
Mikhail
La Voz del Sol
04-01-2025, 09:24 PM
La chica sobrevolaba los cielos batiendo sus hermosas alas, mirando desde su privilegiada posición la hermosa vista de la isla Kilombo, su hogar, donde paso toda su niñez, dónde sus sueños se forjaron y sus memorias se plasmaron en un futuro que ya se estaba cumpliendo para su fortuna. Mas allá de tener dinero y conexiones por ser una Cipher Pol de una generación más o menos prometedora, la chica tenía bastante problemas para acostumbrarse a la vida afuera de su propia isla. En su entrenamiento, desamparada y mandada a lo desconocido, había soñado con el día en que volvería a ver a todos sus amigos, a Megumi, a Tsumiki, a sus padres y quien sabe otra persona más.
Finalmente cuando descendía logro visualizar la mansión donde vivían sus padres, 2 Solarian bastante amigables que educaron a la chica como pudieron y les había salido bien, debido a que crearon a una chica que además de cara bonita tenía un gran corazón. Al frente de la puerta de madera, intentaría ver en los adentros de aquella mansión sin éxito aparente. -...-. La chica estaba visualmente frustrada ante el intento fallido pero decidió tocar las grandes puertas que con suerte alguien escucharía.
-Mamá!...señor Pushi, ya volví aquí estoy!-. Grito en un llamado de atención a las personas adentro de la morada, sin respuesta alguna como si la hubieran abandonado hace años. -Deberia buscarlos más tarde?, pero si dijeron que me esperarían-. Hizo un puchero cerrando los ojos y pegándole a uno de los pilares de la entrada, haciéndola chillar de dolor instantáneamente.
La chica no iba a detener la búsqueda de sus progenitores, y usando sus alas nuevamente se embarcaría en un viaje directo al pueblo, era bien sabido que su familia era adinerada pero le gustaba la vida pueblerina, la humilde en la que existían el 70% de las personas de este mundo y era una costumbre para ellos ayudarlos de manera financiera, o como la forma que había adoptado su madre hace unos pocos años, ser una enfermera. Por más concentrada que estaba no se dió cuenta por estar sumida en sus pensamientos chocó directamente con la campana de una iglesia y cayó al suelo desde el segundo piso de ella propinandose un duro golpe que la dejo toda adolorida.
-Ay...Saturno, venus, Urano, ya por fin los veo...-. Dijo mientras sus cabezas le daba vueltas ya en el suelo. Había caído en medio de un mercado con sus ojos brillantes color turquesa mirando al cielo y sus pupilas tornándose espirales por la sacudida.
Apenas se logró levantar vió como algunas personas la miraban con desconcertados. -No se preocupen, soy cabeza dura!-. Grito emocionada apretando el puño con el pulgar hacia arriba para indicar que estaba perfecta, pero en realidad se estaba muriendo de pena.
Finalmente cuando descendía logro visualizar la mansión donde vivían sus padres, 2 Solarian bastante amigables que educaron a la chica como pudieron y les había salido bien, debido a que crearon a una chica que además de cara bonita tenía un gran corazón. Al frente de la puerta de madera, intentaría ver en los adentros de aquella mansión sin éxito aparente. -...-. La chica estaba visualmente frustrada ante el intento fallido pero decidió tocar las grandes puertas que con suerte alguien escucharía.
-Mamá!...señor Pushi, ya volví aquí estoy!-. Grito en un llamado de atención a las personas adentro de la morada, sin respuesta alguna como si la hubieran abandonado hace años. -Deberia buscarlos más tarde?, pero si dijeron que me esperarían-. Hizo un puchero cerrando los ojos y pegándole a uno de los pilares de la entrada, haciéndola chillar de dolor instantáneamente.
La chica no iba a detener la búsqueda de sus progenitores, y usando sus alas nuevamente se embarcaría en un viaje directo al pueblo, era bien sabido que su familia era adinerada pero le gustaba la vida pueblerina, la humilde en la que existían el 70% de las personas de este mundo y era una costumbre para ellos ayudarlos de manera financiera, o como la forma que había adoptado su madre hace unos pocos años, ser una enfermera. Por más concentrada que estaba no se dió cuenta por estar sumida en sus pensamientos chocó directamente con la campana de una iglesia y cayó al suelo desde el segundo piso de ella propinandose un duro golpe que la dejo toda adolorida.
-Ay...Saturno, venus, Urano, ya por fin los veo...-. Dijo mientras sus cabezas le daba vueltas ya en el suelo. Había caído en medio de un mercado con sus ojos brillantes color turquesa mirando al cielo y sus pupilas tornándose espirales por la sacudida.
Apenas se logró levantar vió como algunas personas la miraban con desconcertados. -No se preocupen, soy cabeza dura!-. Grito emocionada apretando el puño con el pulgar hacia arriba para indicar que estaba perfecta, pero en realidad se estaba muriendo de pena.