¿Sabías que…?
... existe la leyenda de una antigua serpiente gigante que surcaba el East Blue.
[Autonarrada] [T1 - Takezo D. Ryuu] "Días sin sol"
Takezo D. Ryuu
Musashi Miyamoto
Año 404
Día 17 de Invierno.

La muerte de mi madre distanció totalmente a mi padre de la realidad haciendo que su vida tomase un rumbo forzado del que nunca más pudo recuperarse. El buscaba prepararme para la vida y sus desafíos convirtiéndome en un guerrero capaz de afrontar los días oscuros y sin sol, para los momentos en donde parecía no había una salida concreta o aquella solución que siempre buscamos tener como ayuda milagrosa que creemos merecer. Me enseñó a combatir cuerpo a cuerpo utilizando la katana y los filos variantes y similares a la misma, a cazar animales adaptándome a su entorno, leyendo su comportamiento para así aprovecharme en una casería y convertirla de manera exitosa en mi comida, además fortaleció mi estómago con bichos, gusanos y frutas extrañas en la sazón que me atrevería a decir son sin duda las peores comidas del East Blue solo en busca de tener un paladar amplio y adaptable. Me instruyó en el camino de la espada, en su filosofía la cual e inmortalizado en mí, más allá de lo físico como parte de mi alma. Agradezco a mi padre Musashi por todo eso y realmente espero que se encuentre bien y algún día pueda perdonar el peso de mis decisiones y acciones.

Mi amor a mi padre aunque grande no es suficiente para ocultar sus muy notables fallas, luego de la muerte de mi madre se adquirió una hostilidad que es incapaz de ser pensada en usarse contra un menor, y menos en contra de su hijo, lleno de ira por quedarse sin aquella mujer que amó y un total desespero también se volvió alcohólico y alguien adicto a apostar. Se qué de él heredé una gran cantidad virtudes pero también muchas de sus carencias. Nuestra llegada a Reino Okyot sucedió 5 años después de la muerte de mi madre, el realmente intento adaptarse a la vida Loguetown pero cada calle, olor y sabor solo lo hacía recordar a mi madre. Nunca vivimos en la zona urbanizada del centro y cercanía ese estilo de vida según mi padre no me iba a preparar para nada bueno, y bueno ya vemos que tuvo cierta razón. Nuestra casa se ubicaba a las afueras de la propia ciudad en una zona rural en donde formó el proyecto de su vida, El Dojo Miyamoto, en conjunto su primer estudiante, aquel que les relata esta crónica.

Mi vida con apenas 8 años era de lo más peculiar y particular, además de sin duda totalmente ruda aún bajo el “calor familiar” que me brindaba en ese entonces mi padre. El gallo no pensaba cantar aquel llamado mañanero y mis ojos llorosos e hinchados por el calvario que me esperaba ya estaban observando la silueta sombría y dominante de mi padre en una de las patas de la cama esperando que me levantase siempre con su característico — No es momento de soñar, el mundo no es para los soñadores — Nunca compartí totalmente esa frase y mucho menos luego de aquel encuentro con la banda pirata años después, pero sin duda aquellas palabras me acompañará hasta el fin de mis días. El trote descalzo por el frío suelo del campo en la madrugada es sencillamente lo primero que recuerdo de mi niñez. — Tsk. . . Papá, tengo sueño — Suplicaba por dormir un poco más en mis primeros calentamientos y entrenamientos del día , sin embargo si el sol no salía yo no podía parar de correr y atravesar obstáculos previamente preparados por mi padre.

A las 6 am llegaba siempre mi primer descanso, y con ello el desayuno, esperanzado comía abrumado sabiendo que apenas iniciaba el día. El verdadero entrenamiento físico tenía su espacio a las 8 am y aún al aire libre, mi cuerpo comenzaba con flexiones, seguidas de mancuernas que buscaba como único objetivo fortalecer la fuerza de los cortes y tajos que ofrecía mi estilo. Las planchas y los abdominales fortalecían mi tren inferior que seguidos de cientos y cientos de sentadillas hasta que mi cuerpo cayese rendido y sin posibilidad de levantarse formaban el pan de cada día, sin embargo debía levantarme, debía seguir entrenando porque a este punto del día y de mi entrenamiento, el sol apenas estaba en su máximo esplendor, y quedaba mucho por delante.


El descanso gracias al almuerzo era ese pequeño rayo de sol en una habitación sin ventanas, puede sonar a poco, pero para mí era abrumador y sin duda esperanzador. El entrenamiento físico tenía su descanso a manera de milagro, puesto que era remplazado por 2 horas de meditación ininterrumpidas las cuales según mi padre conectaría mi alma a la verdadera filosofía de la espada que me estaba enseñando, volviéndola lentamente un órgano de mi cuerpo y no solamente un filo como si de algo más esotérico cambiase de repente el rumbo tan físico de los entrenamientos. Los días de aquel joven Takezo junto a su padre culminaba con el propio entrenamiento sobre mi habilidad y destreza con la katana y filos similares pues no me debía limitar al conocimiento táctico de solo una variante, y así luchando contra mi padre y golpeando árboles hasta que sencillamente mi katana destrozada como mi estado físico y mental cediese al desarrollo de mi potencia, y así acababa del día... O solo uno de esos días.
#1
Moderador X Drake
Bandera Roja
¡RECOMPENSAS POR AUTONARRADA T1 ENTREGADAS!


Usuario: Takezo D. Ryuu
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#2


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