Alguien dijo una vez...
Monkey D. Luffy
Digamos que hay un pedazo de carne. Los piratas tendrían un banquete y se lo comerían, pero los héroes lo compartirían con otras personas. ¡Yo quiero toda la carne!
[Común] [Comercio] Comercio discreto
Silver D. Syxel
-
Loguetown
Día 1, Invierno del año 724

El puerto de Loguetown mantenía su inconfundible ajetreo incluso con la llegada del Invierno. Las embarcaciones de todo tipo seguían atracando en sus muelles, mientras los trabajadores portuarios descargaban mercancías y los mercaderes ofrecían sus productos bajo el frío viento de la estación. Entre ellos, un discreto carguero destacaba por las actividades que se organizaban a su alrededor. Aunque para muchos podía parecer un barco cualquiera, aquellos con oídos atentos sabían que el carguero albergaba negocios de gran interés.

El nombre de Silver D. Syxel había crecido en los últimos meses, no solo como pirata, sino también como un comerciante cuya red de contactos parecía extenderse por todo el mar del este. Sin embargo, su notoriedad lo obligaba a operar de forma más cuidadosa. Los rumores hablaban de un alto precio por su cabeza, lo que había llevado al capitán a mantenerse en las sombras mientras algunos miembros desconocidos de su tripulación y sus socios comerciales manejaban las operaciones visibles.

En el muelle, Airok, la intendente, supervisaba con precisión cada detalle del comercio. Sus gestos calculados y su mirada firme transmitían una autoridad incuestionable. Era ella quien se encargaba de las transacciones más delicadas, especialmente con aquellos compradores que representaban un posible riesgo: marines, cazadores de recompensas o cualquiera que pudiera estar interesado en más que solo mercancías. A su lado, otros miembros de la tripulación ayudaban con las gestiones, mientras otros socios locales se encargaban de extender la red comercial en la ciudad.

La mercancía seguía siendo la misma que había dado fama al pirata. Pero había algo más en juego. Los negocios ahora iban más allá de los simples intercambios. Cada transacción era una pieza en el tablero de ajedrez que el capitán movía con cautela, expandiendo su influencia mientras permanecía fuera del alcance de las manos que lo buscaban.

A medida que el comercio se desarrollaba, era evidente que no era un negocio cualquiera. Los interesados eran recibidos con profesionalidad y cortesía, pero siempre con un aire de misterio. Syxel no estaba presente físicamente en la mayoría de las transacciones, pues solo recibía directamente a aquellos de mayor confianza. Pero su sombra se proyectaba sobre cada trato cerrado, un recordatorio de que incluso los más buscados pueden seguir prosperando.

Información e Instrucciones
#1
Octojin
El terror blanco
1 de Invierno de 724

El puerto de Loguetown estaba tan vivo como siempre, con el frío viento invernal golpeando con fuerza y haciendo que los marineros ajustaran sus bufandas y sombreros. Era una estampa bonita, aunque sería más bonita si se viese desde una ventana cerca de una estufa que en primer plano. Octojin, con su chaqueta abrigada de la marina y su andar decidido, se dirigía al muelle con un objetivo claro. En su astillero tenía un barco indiaman de una calidad excepcional, listo para ser vendido. Sin embargo, en el fondo, no podía evitar lamentarse.

"Syxel solía ser mi comprador más frecuente... Ahora con esa recompensa sobre su cabeza, es imposible cerrar tratos con él. Era eficiente, siempre pagaba bien..." pensó mientras miraba las embarcaciones que llegaban y partían. Pero no todo estaba perdido. Según había escuchado, alguien nuevo podía estar interesado. Había rumores de que una mujer comerciante estaba comprando y vendiendo de todo. El escualo se preguntó si cerraría tratos de tal magnitud como para comprar un barco. Aquello era algo cuya primera respuesta sería un no rotundo. Pero al estar en la misma ciudad en la que él se encontraba, no perdía nada por preguntar.

—Disculpe, buen hombre —preguntó a un trabajador del puerto—, me ha llegado un rumor. ¿Sabe de esa mujer que compra de todo por esta zona?

El hombre, ocupado cargando cajas, levantó la mirada y asintió.

—Sí, busca a una tal Airok. Es pelirroja, difícil no reconocerla. Se mueve por el carguero en ese muelle —señaló al fondo.

Octojin agradeció y avanzó con paso firme. No tardó en divisar a esa tal Airok, destacando entre el ajetreo. La miró un par de veces de arriba a abajo y no la reconoció. ¿Llevaría poco en la ciudad? Su larga melena pelirroja, y la combinación de ropa funcional con toques lujosos la hacían inconfundible. Y era precisamente esa ropa con toques lujosos lo que la hacían parecer el prototipo de mercader que estaba buscando. Mientras organizaba transacciones y daba órdenes con autoridad, su presencia irradiaba una mezcla de elegancia y dinero.

El tiburón se acercó, esperando no interrumpir algo importante.

—¿Airok? —preguntó con su grave voz mientras seguía acercándose hasta estar a escasos dos metros de ella — Soy Octojin, un constructor de barcos y tengo un indiaman en mi astillero listo para vender. Me han dicho que usted podría estar interesada —dijo señalando el enorme barco que se veía amarrado a lo lejos.

El barco lucía imponente amarrado cerca del muelle. La madera recién barnizada y brillante le daba un toque aún más lujoso de lo que ya era. Pero no era la idea del tiburón el lucrarse de ello, sino más bien que entrase más por los ojos y tuviera una venta más sencilla. Estaba completamente seguro de que la calidad era una de las mejores del mercado, así que por ese lado no tenía ningún problema.

—Si lo desea, lo podemos ver de cerca e incluso puede subir a inspeccionar los acabados. No hay ningún problema. Y, si está interesada, ya hablamos de negocios.

"Veamos si este negocio es tan bueno como parece." pensó mientras, si la mujer aceptaba, le guiaba hacia el imponente barco, orgulloso de la calidad que representaba su obra.
#2
Raiga Gin Ebra
-
Raiga tenía una parada antes de encontrarse con sus macarrillas favoritos en el Baratie, y era Loguetown. El mink avanzaba por los muelles con su típica despreocupación, llevando una pequeña bolsa de tela colgando de su cintura. Dentro, siete píldoras que había creado con sumo cuidado—¿quién sabe qué hacían esas pastillas?— y que estaba seguro de poder convertir en una fortuna de berris. Con cada paso, su cola se balanceaba juguetonamente, y su mirada rápida escaneaba cada rostro que pasaba, buscando al supuesto comerciante que compraría "cualquier cosa".

Lo cierto es que tenía ganas de tener dinero por fin. Había oído muchas organizaciones con las cuales, según las malas lenguas, te podías forrar. Pero la gente decía que eso eran estafas piramidales. Raiga no tenía ni idea de qué era eso pero no sonaba muy bien, así que decidió seguir robando y creando esas píldoras que había aprendido a hacer y que, aparentemente, le gustaban a la gente.

—¿Dónde estará este tío? —murmuró para sí mismo, irritado. El frío viento invernal le azotaba la cara, pero no parecía importarle mucho. La misión de encontrar al comerciante era suficiente para él en ese momento. Todo lo que quería era librarse de las píldoras y conseguir algo de dinero para gastar en cualquier cosa menos útil. Darse un capricho, comprarse algo de ropa, o un arma mejor con el que amenazar a los parguelas a los que pretendía robar.

Finalmente, su vista se detuvo en una figura llamativa: una mujer de larga melena pelirroja que brillaba bajo la luz pálida del día. Sus ojos verdes parecían brillar como gemas, y su atuendo, cargado de detalles elegantes y joyas, la hacía destacar entre el bullicio del puerto. Además, estaba hablando con gente de lo que parecían ser suculentos negocios.

Raiga esbozó una sonrisa confiada. "Esa tiene pinta de ser comerciante" pensó, y no se tomó la molestia de cuestionar más su conclusión.

Se acercó a ella, con las manos en los bolsillos y un aire desenfadado. Cuando estuvo a pocos pasos, levantó la voz.

—¡Eh, tú! La del sombrero chulo. ¿Te interesan unas pastillas? —sacó la bolsa de tela y la agitó ligeramente, como si fuera lo más natural del mundo—. Te las dejo baratas, ¿eh? Oferta del día —por alguna razón, el mink miró a ambos lados y las escondió un poco, como si fuera algo prohibido.

Se quedó frente a la mujer, mirándola con descaro mientras esperaba su respuesta, convencido de que había encontrado al comprador perfecto.
#3
Gretta
La Devoramundos
Gretta llegó a la bulliciosa ciudad; su banda había venido para hacer negocios rápidos y largarse. Atracaron en una esquina escondidos de miradas indiscretas y dejaron a la jabalí encargarse de la situación. "A ver cómo lo hacemos, ni de coña voy a poder pasearme por el puerto sin que tarde algún idiota en reconocerme... Mmm, maldita recompensa... Aquí en seguida que haces algo, se te tacha de criminal; ni matar o robar tranquila puede una ya..." Decía ella, escondida en un callejón bajo una enorme capa marrón. 

Buscaba con la mirada un objetivo fácil. "A ver, en las ciudades grandes siempre hay vagabundos y niños huérfanos... ¡Te tengo!" Exclamó en su interior mientras divisaba a su objetivo; un niño con ropas harapientas intentaba robar pescado de un puesto del mercado. Gretta le tiró una naranja al niño y cuando este se giró para ver de dónde había venido, al verla se quedó petrificado. La verdad es que Gretta no podía verse, pero una figura de su tamaño empotrada en un callejón y tapada por una capa con su capucha era, cuanto menos, perturbadora. Pero Gretta reaccionó rápido; sabía lo que quería la gente que no tenía nada. Le enseñó una bolsa llena de comida y con la mano le hizo un gesto para que el niño se acercase. Este dudó un instante, pero al final su estómago vacío pareció decidir.

Cuando Gretta tuvo al niño cerca, lo metió al callejón y le dio unas instrucciones claras: — Tranquilio ninio, no muerdo ¿ah?— Le dijo ella dejando ver su sonrisa a través de la capucha. —Ve merquiado y pregiunta por tal "Silvier"; dale ista lista y istias indicaciones, ¿ah?— Le dijo ella, dándole un papel escrito por el capitán Lance. —Tú haces todo bien y io doy biolsa entera comida. El niño miró la nota, pero claramente no sabía leer; luego miró la enorme bolsa y, tras pensarlo un momento, aceptó. Saliendo disparado hacia el mercado con la nota.
#4
Rocket Raccoon
Rocket
1 invierno 724

Los copos de nieve comenzaron a caer de a poco hace pocas horas en el Mar del Este. Ahí en Loguetown, una fina capa blanca comenzaba a cubrir las casas y los negocios de todos los lugareños. Observaba a la distancia, como siempre, el constante ajetreo del pueblo de Loguetown. Mantenía mis manos dentro de los bolsillos del abrigo que había comprado para este clima tan frío, con la mirada fija en el discreto carguero que de por sí solo no destacaba. Pero los que sabíamos de quién se trataba, teníamos conocimiento de que era de vital importancia para nuestros bolsillos.

El viento helado  hacía que mi pelaje se erizara un poco, pero ya me conocen, mi apariencia no me importa en lo más mínimo. Ese barco era de un viejo conocido, uno con quien ya había hecho más de unas operaciones que nos beneficiaban económicamente a ambos. Silver D. Syxel, un pirata ya algo famoso que comenzaba a hacerse con un nombre. -Bueno, bueno... joder eh- murmuré para mí mismo, con una sonrisa ladeada mientras tamborileaba los dedos sobre el cinturón que llevaba ese día. 'Silver sigue jugando al comerciante misterioso. No cambia nunca.'

Conozco bien a Syxel. Hemos hecho suficientes tratos como para que entienda perfectamente cómo funciona su red: cuidadosa, precisa y siempre con ese toque de teatralidad tan suyo. Nada en ese carguero está fuera de lugar. Cada caja que se mueve, cada mirada lanzada al puerto, cada palabra susurrada por su intendente, Airok, forma parte de un baile coreografiado con una maestría impecable.

'Ahí está ella... Airok, la reina de las transacciones' Pensaba mientras observaba a la mujer que supervisaba con ojos calculadores cada detalle. Sabía que no era solo una administradora; era la mano derecha de Syxel, la que hacía que todo funcionara sin un solo chirrido en la maquinaria. Me encontraba jugando con uno de mis más recientes artilugios, un pequeño receptor de sonido que guardaba para ocasiones especiales. Aunque podría entrar y anunciar su presencia sin problema. Silver no le negaría la entrada a un viejo socio como yo. Pero como siempre y fiel a mi estilo, prefería evaluar el terreno antes de dar un paso en falso.

-Bien, Rocket, ¿qué tenemos aquí?, joder eh- Susurraba mientras ajustaba el dispositivo y me lo colocaba discretamente en la oreja. -Vamos a ver qué traman estos chicos hoy. Joder eh-
-¿Otra vez hablando solo?- Nuevamente aquella voz en mi cabeza que no sabía bien cuando quedarse callada. Cortana, como siempre, interviniendo cuando no se le llamaba.
-Pues si, coño... ¿Qué pasa? Ya no me dejas ser feliz con mis cosas, joder eh.- Le replicaba, algo molesto. -Guarda silencio, joder eh. Estoy escuchando cositas, ya sabes que me gusta este juego.-
-Entendido amo Rocket, mil disculpas. Cortana se apaga- La voz en mi interior desaparecia.

El frío no hacía más que aumentar, pero ahí me mantenía, inmóvil. Mi mirada saltando entre los movimientos en el muelle y los detalles del carguero. ¿Negociaciones importantes? ¿Nueva mercancía interesante? Con Silver, siempre había algo que valía la pena investigar. -Quizá sea hora de recordarle que no se olvida de sus amigos, joder eh.- Decía tras soltar una sonrisa mientras avanzaba hacia el carguero, el sonido de las botas resonando suavemente contra la madera del puerto. -Y quién sabe, tal vez hoy sea uno de esos días en los que hasta un mapache parlanchín se lleva una sorpresa. Joder eh-
#5
Drake Longspan
[...]
Drake Longspan avanzó hacia el carguero, su figura alta destacando incluso en medio del ajetreo portuario. Sus pasos resonaron en las tablas del muelle mientras sus brazos, ocultos bajo la capa, se balanceaban con naturalidad. Al llegar frente al barco, se detuvo y se ajustó la capucha, dejando ver parcialmente su rostro.

Oi, sé que aquí se mueven negocios interesantes. Me alegra estar de vuelta. — Su voz salió grave, lo suficiente para captar la atención de quien lo escuchara. — Tengo algo que puede interesar a los tuyos.

Sin esperar una invitación formal, subió al carguero con la misma confianza de alguien que pisa su propio terreno. Una vez a bordo, echó un vistazo rápido alrededor, tomando nota de la actividad sin prestar demasiada atención a los detalles.

Escucha, no soy de dar vueltas. Tengo una pequeña flota de barcos en condiciones, listos para ser usados. — Alzó una mano larga para enfatizar sus palabras, gesticulando con un toque de teatralidad — No pregunto mucho, solo lo suficiente para que ambos salgamos ganando. Estos barcos no van a esperar en el muelle para siempre, ya sabéis cómo es esto.

Se cruzó de brazos y añadió, esta vez en un tono más bajo pero igual de seguro, casi aguantando la risa a una respuesta que ya conocía.

Así que, ¿quién aquí tiene la pasta para hablar de negocios serios?

Drake Longspan, sin molestarse en esperar respuesta inmediata, dejó caer un pesado saco de tela al suelo, cuyo sonido metálico al chocar con la madera atrajo miradas indiscretas. 

Ahí tienes los detalles — dijo mientras se inclinaba ligeramente hacia adelante, sus ojos rojizos brillando con la chispa de un vendedor astuto, o de alguien con más hambre que el perro de un ciego.

Barcos robustos, bien armados y con más aguante que el morro de un cazador de recompensas. Perfectos para moverse rápido o para aguantar cualquier marejada. — Dio un paso atrás, extendiendo un brazo largo para señalar el saco.

Dentro tenéis una lista completa: dimensiones, capacidad y... bueno, algo que no se puede escribir, la garantía de que cada uno está en perfecto estado.

Hizo una pausa breve, observando las reacciones de los presentes. Luego, con un tono más relajado pero igual de convincente, añadió:

Mira, esto no es solo un negocio, es una oportunidad. Sé que te gusta operar en las sombras después de las que has liado, conozco tu wanted y requisitos, y estos barcos son justo lo que necesitáis. Sin preguntas, sin molestias, solo movimiento. Así que, decidid rápido, porque cuando yo me largo, no hay segundas oportunidades.

Drake se cruzó de brazos, dejando que el silencio hiciera su trabajo, mientras una leve sonrisa pícara se dibujaba en su rostro.

 — Cuando quieras empezamos.
#6
Lobo Jackson
Moonwalker
1 de Invierno de 774

Lobo Jackson había recibido instrucciones claras para comerciar a bordo del discreto carguero anclado en el puerto de Loguetown. Un barquito que no destacaba entre sus congéneres, limitándose a flotar cual cáscara de nuez durante la fría mañana de invierno mientras que el ajetreo portuario mantenía su ritmo habitual. Los marineros, seguidos de los contramaestres, herreros, pescadores y grumetes de turno, recorrían aquel abrevadero de barcos con andares firmes y barbas bien pobladas.

Lobo Jackson, oficial de "El Sindicato", estaba al tanto del vertiginoso ascenso al estrellato de su cliente. Se trataba de un hombre que portaba sobre sus hombros una recompensa cuyo valor superaba el conjunto de varios de los barcos que fondeaban en el puerto.

También era imperativo considerar que, a su vez, daban una buena suma de dinero a cambio del pellejo del mink. Por tanto, era lógico que la reunión se efectuase bajo el más discreto de los sigilos con tal de no crear un alboroto que, de otra manera, transformaría el puerto en un campo de batalla.

Se dice que los revolucionarios, ese selecto elenco de forajidos que se esfuerzan en derrumbar el status quo de la sociedad mundial, desarrollan un instinto sobrehumano para desenvolverse con la mayor discreción. Una habilidad que se adquiere a base de fuerza y necesidad, puesto que un revolucionario descuidado es un revolucionario encarcelado, o en el peor de los casos, torturado y después muerto.

Todo este razonamiento llevaría a la innegable conclusión de que el encuentro entre el oficial Jackson y el capitán Syxel sería realizado con el mayor recato posible.

Pero hay un factor a considerar en toda ecuación: el ansia de fiesta de Lobo Jackson.

Fue por ese motivo por el que varios de los marineros sintieron una estela brillante pasar junto a ellos, sólo para levantar sus manos y encontrar un panfleto con el dibujo de un lobo azul cobalto firmado por el mismísimo cantante. Algunos de los hombres más atentos eran capaces de captar la sonrisa del borrón azul, que se perdía entre la multitud en dirección al barco citado al tiempo que dejaba atrás un autógrafo tras otro.

[Imagen: Aut-grafo-de-Lobo-Jackson.jpg]

Backstage Style: Moonlight Spark
36U601
ÚNICA
Utilidad Activa
Tier 6
11/11/2024
79
Costo de Energía
3
Enfriamiento
Inspirado por el constante acoso de sus fans y perseguidores más apasionados, Lobo Jackson se vio forzado a idear una forma de moverse entre las masas a gran velocidad mientras firmaba autógrafos sin que nadie tuviera tiempo de atraparle. Esta técnica de Lobo Jackson toma como base el moonwalk, cuya velocidad potenciada con el electro que crea un efecto chispeante, como si caminara sobre un sendero de luz de luna. Cada destello deja una breve ilusión de su figura posando con estilo mientras firma autógrafos mientras realiza un [Dash] de 15 metros, dificultando que sus perseguidores puedan seguirle el rastro.
+15 [Reflejos]


Con una presteza sin par y una agilidad desmedida, el mink lupino se encaminó pasando por la pasarela hacia el interior del barco. Los miembros de la tripulación de Syxel sabían de su llegada, razón por la que le permitieron pasar sin más que un parpadeo estupefacto, con la rúbrica de Jackson sobre un pequeño folio blanco entre sus manos.

Girando con estilo, el mink alcanzó la puerta que daba al camarote del capitán. Se ajustó la chaqueta y, tocando con cortesía, espero a que su cliente abriese la puerta. ¿El motivo? El paquete que el lobo llevaba a las espaldas, un encargo especial para el pirata.
#7


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