Alguien dijo una vez...
Monkey D. Luffy
Digamos que hay un pedazo de carne. Los piratas tendrían un banquete y se lo comerían, pero los héroes lo compartirían con otras personas. ¡Yo quiero toda la carne!
[Autonarrada] Las Sombras del Puerto [T2] Pt. 2
Vesper Chrome
Medical Fortress
La lluvia había cedido un poco cuando salí del bar, dejando el aire cargado de una humedad que se adhería a la piel. El hombre que había salvado seguía inconsciente, y aunque su vida ya no corría peligro inmediato, las palabras que había murmurado antes de colapsar retumbaban en mi cabeza: "El puerto... el cargamento... él...". No podía ignorarlo. Había algo más en esta situación, algo que necesitaba respuestas. Las calles de Loguetown eran un laberinto de sombras y luces mortecinas. Caminaba con pasos firmes pero silenciosos, ajustándome la gabardina para protegerme del frío nocturno. El puerto no estaba lejos; el eco de los aparejos y el crujir de las tablas me guíaban como un faro en la oscuridad. Me mantenía atento, sabiendo que el anonimato de la multitud había quedado atrás. Aquí, cualquier rostro desconocido podría ser enemigo.

Mientras avanzaba, no podía evitar recordar las marcas en el cuerpo del hombre. El veneno que lo había afectado no era algo común; las reacciones de su organismo indicaban que había sido diseñado para atacar rápida y letalmente. Esa clase de compuestos no se encontraba en cualquier parte. Mi intuición médica me decía que estaba ante algo mucho más grande de lo que había supuesto inicialmente. Al llegar al puerto, la atmósfera cambió. Los barcos atracados eran siluetas fantasmales contra el resplandor de la luna, y el olor a sal y madera mojada se mezclaba con algo más: un rastro leve pero inconfundible de químicos. Mis instintos se activaron. Me deslicé entre las sombras, avanzando hacia una zona más apartada donde apenas se escuchaba actividad.

Entonces los vi. Un grupo de hombres descargaba cajas de un barco pequeño, cada uno moviéndose con prisa pero en un silencio casi absoluto. Las cajas brillaban tenuemente, un resplandor que pulsaba como si estuvieran vivas. Me oculté detrás de una pila de barriles y observé, intentando descifrar qué era ese cargamento.
No tardé en notar algo más inquietante: un leve zumbido emanaba de las cajas. Era constante, casi hipnótico, y al mismo tiempo profundamente antinatural. No podía tratarse de algo común. El marinero había sido envenenado con algo complejo, y esto podía estar relacionado. Mientras intentaba acercarme para ver mejor, el crujido de una tabla traicionó mi posición. Las cabezas de los hombres se giraron al unísono, y por un momento el tiempo pareció detenerse.

—¿Quién está ahí? —gritó uno de ellos, sacando una pistola mientras los demás se dispersaban para buscarme. No tenía tiempo para vacilaciones. Lancé una pequeña ampolla al suelo, de algo servia ser medico y trabajar con tantas sustancias extrañas al dia a dia, liberando una nube de humo que me cubrió mientras corría hacia una dirección opuesta. Los gritos se alzaron detrás de mí, y el sonido de botas persiguiéndome resonó por el puerto.

—¡No dejen que escape! —ordenó otra voz, más autoritaria que la anterior.

Corrí entre los muelles, utilizando cada rincón oscuro y cada pila de cajas para despistar a mis perseguidores. A pesar del peligro, mi mente seguía trabajando. Esas cajas no eran solo contrabando; eran algo más peligroso. Y el "él" que el marinero mencionó debía ser el responsable de esta operación. Si bien simplemente debia transformarme y matarlos, ahora no me encontraba en Kilombo, no puedo dar indicios de que estoy en esta isla, sino, podrian reconocerme. Finalmente, logré perderlos al escabullirme por un callejón que conducía a una parte más abandonada del puerto. Me detuve para recuperar el aliento, mi corazón latiendo con fuerza mientras revisaba que no hubiera sufrido heridas durante la persecución. Aún podía escuchar ecos distantes de voces buscándome, pero estaban lo suficientemente lejos como para darme un respiro.

Miré mis manos, manchadas de humo y sudor, y cerré los puños. Esto no había terminado. Necesitaba saber qué había en esas cajas y quién estaba detrás de todo. Mañana, cuando la luz del día diera una falsa sensación de seguridad, volvería al puerto. Pero ahora, necesitaba prepararme. Mientras caminaba de regreso al centro de Loguetown, mis pensamientos no cesaban. "¿Quién es él?" Esa figura misteriosa que el marinero mencionó podría ser la clave de todo esto. Si alguien está produciendo venenos de este calibre, tiene que tener los conocimientos y los recursos para hacerlo. Eso significa un laboratorio, un equipo y, lo más importante, una mente retorcida y peligrosa como la mia, o quizas aun peor.

El camino de regreso fue tranquilo, pero no dejé de mantenerme alerta. Loguetown era un lugar lleno de ojos curiosos y lenguas sueltas, y no quería arriesgarme a que alguien me relacionara con lo que acababa de suceder en el puerto. Sabía que mi presencia en la isla no pasaría desapercibida por mucho tiempo, al final de cuentas Byron ya tiene una recompensa por su cabeza al igual que Kael, era peligroso meterme en asuntos que involucren a la marina. De vuelta en el barco, mi alojamiento temporal, encendí una lámpara y extendí sobre la mesa las notas que había tomado anteriormente sobre los síntomas del marinero. Aunque las condiciones no eran ideales, usé los instrumentos médicos que tenia en mi habitación  para analizar los restos del veneno que había extraído de su cuerpo. El compuesto era extremadamente complejo, una combinación de toxinas naturales modificadas con química avanzada. Era evidente que no se trataba de algo improvisado; esto requería tiempo, experiencia y recursos.

—Un laboratorio —murmuré para mí mismo, observando las reacciones de la sustancia al contacto con los reactivos. El veneno no solo estaba diseñado para ser letal, sino también para causar un sufrimiento prolongado antes de la muerte. Una crueldad meticulosa que solo podría venir de alguien con una visión torcida de la ciencia, no se que me llama mas la atención, si el medico detras de esto o el veneno en si. La noche avanzaba, pero mis pensamientos seguían trabajando. No podía apartar la imagen de esas cajas brillantes y el zumbido que emanaban. Esto iba más allá del contrabando común. Era una amenaza que podía extenderse más allá de Loguetown, afectando a inocentes en islas cercanas. Sabía que tenía que intervenir, pero necesitaba más información, no soy un marine, no soy un heroe, ahora soy un pirata y deberia actuar como tal, pero el juramento de doctor, no puedo romperlo. Antes de apagar la lámpara, escribí una última nota en mi cuaderno: "Investigar el laboratorio. Encontrar al doctor." Mañana, empezaría mi búsqueda.
#1
Moderador Doflamingo
Joker
¡RECOMPENSAS POR AUTONARRADA T2 ENTREGADAS!


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