Hay rumores sobre…
... una plaga de ratas infectadas por un extraño virus en el Refugio de Goat.
[Autonarrada] El Juicio del puerto [Tier 1] (Parte 1)
Salvador Benedetta
The Preacher
ILa brisa marina de Isla Cocoyashi llevaba consigo el aroma a sal y limones frescos, una fragancia engañosamente pacífica para una región que escondía secretos oscuros. Salvador Benedetta, ataviado con un traje oscuro y una capa de lino que ocultaba su arma en su espalda, caminaba por el mercado central con una frialdad que contrastaba con la calidez de los lugareños. Su misión era clara: identificar y neutralizar a un noble local sospechoso de colaborar con los revolucionarios. La información proporcionada por el Cipher Pol era escasa pero suficiente para generar sospechas. El noble en cuestión, Lord Cedric Montalvo, era conocido por su generosidad hacia los habitantes de la isla. Había financiado la reconstrucción de varios hogares tras un huracán y donado grandes cantidades de dinero a las viudas de pescadores. Sin embargo, informes recientes sugerían que estas acciones altruistas eran una fachada para encubrir su apoyo a los movimientos antagónicos al Gobierno Mundial.

Salvador se detuvo frente a un puesto de frutas, observando a la multitud con ojo crítico. La gente reía, negociaba y vivía sus vidas sin saber que estaban siendo observados por alguien que los consideraba insignificantes. Para él, los mortales comunes no eran más que engranajes en la maquinaria divina. "Qué ciegos son," pensó con desdén, "al creer que su libertad es algo más que un regalo temporal otorgado por nosotros, los elegidos." A lo lejos, divisó la silueta de Lord Montalvo, un hombre de mediana edad con cabello gris y porte elegante. Estaba rodeado por un grupo de lugareños que parecían agradecerle por algún nuevo favor. Salvador ajustó su postura y avanzó con paso firme, dispuesto a iniciar su investigación.

—Mi Lord, podría tener un momento de su tiempo?—dijo Salvador, inclinándose ligeramente, un gesto que aún lograba parecer condescendiente. Montalvo lo miró con curiosidad, pues como no hacerlo, Salvador tenia cierto porte que daba mucho que decir.

—Por supuesto, caballero. ¿A qué debo el honor?—preguntó con una sonrisa cortés.

—Soy un comerciante de paso por estas tierras, buscando oportunidades de negocio. Me han hablado maravillas de su generosidad y liderazgo—respondía Salvador con voz suave, ajustando su tono para sonar amistoso pero sin revelar nada de más. El noble aceptó de buena gana la invitación a conversar y guió a Salvador hacia una terraza cercana, donde ordenó dos copas de vino local. Durante la conversación, Montalvo habló extensamente sobre los desafíos que enfrentaba la isla y cómo había dedicado su vida a mejorarla. Cada palabra suya era analizada por Salvador, quien buscaba cualquier indicio de subversión.

—Es admirable—dijo Salvador, dando un sorbo al vino — Sin embargo, he escuchado rumores inquietantes sobre grupos que podrían estar aprovechándose de su generosidad. Como hombre de negocios, prefiero evitar entornos donde hay inestabilidad. —  Montalvo ladeó la cabeza, sus ojos azules se entrecerraron ligeramente.

—Entiendo su preocupación. Pero le aseguro que en Cocoyashi reina la paz. Si existiera algún grupo con intenciones desleales, yo sería el primero en actuar. — Las palabras del noble eran cuidadosas, pero Salvador percibió algo más allá de su tono calmado. Había un leve temblor en sus manos, una señal de que no estaba completamente tranquilo. Decidió seguir el juego un poco más al final de cuentas, no valdria de nada deshacerse de Montalvo justo ahora, sin mas, antes de saber exactamente que era lo que planeaba este anciano pecador.

—Eso me tranquiliza. Quizá podría mostrarme más de esta maravillosa isla. Dicen que su puerto es uno de los más activos del archipiélago. — Montalvo accedió y lo llevó en un recorrido por Cocoyashi, destacando los mercados, los astilleros y los campos de naranjos. Salvador observaba todo con atención, tomando nota mental de cada detalle que pudiera ser relevante. Finalmente, llegaron a una bodega cerca del puerto, donde Montalvo explicó que almacenaba provisiones para los pescadores locales.

—Un gesto noble— comentó Salvador, aunque su mirada se centraba en la cerradura reforzada de una de las puertas.

—Intento hacer lo que puedo para ayudar— respondió Montalvo, rápidamente desviando la conversación. — No siempre se logra pescar algo bueno, no se si me entienda. — Comentó Montalvo alejandose del lugar buscando que Salvador hiciera lo mismo. 

Esa noche, Salvador regresó al hostal donde se hospedaba y comenzó a trazar un plan. Estaba convencido de que esa bodega ocultaba algo más que provisiones. Los movimientos de Montalvo eran demasiado precisos, demasiado calculados. Era claro que había algo que no quería que Salvador descubriera. Después de medianoche, Salvador se dirigió a la bodega, moviéndose con la grácil precisión que caracterizaba a los agentes del Cipher Pol. Utilizando una ganzúa, abrió la cerradura con facilidad y entró en la penumbra del edificio. Dentro, encontró cajas marcadas con el símbolo del Gobierno Mundial, pero al abrirlas, su contenido lo dejó frío.
Armas. Municiones. Documentos codificados. Todo apuntaba a que Montalvo no solo simpatizaba con los revolucionarios, sino que estaba armándolos activamente.
Un ruido lo sacó de sus pensamientos. Giró rápidamente, tomando su arma, y se encontró cara a cara con un joven que sostenía una linterna. Era un trabajador del puerto, probablemente enviado por Montalvo para vigilar.

—¿Quién eres? ¿Qué haces aquí?— preguntó el joven, temblando.

Salvador no respondió. Con un movimiento rápido, golpeó al muchacho en la nuca, dejándolo inconsciente. No había necesidad de derramar sangre innecesariamente... aún. —Así que es cierto— murmuró para sí mismo. Su expresión, antes impasible, ahora mostraba un leve destello de satisfacción. Esta no era solo una misión; era una oportunidad de ejercer la justicia divina sobre aquellos que osaban desafiar el orden establecido. Con el amanecer aproximándose, Salvador abandonó la bodega con una resolución renovada. Sabía que esta era solo la primera pieza del rompecabezas. Su próxima movida requeriría astucia y precisión, pero una cosa era segura: Lord Montalvo respondería por sus crímenes.
#1
Moderador Doflamingo
Joker
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Usuario Salvador Benedetta
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#2


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