Alguien dijo una vez...
Kurosame Hoshigaki
"Así, sin mucho pensarlo, tiene mucho sentido"
[Autonarrada] [Autonarrada] Repartidora
Kobeni
Agente K
1 de Otoño del 724
El sol apenas empezaba a ponerse en el cielo, indicando el comienzo del día, la mañana estaba tranquila y no había ajetreo en las calles, señal de un día relajado. Pero la paz y la tranquilidad de Kobeni fue interrumpida, junto a su sueño, por uno de sus tíos, el hombre ingresó de golpe al dormitorio de la chica, la fuerza de su apertura hizo que la puerta de madera gruesa chocara contra la pared con un fuerte sonido que despertó inmediatamente a la muchacha.

Ella miraba a su tío con ojos adormilados, a la par que soltaba algunos bostezos por el sueño. El hombre mayor solamente le avisó que tenía que encargarse de hacer la entrega de una espada que se había forjado a petición de un soldado de la Marina de la base G-31. La muchacha de cabellera marrón se preguntaba el por qué el soldadito no había ido él personalmente a recoger su espada, no quería preguntarle al mayor y recibir un sermón del trabajo duro, sermón que, para ella, era extremadamente aburrido y repetitivo, pues eran palabras que escuchaba a menudo de su madre y de otros familiares, por obvias razones, estaba cansada de ello.

Kobeni se limitó a asentir con la cabeza y el hombre no pudo estar más satisfecho, abandonando el cuarto de la joven. Ahora estaba sola y podría vestirse para salir, ese día no tenía ningún tipo de trabajo pendiente ni nada por el estilo, por lo que usar el típico uniforme del Cipher Pol sería una tontería, así que se limitó a vestir prendas holgadas y suaves para hacer la entrega. Cuando estuvo lista, bajó las escaleras, aun frotando sus ojos, y se encaminó hasta la zona de trabajo de la herrería, su presencia apenas hizo acto de escena cuando su tío ya estaba listo con la espada en mano, guardada cuidadosamente en una caja de madera que estaba adornada con los sellos de garantía de la herrería familiar.

Ella tomó la caja y tras recibir las indicaciones de entrega, que está de más decir que no era n la gran cosa, partió hacia su destino. La caja estaba equipada con dos correas que servían para cargarla como si fuera una mochila, así que cargar con él paquete podría ser más cómodo de lo que se ella creía. Como ya se mencionó, la mañana era tranquila y apenas había gente en las calles de Loguetown, solamente puros desgraciados que como Kobeni, tenían que salir muy temprano de sus casas para ir a algún trabajo o hacer algo tan sencillo como tirar la basura.

Algunos minutos pasaron luego de su salida, la muchacha empezaba a meterse por varias calles para acortar la distancia con la base y llegar rápido, no es que tuviera prisa para realizar la entrega, pero sí que tenía prisa para regresar a su cama y recostarse de nuevo, talvez a dormir otro rato o simplemente quedarse mirando el techo mientras reflexionaba sobre su vida. Pero su mala suerte iba más allá del mundo de las apuestas, cuando ella estaba dando la vuelta por uno de los callejones solitarios de la gran urbe, apareció un hombre de aspecto desalineado y con un olor que ni el atleta más sucio puede desprender, el tipo había observado la ruta de la muchacha minutos atrás y al reconocer el sello de la caja, se le ocurrió la grandiosa idea de querer tomar “prestada” la caja.

Kobeni observó atentamente como el ladrón se interponía entre ella y su camino, viéndola con ojos depredadores, después de todo, una simple herrera, hija de herreros no tendría mucho que hacer para salvarse, o eso creía el hombre. Con una voz ronca típica de los fumadores de años, exigió la entrega de la caja a la par que dejaba ver una pequeña navaja que había tenido mejores días, aunque disfuncional, la navajita podría ser peligrosa y aterradora para cualquier persona común, para Kobeni que conocía el hierro como la palma de su mano, solo observó con aburrimiento la navaja del hombre, ignorando sus exigencias.

El tipo parecía entrar en desesperación al no haber cooperación por parte de la hija menor de Jiyū y decidió lanzarse hacia ella con la intención de clavar su oxidado filo en el abdomen de la chica, no se va a negar que el actuar del tipo sorprendió a Kobeni, quien no esperaba que arremetiera contra ella tan rápido, aún así, ella estaba entrenada para ese tipo de ataques y haciendo gala de su habilidad para mover su cuerpo y dejarse llevar por el viento tal cual lo haría un papel, esquivó de gorda hábil la ofensiva del ladrón. El tipo sólo miró asombrado como la chica evitaba de forma veloz su intento de apuñalamiento, su cabeza se giró para mirar por encima de su hombro y lo último que vio fue la punta del calzado deportivo de la muchacha acercándose a su rostro, acompañado de un — No molestes, estoy trabajando… — El impacto fue tal que la nariz del tipo posiblemente se rompió y éste cayó al suelo, con su sangre saliendo de sus fosas nasales.

Kobeni suspiró y decidió abandonar a su suerte al ladrón, tomando otro camino un poco más concurrido para evitar otro posible encuentro con esa gente tan desagradable. Pero la mente de Kobeni no dejaba de “atormentarla” con la incertidumbre de sí su comentario había sido escuchado por el tipo, después de todo, su tono de voz no era tan alto en ocasiones. Más tarde y luego de una larga caminata sin mayores contratiempos, la muchacha arribó a la base G-31 de la Marina, la estructura imponente se alzaba frente a ella como un bastión de la justicia y la ley, con pasos lentos, se acercó a los guardias para indicarles el motivo de su presencia y a quien planeaba visitar, los guardias muy amables le dijeron que serían ellos quienes entregarían la espada a su compañero y ella no tuvo problema con ello, el arma ya estaba pagada y no necesitaba ver personalmente al marine.
#1
Moderador X Drake
Bandera Roja
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Kobeni
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#2


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