Alguien dijo una vez...
Monkey D. Luffy
Digamos que hay un pedazo de carne. Los piratas tendrían un banquete y se lo comerían, pero los héroes lo compartirían con otras personas. ¡Yo quiero toda la carne!
[Diario] Carne y acero [Implante Cyborg]
Alistair
Mochuelo
75 de Otoño, Año 724

Sin importar cuántas veces su cabeza diera vueltas alrededor del tema, se sentía incapaz de digerir completamente el concepto. Hombre y máquina, orgánico y sintético... Carne y metal, combinándose en una sola entidad para conformar un nuevo ser, mejorado y capaz de rendir muy por encima de lo que cualquier cuerpo completamente "puro" podría aspirar jamás. Era una barrera ética que no conseguía sortear, e incluso si lo intentase efusivamente, inconscientemente era algo que el propio lunarian se detenía de hacer completamente. Aún con la promesa de convertirse en un mejor soldado, su reticencia al respecto le daba la suficiente brecha para frenarse a sí mismo de descender por ese agujero de conejo.

Había cosas con las que no debía meterse, y cuando esta regla aplicaba, debía ser impuesta de manera agresiva o los valores tendrían tanto peso como el de una servilleta usada para remover los restos de comida en el rostro de alguien. Solo útiles para limpiarse la boca y seguir como si nada.

Desde hace días, el emplumado no había conseguido la fuerza de voluntad para despegar la mirada de los textos con los que se había hecho, creaciones relativamente nuevas que describían la llegada de una nueva época para la mecánica y medicina por igual. "Cyborgs" era la primera palabra que se venía a la mente cuando se describían los contenidos, detallando métodos para crear una amalgama entre aleaciones y carne para crear un ser que fuese parcialmente máquina, ayudándose de los complicados procesos que esto implicaba para mejorar el rendimiento de un individuo en la específica tarea dependiente de los implantes puestos.
Era un tema complicado tanto de manejar como de ejecutar, y problemas morales no mostrarían escasez sin importar cuánto tiempo transcurriese, pero una chispa en él producía suficiente curiosidad como para investigarlo a fondo, y ya allí tomar una decisión mejor informada sobre cómo proceder.

Fueron no horas sino días de lecturas incesantes en las que a duras penas pudo pegar ojo alguno, no porque el tema le inquietase de formas que eran perfectamente posibles, sino porque los conocimientos relatados a detalle habían sembrado en él una abundante cantidad de semillas que darían como fruto una equivalentemente abundante porción de curiosidad. Era, al final del día, una mente curiosa que perseguía nuevos conocimientos como si se sacara nutrición de éstos, y una premisa tan magnética como lo era la presente era algo que le impedía sencillamente desviar el ojo e ignorar su existencia.

Finalmente, cedió. Aunque no acababa de estar convencido al respecto, entendía que tecnología así era un tema complicado, con tantas implicaciones como él tenía cabellos en la cabeza y dilemas morales que solo el tiempo diría si podrían resolverse de manera exitosa, o serían el hundimiento de muchas facciones. Por otro lado, aquello se plantaba como un punto importante en medio de sus pensamientos: El resto de facciones que persiguieran el poder, ya fuera para sostener su lugar en el mundo o destronar a otro, no dudarían en tomar esta tecnología para sí mismos. No podía quedarse atrás y dejar que seres corruptos tomaran las riendas de tal oleada, debía ser parte de la oleada de personas que utilizarían tales mejoras para el bien.

El primer paso, entender el nuevo fenómeno, había sido completado en días de información incesante entrando en cerebro, un esfuerzo sin paralelo que tomó cuanto podía e hizo uso indiscriminado de su curiosidad para tornarlo en una herramienta práctica y útil. Por supuesto, aún le faltaba estudiar tantísimo más si realmente quería llamarse a sí mismo un maestro en el campo, pero solo el tiempo y la repetición conseguirían que ocupara ese exclusivo pedestal. Con la finalización del primer paso, el segundo llegaría sin dar tregua: La fabricación de un primer dispositivo, un "implante", que permitiese cumplir uno de los fines buscados. Su imaginación tardaba poco en desviarse a las imágenes que retrataban en la mayoría de los textos de referencia, mostrando extremidades grotescas y de tamaños gigantescos con poca alusión al cuerpo natural, algo que genuinamente le provocaba una sensación de repelús al instante.

Un juramento era necesario, al cual se comprometería sin ninguna duda en su mente. Uno en el que, salvo que lo necesitase por una pérdida natural, se prometía no intercambiar ninguna parte sana de su cuerpo, limitando sus creaciones a sustitutos prostéticos a razón de ausencia o, mas favorablemente, componentes que pudiesen complementar sus funciones biológicas naturales para hacerlas mas efectivas, eficientes, o una mezcla de ambas. Nueva regla de oro: "A como diera lugar, la máquina debía complementar a la criatura, y nunca reemplazarlo".

Con una férrea determinación, invertiría varios días diseñando toda clase de planos y diagramas, esquemas e ideas mezcladas en un solo ambiente con la finalidad de concebir -imaginariamente- un prototipo de pieza capaz de seguir lo anunciado anteriormente, un diminuto circuito integrado capaz de entender, catalogar y optimizar los impulsos eléctricos en el sistema nervioso central, tal que la pequeña y compleja pieza pudiera, como había mencionado antes, complementar su propia biología para favorecerlo. 

Era un proceso sencillo, con relativamente pocas complicaciones, pero el hecho de que tuviese que intervenir el sistema nervioso era más que suficiente para ameritar precauciones extra, y varias más precauciones adicionales luego de las extra. Podía mostrarse despreocupado, pero le gustaba asegurar el éxito en la medida de lo posible si la importancia de la situación lo ameritaba. Por esta razón, tuvo que improvisar un equipo capaz de realizar una operación propia: un Den Den Mushi proyector que le diera una visual bien definida de sí mismo desde otro ángulo, una improvisada estructura que mantuviera su cuello y cabeza completamente quietos sin importar cuánto llegara a moverse, y una máquina de practicas quirúrgicas capaz de imitar los movimientos del lunarian llevando unos guantes especiales. 

Aún no confiaba lo suficiente en las capacidades de un autómata como para dejarlo a cargo del procedimiento mientras él dormía. Por último, algo para morder -porque incluso con medicación para el dolor, no podía medicarse lo suficiente para no sentir dolor sin dejarse inconsciente antes- y una dosis adecuada de lidocaína. El resto... tendría que ser pura y dura voluntad de su parte para tolerar lo que seguía.

Estaba nervioso a muerte, pero... por otro lado, expectante. Quizá era el resultado de decirse a sí mismo demasiadas palabras positivas, pero había generado cierta sensación de euforia con respecto al resultado que le traería. Algo pronto para hablar, por supuesto, pues aún debía pasar por la peor y mas riesgosa parte. Sin mas demora, inició.

Empezaría el procedimiento. Lo primero sería utilizar un marcador para dibujar sobre su piel, marcando detalladamente la zona por la que tendría que pasar el filo del escalpelo, utilizando un diagrama del sistema nervioso pegado en el vidrio de un estante cercano para comparar y confirmar con mayor precisión. Inmediatamente después, una aplicación inyectada de lidocaína para dormir la zona y aminorar la respuesta nerviosa del inevitable dolor que sufriría, al menos lo suficiente para hacerlo tolerable y que su pulso no flaqueara desmedidamente; cortar en la zona del cuello, tan cerca de la medula espinal, no era solamente arriesgado sino fácil de estropear. 

Daría un momento para que el analgésico local tomara efecto y, verificando con suaves roces la falta de sensación en su cuello, mordería con fuerza el tubo acolchonado entre sus dientes y... Haría la primera incisión. La sensación era como ninguna, sintiendo una clara respuesta de dolor que hizo tensar su mandíbula en un parpadeo y a sus ojos entrecerrase, batallando por no cerrarlos y pegar un quejido de dolor. Y, aun así, la sensación cálida de la sangre o del metal estaba completamente ausente, perceptible centímetros mas abajo cuando el líquido carmesí bajara por su cuello. 

No podía ni debía parar, necesitaba continuar concentrándose en la tarea a la mano. Continuó con la incisión, forzándose a mantener el corte completamente centrado en la linea y su mano en el sitio sin moverse excesivamente, tan solo lo que pudiera permitirse sin hacerse daño. Cuando el corte estuviera finalizado, colocaría los retractores en cada lado de la apertura quirúrgica y empezaría a separar lentamente, abriendo apenas suficiente de lo necesario para poder tener mínima vista interna e ingresar con las pinzas sujetando el pequeño implante. 

La peor parte había pasado, y aunque sus ojos aún traicionaban a su cabeza por la horrenda sensación de instantes atrás, había pasado por cosas peores en el pasado. A fuerza de voluntad, podía seguir adelante. Haciéndolo con extremo cuidado, ingresaría con el pequeño circuito integrado diseñado especialmente para la ocasión, asegurándose de que quedase cercano al nacimiento de la medula espinal, abarcando tantas ramificaciones nerviosas como pudiera para optimizar la tarea de los impulsos nerviosos. Esencialmente, agregar un segundo mini-cerebro que modularía la bioelectricidad pasando para que pueda transmitirse con una mayor eficiencia. Además, utilizaría un diminutísimo tubo con una aguja al final que clavaría entre las fibras musculares de su cuello, una artesanía si se observaba bajo el visor del microscopio, que sería capaz de extraer cantidades inofensivas de glucógeno alojado en los músculos para alimentarse a sí mismo. Eso si, tendría que mantener un mayor nivel de carbohidratos entrantes para compensar aquella perdida. Por último, solo quedaba asegurarse de que no habría ningún sangrado indeseado ni accidente en medio de las incisiones. 

Habiendo acabado un trabajo que por corto que sonase había llevado varias horas y precisión quirúrgica, finalmente llegó la parte del descanso: Removería los retractores, dejando que la apertura cerrara por su forma natural y colocaría un adhesivo quirúrgico que había desarrollado recientemente. Una pequeñez que ayudaría a una mejor, mas disimulada e inocua sanación en vez de dejar una atroz cicatriz en su cuello. 

Finalmente, sentía que podía respirar. Tenía la mandíbula agotada, el cuello completamente dormido y con un rato de seguir así, pero agradecía cada bocanada de aire que podía pasar sin sentir como si fuese un hercúleo esfuerzo. 

¿Habría funcionado? Solo había una manera de averiguarlo... Pero primero, un larguísimo reposo.
#1


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