
Silver D. Syxel
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11-01-2025, 03:51 AM
(Última modificación: 19-01-2025, 10:45 PM por Silver D. Syxel.)
Pueblo de Rostock, Isla Kilombo
Primavera del año 724
Primavera del año 724
La luz azulada de los símbolos que decoraban los pilares del altar oscilaba tenuemente, como si la energía que emanaba del lugar respondiera a la presencia del capitán. La piedra encajaba perfectamente en el hueco central, pero más allá de un leve zumbido en el aire, no ocurrió nada espectacular. No había magia evidente, pero podía, o quería, intuir que algo importante estaba ocurriendo bajo la superficie de esa aparente calma.
Con su espada descansando en una mano y la otra lista para actuar, Syxel inspeccionó los grabados en el altar. Las líneas y símbolos eran intrincados, pero tenían un patrón que sugería un propósito. Algunas inscripciones parecían señalar direcciones, mientras que otras repetían el motivo del triángulo rodeado de espinas. Uno de los grabados mostraba una forma similar a un mapa estilizado, con marcas que podrían corresponder a ubicaciones, pero eran demasiado vagas como para identificar algo concreto sin más contexto.
—Un rompecabezas tras otro —murmuró, rascándose la barbilla mientras su mirada recorría cada detalle—. Esto va a necesitar más tiempo del que tengo ahora.
Antes de que pudiera sacar más conclusiones, un sonido metálico, como el roce de una armadura, resonó en la cueva. Silver giró sobre sus talones, espada en alto, justo cuando tres figuras surgieron de las sombras más profundas.
Estos hombres, vestidos con túnicas negras ribeteadas en azul, no parecían simples fanáticos. Había algo en su porte, en la precisión con la que se movían, que los distinguía de los que había enfrentado antes. Sus armas brillaban con filo impecable, y sus rostros permanecían ocultos tras máscaras de madera tallada con símbolos idénticos a los del altar.
—Has perturbado un lugar sagrado, extranjero —dijo uno de ellos, con una voz grave que resonó en el aire denso de la cueva—. Devuelve lo que nunca debió ser tuyo y abandona este lugar, o enfrentarás las consecuencias.
Silver dejó escapar un suspiro, ladeando la cabeza mientras evaluaba a sus oponentes.
—¿Sabéis? Me estoy cansando de repetir esto... Creo que ya he dejado claro que no me voy a rendir. ¿Queréis la piedra? Venid a por ella.
La respuesta fue inmediata. Los tres hombres se lanzaron hacia él en perfecta sincronía, con movimientos precisos y letales. El primero atacó con una lanza corta, buscando mantener la distancia, mientras los otros dos intentaban flanquearlo con espadas curvas. El primer golpe fue desviado con facilidad por el pirata, quien giró su espada en un arco que obligó al atacante a retroceder. Los otros dos intentaron aprovechar la abertura, pero Syxel esquivó con un ágil movimiento hacia un lado, deslizándose fuera del alcance de sus armas.
—¿Esto es lo mejor que tenéis? —se burló, aunque por dentro reconocía que estos hombres eran mucho más hábiles que los fanáticos anteriores.
El combate se intensificó. Los tres atacantes coordinaban sus movimientos con precisión, obligando a Silver a mantenerse en constante movimiento. Al igual que en el enfrentamiento contra el guardiían, utilizó los pilares a su favor, bloqueando ataques y forzándolos a fragmentar su formación. Con cada intercambio, el capitán iba identificando sus patrones, buscando una abertura.
Finalmente, uno de ellos cometió un error: al intentar un ataque en diagonal, dejó su costado expuesto. Syxel aprovechó el momento, desarmándolo con un rápido movimiento de su espada antes de rematarlo con un golpe certero al cuello.
—Uno menos —gruñó, girándose hacia los otros dos.
Los fanáticos restantes parecían dudar por un instante, pero su fanatismo superó cualquier instinto de supervivencia. Atacaron al unísono, forzándolo a retroceder. Silver bloqueó una estocada y contraatacó con un tajo horizontal que alcanzó el brazo del segundo atacante, obligándolo a soltar su arma.
El último fanático, viéndose solo, lanzó un grito de rabia y cargó con todo lo que tenía. Syxel lo recibió con calma, esquivando su ataque y asestándole un golpe mortal al abdomen.
La cueva quedó en silencio, salvo por la respiración controlada del capitán. Guardó su espada y examinó los cuerpos, buscando algo útil. Entre los efectos del último fanático, encontró un pergamino enrollado y sellado con cera. Lo abrió con cuidado, revelando un mapa más detallado que parecía señalar un destino concreto en el North Blue.
—Ya empezamos a entendernos —murmuró, esbozando una sonrisa mientras guardaba el pergamino.
Volvió al altar y retiró la piedra, observándola con detenimiento. El zumbido en el aire se detuvo, y los símbolos de los pilares se apagaron lentamente, dejando la cueva sumida en una penumbra inquietante.
—Parece que esto es solo el principio —dijo, antes de guardar la piedra en la caja y abandonar la cámara.
En el exterior, la brisa nocturna lo recibió con su frescura habitual. Mientras descendía por el sendero hacia el pueblo, Silver reflexionaba sobre lo que había descubierto. El mapa y la piedra señalaban un camino, pero el significado de ese destino seguía siendo un misterio. Con una última mirada al horizonte, el capitán desapareció en la noche, listo para planear su próximo movimiento.