Alguien dijo una vez...
Iro
Luego os escribo que ahora no os puedo escribir.
[Común] Venta ambulante
Dharkel
-
Loguetown.
2 de invierno del 724.

El frío del invierno mordía el aire en Loguetown, transformando las calles en un escenario de actividad apresurada. Las nubes grises cubrían el cielo como un manto, dejando caer una fina llovizna helada que hacía resbalar las viejas piedras de la plaza principal. Dharkel caminaba por la ciudad con paso firme, los bordados dorados de su chaqueta contrastando con el gris del entorno. Bajo su brazo llevaba un pequeño saco de cuero desgastado, en cuyo interior reposaban unos extraños documentos que parecían indicar la forma de crear un constructo a piezas y que había recolectado en sus viajes por el East Blue.
 
Había pasado la noche anterior repasando los pergaminos y folios, tratando de descifrar los garabatos y notas marginales de quienes habían creado aquellas invenciones. Aunque algunas ideas parecían absurdas, como un sombrero que atrapaba insectos con pequeños tentáculos de metal, otras tenían potencial. Dharkel confiaba en que su ojo crítico y su habilidad para vender historias hicieran de aquellas recetas algo irresistible para los comerciantes y curiosos de Loguetown.
 
Llegó a la plaza principal, donde un bullicio constante llenaba el aire y aprovechando el frío invernal se tapó la cara para evitar ser reconocido. La recompensa por su cabeza no era alta, pero lo suficiente para ser marcado como un criminal buscado. Puestos de mercado ofrecían desde pescado fresco hasta joyas brillantes, y el aroma a pan recién horneado luchaba por sobreponerse al del salitre que traía la brisa marina. Dharkel se detuvo frente a un pequeño espacio vacío entre dos puestos de baratijas y colocó una manta sobre el suelo húmedo antes de sentarse con calma. Sacó las recetas del improvisado saco y las desplegó, dejando que el viento agitara los bordes de los papeles mientras preparaba su estrategia de venta.
 
- ¡Objetos únicos! - anunció con voz clara tratando de imitar a su capitán y atrayendo la atención de los transeúntes -. ¡Recetas para inventos nunca antes vistos! ¡Perfectas para comerciantes, artesanos e inventores!
 
Poco a poco, algunos curiosos comenzaron a acercarse. Dharkel, con un cigarro recién encendido posando en sus labios y su característica mezcla de misterio, empezó a explicar cada receta con entusiasmo.
 
- ¿Un calentador portátil que cabe en tu bolsillo? - dijo, mostrando un pergamino con un boceto rudimentario, tratando de engañar a potenciales clientes -. Perfecto para días como hoy.
 
El público reaccionaba entre murmullos y risas incrédulas, pero él creía saber cómo captar su interés. En su interior, se sentía como un viajero que traía maravillas de tierras lejanas, transformando su experiencia en una oportunidad para ganarse la vida, aunque fuese vendiendo sueños y falsas promesas para calentar los corazones de los transeúntes en un día helado de invierno.
#1
Jack Silver
-
Loguetown
Día 2, Invierno del año 724

El invierno había envuelto Loguetown en un manto de frío y humedad que se colaba por las capas más gruesas de ropa. Las calles, normalmente llenas de bullicio, parecían un poco más silenciosas, con los transeúntes apresurándose a terminar sus recados antes de que el clima empeorase. Jack Silver, con su abrigo de la Marina ajustado sobre el uniforme y la capucha ligeramente caída para resguardarse del clima, caminaba con paso firme por la plaza principal.

Había terminado su turno y había decidido aprovechar el tiempo libre para explorar el mercado de Loguetown. Los inventores y comerciantes del lugar en ocasiones ofrecían algo interesante, y un ingeniero cómo él no podía resistirse a la posibilidad de descubrir alguna idea que valiera la pena.

El grito claro de un vendedor captó su atención:

¡Recetas para inventos nunca antes vistos! ¡Perfectas para comerciantes, artesanos e inventores!

Jack giró la cabeza hacia el origen de la voz. Entre dos puestos de baratijas, un hombre había desplegado una manta con papeles esparcidos sobre ella. Los bordes de los pergaminos se agitaban con la brisa invernal, y el olor a tabaco quemado del cigarro del vendedor llegó hasta donde estaba. Sus ojo biónico, oculto tras la capucha, analizó rápidamente la escena. Los bocetos rudimentarios y las palabras del hombre despertaron su curiosidad.

"Interesante," pensó mientras se acercaba.

Silver se agachó junto a la manta, manteniendo una postura relajada pero con un aire profesional que hacía difícil ignorarlo.

¿Un calentador portátil, dices? —preguntó con una media sonrisa, levantando una ceja mientras tomaba el pergamino que el vendedor había señalado. Lo sostuvo entre sus dedos, observando las anotaciones con ojo crítico—. Curioso diseño. Aunque parece más un prototipo que algo funcional.

Su tono no era burlón, sino más bien analítico. No era extraño que los inventos comenzaran como ideas vagas antes de ser perfeccionados.

Levantó la vista hacia el hombre, observándolo con detenimiento. Había algo en su postura que lo hacía destacar, aunque no podía determinar exactamente qué era. Probablemente un tipo acostumbrado a hablar rápido y vender aún más rápido.

Soy ingeniero —añadió finalmente, dejando el pergamino cuidadosamente sobre la manta—. Siempre estoy buscando ideas interesantes que puedan ser útiles en mi oficio. ¿Qué más tienes?

Mientras Dharkel comenzaba a señalar otras recetas, Jack cruzó los brazos y lo escuchó con atención. Sus ojos revisaban cada boceto y anotación, evaluando el potencial práctico detrás de cada idea. Aunque algunas parecían inverosímiles, otras tenían cierta chispa que, con el enfoque adecuado, podrían convertirse en algo funcional. Escuchó la respuesta del vendedor mientras evaluaba mentalmente cuánto estaba dispuesto a pagar por los planos. Aunque su salario como marine no era precisamente abundante, entendía el valor de invertir en conocimiento y recursos que pudieran beneficiarlo en el futuro. El frío seguía mordiendo el aire, pero Silver se mantuvo firme, con la mirada fija en Dharkel.
#2


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