Alguien dijo una vez...
Iro
Luego os escribo que ahora no os puedo escribir.
[Autonarrada] [T2] Un nuevo amigo
Jack Silver
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G-31 Base de la Marina, Loguetown
Día 14, Verano del año 724

El sol brillaba alto sobre Loguetown, reflejándose en los adoquines de sus calles y dando a la ciudad un aire de energía incesante. Desde la Base de la Marina, situada en un lugar estratégico que permitía una vista perfecta del bullicioso puerto, Jack observaba cómo los barcos iban y venían, y cómo los civiles se movían con la prisa y la rutina propia de un lugar tan lleno de vida.

Para el joven marine, todo aún era nuevo. Venir del North Blue, con sus cielos más grises y su aire más frío, hacía que el East Blue se sintiera como otro mundo. La base era más grande de lo que esperaba, con marines y reclutas moviéndose constantemente en una coreografía que, al menos por ahora, aún le costaba descifrar. Silver había pasado los últimos días adaptándose a los protocolos, explorando los pasillos del cuartel y memorizando los turnos de guardia, pero siempre encontraba un momento para desconectar.

Esa tarde decidió aventurarse más allá del cuartel y caminar por las calles de Loguetown. Había algo revitalizante en perderse entre la multitud, mezclarse con la gente y observar cómo vivían sus vidas. La ciudad era vibrante, con el bullicio de los comerciantes, los gritos de los niños jugando y el inconfundible aroma del pan recién horneado que flotaba en el aire.

Mientras caminaba por las calles adoquinadas, con su pierna protésica marcando el ritmo de sus pasos, Jack se detuvo frente a una panadería que parecía especialmente concurrida. El escaparate mostraba panes dorados y pasteles que hacían agua la boca. Decidió comprar algo para merendar mientras seguía explorando.

Cuando salió de la panadería, un movimiento fugaz captó su atención. Entre dos barriles situados junto a la pared, un pequeño gato gris lo observaba con ojos amarillos brillantes. Era delgado, con el pelaje desordenado, y su cola se movía con cautela.

¿Qué miras, amigo? —murmuró Silver con una leve sonrisa, agachándose para verlo mejor.

El gato no respondió, obviamente, pero tampoco huyó. Parecía medir cada movimiento del marine con una mezcla de curiosidad y desconfianza. Jack sacó un trozo de pan de la bolsa y lo dejó en el suelo, retrocediendo unos pasos para no asustarlo.

El pequeño felino se acercó lentamente, olfateando el pan antes de devorarlo con rapidez.

Parece que tu también tienes hambre —comentó Silver en voz baja.

Continuó su paseo, pero pronto se dio cuenta de que el gato lo seguía a una distancia prudente. Cada vez que se detenía para mirar un escaparate o simplemente observar el bullicio de la ciudad, el animal se escondía detrás de algún objeto cercano, asomando solo la cabeza para espiarlo.

Te puede la curiosidad, ¿eh? —dijo Jack, girándose para encararlo directamente.

El gato no se movió esta vez. En cambio, se sentó y lo miró fijamente, ladeando la cabeza como si intentara descifrarlo. Silver dejó escapar una risa suave y continuó caminando, sabiendo que el felino no tardaría en reanudar su peculiar persecución.

Finalmente, Jack llegó a un pequeño parque situado en las afueras del puerto. Era un lugar tranquilo, con bancos de madera bajo la sombra de los árboles y algunos niños jugando cerca de una fuente. Decidió sentarse en uno de los bancos y sacar algo de la bolsa para merendar. El gato no tardó en aparecer, esta vez acercándose un poco más, hasta situarse a pocos pasos de Silver .

¿Qué pasa? ¿Quieres más?

El animal maulló suavemente, como si entendiera la pregunta. Jack sonrió y dejó otro trozo de pan en el suelo. El gato lo devoró con el mismo entusiasmo de antes y luego saltó al banco, acomodándose a su lado. Su confianza repentina sorprendió al joven marine, quien levantó una mano lentamente antes de acariciar su suave pelaje gris. El ronroneo que siguió fue tan fuerte que le hizo reír sin poder contenerse.

Supongo que tu tampoco tienes a nadie por aquí, ¿verdad? —murmuró, observando la delgadez del animal y el estado descuidado de su pelaje.

Por un momento, Jack recordó su propia situación. También él estaba lejos de casa, adaptándose a un nuevo entorno y buscando su lugar en un mundo que a veces parecía demasiado grande. Tal vez era eso lo que le hacía sentir una conexión inmediata con el pequeño felino.

El sol comenzó a descender, pintando el cielo con tonos anaranjados y rosados. Era hora de regresar al cuartel, pero no podía dejar al gato allí, solo y desprotegido.

Está bien, compañero. Vamos a casa —dijo, levantándose del banco.

El gato saltó al suelo y lo siguió sin dudar, como si entendiera que ahora era su compañero. Silver ajustó la bolsa en su mano y comenzó a caminar de regreso al cuartel, preguntándose cómo diablos iba a colar a un gato en su habitación sin que nadie lo descubriera.

"Bueno, eso será un problema para más tarde", pensó, dejando que una sonrisa se dibujara en su rostro mientras el pequeño felino trotaba a su lado, emitiendo un suave ronroneo que parecía llenar el silencio de la tarde.
#1
Moderador X Drake
Bandera Roja
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Jack Silver
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#2


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