Hay rumores sobre…
... una isla del East Blue donde existen dos escuelas de combate enfrentadas. Estas escuelas hacen especial referencia a dos personajes de la obra original.
[Autonarrada] El Cadete y el Niño Perdido [T1] Parte 1
Kiwi Stone
Lullaby
Loguetown era una ciudad bulliciosa, llena de gente y energía que parecía inagotable. Era mi primera vez patrullando sola en un lugar tan grande, y, aunque no lo mostraría, estaba un poco intimidada. Los olores de las especias, el pan recién horneado y la comida frita en los puestos ambulantes llenaban el aire, retorciendo mi estómago con cada paso que daba. No podía pensar con hambre, y, siendo honesta, eso era casi siempre. Pero tenía un deber que cumplir, y mi uniforme de la Marina debía representar algo más que una excusa para buscar comida.

Mientras recorría el mercado, observé a los comerciantes regateando, a los compradores gritando por precios más bajos y, entre ellos, a un grupo de niños desaliñados que parecían fuera de lugar. Uno en particular me llamó la atención: un pequeño de cabellos oscuros que corría entre los puestos con una agilidad sorprendente. Lo vi tomar un par de manzanas de un puesto sin que el vendedor lo notara. Mis instintos me impulsaron a seguirlo. Lo alcancé en un callejón estrecho, donde se detuvo a compartir su botín con otros niños más pequeños. Mi corazón se apretó al ver sus caras llenas de suciedad y hambre. No era la primera vez que veía algo así, pero siempre dolía. Estos niños no eran criminales; eran víctimas de un sistema que no les daba otra opción.

—¿Qué tenemos aquí? —dije con mi mejor tono firme, aunque no demasiado intimidante. A mi altura, probablemente no lograba el efecto deseado, pero el niño mayor alzó la mirada con ojos llenos de desafío.

—¡No hicimos nada malo! —protestó, interponiéndose entre mí y los otros. Me agaché para estar a su altura, ignorando el ligero tirón en mi uniforme. Siempre era un problema encontrar algo que no pareciera una túnica en lugar de un uniforme decente.

Robar no es exactamente lo que yo llamaría 'nada malo' —respondí, aunque mi tono era más suave de lo que esperaba. Extendí mi mano hacia él, sin apartar la mirada. —Pero no estoy aquí para arrestarte. ¿Cómo te llamas?— El niño parpadeó, sorprendido. Probablemente esperaba gritos o amenazas, no una conversación. Finalmente, murmuró —Luis —

—Bueno, Luis, ¿qué tal si hacemos un trato? —Saqué de mi bolsa una barra de pan que había guardado de la base. Siempre llevaba algo de comida conmigo; nunca sabía cuándo podría necesitarla — Tú me cuentas qué está pasando aquí, y yo te doy esto. ¿Trato hecho?— Luis vaciló, pero el hambre venció al orgullo. Me contó que eran huérfanos viviendo en las calles, huyendo de un comerciante local que los explotaba para que robaran para él. Si no cumplían con las "cuotas", los castigaba, a veces dejándolos sin comida o un lugar donde dormir. Mientras hablaba, sentí una mezcla de rabia e impotencia. Este tipo de injusticias eran justo lo que me había llevado a unirme a la Marina, pero las reglas no siempre me permitían actuar como quería.

—Eso es inaceptable —dije, más para mí que para ellos. Me puse de pie y miré a Luis—. Llévame con este comerciante. Vamos a resolver esto. Luis me llevó a través de los callejones hasta una tienda grande en el centro del mercado. El dueño, un hombre corpulento con una sonrisa desagradable, estaba contando monedas detrás del mostrador. Al verme, frunció el ceño.

—¿Qué quiere una soldado raso de la Marina aquí? —preguntó con desdén.

—Quiero hablar sobre tus prácticas comerciales —respondí, cruzándome de brazos — En especial, sobre cómo utilizas a niños para hacer tu trabajo sucio.— El hombre bufó, su expresión endureciéndose.

—No sé de qué estás hablando. Si tienes pruebas, adelante. Si no, te sugiero que no interfieras en mis asuntos.— Tomé aire, recordándome mantener la calma. La violencia no solucionaría esto, pero tampoco podía dejarlo así.

—Escucha, no soy tu enemiga. Pero si sigues explotando a estos niños, te aseguro que las cosas no terminarán bien para ti. Tengo autoridad para investigar y reportar actividades sospechosas. ¿Por qué no haces lo correcto y les das lo que necesitan? — Mi tono era firme, pero no amenazante. Trataba de apelar a su lado humano, si es que existía uno. El hombre parecía dispuesto a discutir más, pero una mujer mayor que estaba comprando cerca intervino.

—¡Siempre lo he dicho! Ese hombre explota a los niños. La Marina debería haberlo detenido hace mucho. — Pronto, otros clientes comenzaron a unirse, acusándolo de diversas fechorías. La presión social era una herramienta poderosa, y el comerciante pronto se vio acorralado. Resopló, alzando las manos.

—Está bien, está bien. Les daré lo que necesiten. Pero no quiero más problemas. — Salí de la tienda con Luis y los otros niños, sintiendo una pequeña victoria. Les di las monedas que llevaba encima para que compraran comida de verdad, y les prometí que hablaría con mis superiores sobre encontrarles un refugio adecuado. Mientras me alejaba, mi estómago rugió con fuerza, recordándome que no había comido en horas. Un vendedor ambulante cercano ofrecía takoyaki, y mi boca se hizo agua. Me acerqué, dispuesta a darme un pequeño lujo después de un día complicado.

—Unos takoyaki, por favor —dije con una sonrisa. Incluso una soldado raso necesita recargar energías para seguir cuidando del mundo.
#1
Moderador X Drake
Bandera Roja
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Kiwi Stone
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#2


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