haber sobrevivido a una guerra y un chicle que prefiero no inspeccionar demasiado. Pero es en la billetera donde, finalmente, algo llama mi atención. Entre los billetes que no valen mi tiempo y un par de tarjetas sin importancia, hay un pequeño papel amarillento, sucio y arrugado que contiene una dirección. Me detengo un instante, intrigada. ¿Por qué dejaría el asesino algo tan útil en el cadáver? ¿Descuido? ¿Desafío? ¿O una trampa cuidadosamente colocada? Las posibilidades son infinitas, pero por ahora, me interesa más lo que esta pista podría ofrecer que elucubrar sobre la torpeza ajena.
Doblo el papel con delicadeza y lo guardo en el bolsillo interior de mi abrigo.
-Tengo una dirección -le digo al espadachín, con ese tono que oscila entre la información útil y la orden ineludible-. Podría ser una trampa, pero prefiero averiguarlo antes de quedarme aquí jugando a los detectives amateurs. Por cierto, ¿tienes nombre? Me resulta agotador seguir llamándote “espadachín” como si fueras algún accesorio olvidable.
Sin esperar respuesta -ya que, sinceramente, me da igual-, nos dirigimos hacia la dirección en el papel.
El edificio frente a nosotros es un espectáculo que raya en lo pretencioso. Cuatro plantas de concreto blanquecino que intenta imitar el mármol, con amplias ventanas y cornisas recargadas que parecen sacadas de un catálogo de arquitectura clásica reinterpretada por alguien con demasiado dinero y muy mal gusto. Las puertas dobles de roble, adornadas con manojos de platino, gritan exclusividad de una manera casi vulgar. Desde el interior, el bullicio de una fiesta sugiere que la verdadera actividad está muy lejos del silencio del cadáver que acabamos de abandonar.
Intento acceder con el aire de quien no acepta un no como respuesta, pero los guardias -vestidos de negro, armados y con la creatividad de una roca- me detienen con la misma frase predecible de siempre: “Solo invitados con invitación personal”.
-Así que las opciones son claras -le digo al espadachín mientras evalúo el entorno-: podemos entrar por la fuerza y arriesgarnos a que esta misión termine en una balacera poco elegante, o encontrar una manera más discreta. Personalmente, prefiero lo segundo. Pero, si tienes ganas de probar tus habilidades contra esos hombres corpulentos y sus armas, adelante. Solo recuerda que somos dos, y ellos, unos cuantos más.
La última frase la dejo caer con la dosis exacta de sarcasmo, mientras busco alguna entrada lateral que me permita esquivar no solo a los guardias, sino también al patético orgullo masculino que suele acompañar a las decisiones imprudentes.
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Takezo D. Ryuu
Musashi Miyamoto
03-01-2025, 05:06 PM
La tensión de una emboscada no hacía más que inundar por completo, aunque gota a gota el ambiente ya frágil e inseguro en donde aquella muchacha, desconocida en todo ámbito para mí y en conjunto de mi propia persona, nos encontrábamos en busca de información sobre aquél cargamento, información que no íbamos a obtener, no de alguien concretamente vivo.
Mi silueta era reconocible de casi cualquier ángulo, mismos que vigilaba como si ahora yo fuese la presa de algo más, sensación con la que no me sentía para nada a gusto. — Fue una operación rápida. . . Pero ya se terminó — Bajé mi rostro mas nunca mi guardia conociendo que estábamos aparentemente a salvo de cualquier tipo de peligro u ataque que pudiese provenir de un punto ciego o inesperado. Acto seguido pude observar el cuerpo del difunto mucho mejor; me detuve en su corte fino y delicado, como si de un trazo para la mas linda obra pudiese tratarse, algo más que interesante y que obviamente no podía haberse logrado a manos de un común pandillero o matón, aquí había mucho más que eso y no tardamos en averiguarlo.
Mi “Compañera” aprovechó los momentos donde vigilé la zona para poder retomar la investigación sin perder tiempo, ni corta ni perezosa se dedicó a revisar la ropa de Ralph con el objetivo de encontrar algo que pudiese servir para impulsarnos a continuar la búsqueda del cargamento, y también algo que no tardó en encontrar. No pude evitar decir — Bingo — Al momento de que ella encontró la dirección, un pequeño golpe de suerte a modo de milagro o tal vez un trampa previamente preparada se encontraban en nuestra posesión, no sabíamos cual era con exactitud, pero si algo era tenía que ser era sin duda un respiro y aquel impulso a seguir que hacía falta, además de algo de que tomarnos para mantener a flote la investigación.
— La única manera de descubrir que es realmente esa ubicación es encaminado nuestro paso en esa dirección, así que dejemos de perder el tiempo y vamos — Suspiré para dar un paso y acto seguido escuchar la pregunta de la chica — Oh, mi nombre es Musashi Miya… OYE PERO ESPERA A QUE TERMINE DE HABLAR! — Grité al ver cómo se iba alejando sin importar mi respuesta aún después de que ella hizo la pregunta — Jodida loca… — Con una expresión que era la viva prueba de mi desagrado me comencé a caminar hacia la susodicha dirección.
Nos dejamos caer en aquél llamativo edificio, su lujosa arquitectura tuvieron la capacidad de hacerme agregar un silbido de agrado a mi llegada pues casi me había dejado boquiabierto por su imponente decoración y magistral arquitectura, fuera de lugar, casi haciéndome olvidar que seguíamos en Loguetown y sus cercanías a una ciudadela no muy aclamada por su arquitectura. — Vaya, parece que no estamos invitados a la hora del té no? — Bromeó al verla regresar ante la negativa de guardias del lugar por dejarle pasar.
— Me das opciones muy fáciles — Con un bostezo procedí a colocar mi mano en el mango de mi Katana pues mi decisión ya estaba tomada y me iba hacer paso entre toda aquella masa de músculo, o bueno eso era hasta que pude hacer memoria, parando en seco mi movimiento y solo dando la vuelta para retirarme a paso calmado. — Vámonos ricitos de oro — Minutos de caminata lenta nos podrían llevar a solo dos cuadras del lugar, mismo en donde señalé con la punta de mi Katana una tapa del alcantarillado local — Tengo una idea no tan buena… — Dejando en claro mi intenciones mientras esperaba la respuesta si me iba acompañar en ello y en lo que no sería un paseo del todo aseado.
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Katharina von Steinhell
von Steinhell
08-01-2025, 09:21 PM
Siento que se me corta la respiración cuando identifico lo que el espadachín Musashi me está apuntando con su arma. El horror se apodera de mi rostro y el inminente impulso del vómito nada más imaginar los olores allí abajo controla mi cuerpo. Retrocedo como si estuviera en una obra de teatro, con una exagerada dosis de drama en cada movimiento hasta detenerme junto a un poste. Miro a Musashi con el ceño fruncido, intentando reprenderle con la mirada por su nauseabunda sugerencia.
-Habiendo tantísimas opciones prefieres perderte en la red de alcantarillado y contraer leptospirosis y hepatitis. ¿Sabes lo complejo que es tratar una de estas enfermedades en un medio tan rudimentario como lo es este pueblo que algunos, osadamente, llaman ciudad? -le pregunto, estando segura de que desconoce los riesgos sanitarios de tal aventura-. Ahora bien, no seré yo quien te detenga, pero creo que existen rutas menos… complicadas para infiltrarnos en este edificio.
Elevo la mirada hasta dar con los pisos superiores, fijándome principalmente en los balcones y las ventanas. No hay ninguna abierta, pero estoy convencida de que, con las habilidades e instrumentos apropiados, podemos entrar. El problema es que la superficie del edificio es aparentemente lisa, lo que dificulta en demasía una escalada. Podría hacerlo, aunque tardaría más tiempo del que me gustaría y, sobre todo, me encontraría en una posición vulnerable donde un francotirador podría acabar fácilmente conmigo. Aun así, prefiero exponerme de esta manera en vez de colarme por la red de alcantarillas de este pueblo.
-Yo me colaré por la ventana -anuncio finalmente, señalando con el índice uno de los pisos superiores-. En treinta minutos nos reuniremos en el primer nivel y comenzaremos a investigar de qué se trata esto. Sígueme, si quieres.
Tras lo señalado, flexiono mis piernas y doy un gran salto por sobre la pared, demostrando que tal vez no sea una dama indefensa. Me detengo justo en la cúspide de la muralla pétrea y luego, como si de pronto me hubiera convertido en una gata callejera, me lanzo hacia el edificio. Como supuse, me es difícil encontrar el agarre adecuado para evitar deslizarme por el muro. No dependo de la fuerza, sino de la habilidad necesaria para clavarme a la muralla y comenzar a subir lentamente hasta llegar a un balcón.
Ahora, frente a mí, se dispone un ventanal amplio por el cual se accede a una habitación enorme, con una cama matrimonial y un montón de muebles ostentosos. ¿El problema? Debo forzar la cerradura.
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Takezo D. Ryuu
Musashi Miyamoto
17-01-2025, 12:04 AM
Mi idea fue brutalmente rechazada por la supuesta "higiene" aunque para mí no era más que un capricho de belleza o algo por el estilo, no me atreví a decirlo pero mi opinión la tenía muy clara — Pff, pero es la idea más sigilosa, solo piensa, si apesta la idea de ir caminando entre mierda y más mierda además de claro ir soportando olores nauseabundos que pueden ocasionar el deterioro de la salud... Hmh, capaz sí no es tan buena idea, PERO SI LA MAS SIGILOSA! — Añadí señalando la tapa nuevamente — Tu eres la que quieres evitar una confrontación y la mejor manera de hacerlo es ir por aquí — Yo intentaba convencerla pero ella solamente me ignoró, saltó y como una experta en escalar iniciando su propia travesía. — Tsk, maldita caprichosa aprende a escuchar! — Fruncí mi seño y le di la espalda observando nuevamente la tapa de la alcantarilla y la gran idea que representaba.
— Siendo sincero tampoco voy a entrar por ahí — Comencé una pequeña caminata, no estaba dispuesto a dañar mi orgullo y escalar con ella, debía haber otra solución no fue difícil encontrarla. Uno de lo muchos vigilantes del lugar le dió por hacer acto de presencia de una de las calles cercanas a mí, tal vez era un poco de patrullaje, no lo tenía claro y tampoco iba a preguntarle, en ese momento él era mi regalo, uno perfecto. Caminé hacía el y menos tiempo del que pudiese darse cuenta impacte con el mango mi espada directamente en su sien — Como un costal de papas — Sonreí al verlo en el suelo y procedí a seguir con la siguiente parte de plan, golpearlo y desnudarlo.
Algo sádico pero necesitaba parecer que le habían dado una golpiza, y yo necesitaba su ropa, con ambas condiciones cumplidas y el rostro observando el suelo para evitar una distinción, ya estaba de regreso a la puerta principal con un numerito ensayado — Rápido necesito que abran la puerta, lo golpearon muy cerca de aquí tal vez si van ahora puedan atrapar al espadachín sospechoso! — Dije con el guardia en mi hombro como si de un compañero fiel se tratase — Carajo, espadachín?! Seguramente son los imbéciles que vinieron antes — Dijo el grandote de la derecha apretando su puño — Al carajo, gracias por avisar, nosotros vamos detrás de los imbéciles — Respondió su compañero partiendo así del lugar.
— Bingo — Sonreí y me adentré al lujoso edificio sin seguridad aparente que me detuviese.
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