Hay rumores sobre…
... que en una isla del East Blue, hay un prometedor bardo tratando de forjarse una reputación. ¿Hasta dónde llegará?
[Diario] El comienzo de mi historia
Alexander D.Vinci
PlayBoy
El chirrido de la madera gastada provocó que me despertara en el momento en el que intenté ponerme de pie sonámbulo. Al parece, me había quedado dormido en una especie de cuartucho de posada cuyo techo parecía estar a punto de colapsar con cualquier ráfaga de viento que le fuera a impactar… Ay... La verdad, yo no sabía ya porque me seguía sorprendiendo. Estaba acostumbrado a quedarme dormido en los peores sitios y en los peores momentos, pero bueno, despues de 24 años uno empieza a acostumbrarse.

Suspiré y estiré el brazo derecho con cuidado, Si os preguntáis en donde me encuentro… bueno, Estaba en Rudra, una isla del East Blue famosa por su mercado portuario y por las oportunidades que brinda a gente como yo: un cazarrecompensas metido en negocios turbios, (los cuales, no deberíais imitar. Una punzada de dolor recorrió mi columna, supongo que era debido a la postura en la que me había quedado dormido, encima de un conjunto de piedras (relativamente afiladas, por cierto). Aunque bueno, prefiero el peligro a la comodidad, me ayudaba un poco con la narcolepsia… aunque bueno, tampoco ayudaba tanto. Me acerqué a una especie de espejo opaco que colgaba de la pared y con la única mano que tenía, traté de acomodarme el pelo, que se encrespaba en todas direcciones, el reflejo me devolvía la mirada, y… Hostia, pero ¿Aun no os he dicho quien soy, ¿verdad?, ¡Muy bien!, en ese caso, dejad que me presente: 

Mi nombre es Alexander D´Vinci, aunque esa D en el nombre no es conocida por nadie por que se supone que debemos mantenerla en secreto, o eso me dijeron mis padres, ¡Pero eso no importa! tengo 24 años y antes de trabajar como cazador, ya era miembro de un grupo conocido como... El inframundo. ¿Qué es el inframundo? El Inframundo es una organización criminal que opera por todas partes, con la sutileza de un reptil al acecho. Siempre he mantenido una relación ambigua pues la mayoría de los miembros no nos conocemos, a veces, hago tratos, compro información o me infiltro en operaciones, es una organización que tiene miembros de TODOS, los bandos, así que en verdad, nos faltan escrúpulos como para protegernos entre nosotros, hacemos lo que queremos, por algo somos una organización ilegal. Ahora que ya sabéis un poco de mí, dejad que siga con mi día:

Cuando salí de aquella cabaña en medio del bosque, tuve que caminar un par de horas hasta llegar a mi principal contacto en Rudra: Garrick, un contrabandista de poca monta sin nada de reputación que se jacta de tener un olfato infalible para encontrar lo que sea. Habitaba en un zulo, con paredes de piedra y unas cuantas cajas polvorientas apiladas en un rincón.

-Te ves… despabilado hoy, Vinci -dijo Garrick en un tono de la burla con cierta camaradería forzada-. ¿Cuántos ataques de narcolepsia esta semana?-

Su expresión era la de siempre: una sonrisa torcida, ojos astutos. Me guardé mis respuestas ásperas y le di una mirada escéptica. Sabía que le divertía mi condición (a la mayoría de persona le hacía gracia.

-¡Mas de los que tú quisieras, jeje! Tengo trabajo que hacer -Respondí, rascándome la barbilla y tratando de mantener la calma.

-¡Ah, sí! Tus trabajos. aunque, me sigue pareciendo increíble que sigas vivo durmiendo en medio de los trabajos. Uhm. -bromeó Garrick.
Intenté sonreírle, sin ganas de entrar en su jueguito. Sabía que, en el fondo, me quería, era un majete que se hacía el duro. Pero no desaprovechaba ocasión para intentar molestarme.

-Necesito información sobre un cargamento que llegó anoche -le dije, sin rodeos- ¡ME HAN DICHO QUE TIENE ALGO CHULO DENTRO!

-¿Peculiar? -Garrick frunció el ceño, fingiendo ignorancia-. ¿Te refieres a frutas exóticas?

Mi corazón latió más rápido con la simple mención de frutas. Las Frutas del Diablo no eran cosa de juegos, obviamente, daban capacidades increíbles pero, a costa de la capacidad de nadar, lo cual si ya de por sí en un mundo donde casi todo es mar, nunca las había deseado. Estando manco y con una enfermedad que me hace dormir… pues bueno, a ver no eran impedimento para desenvolverme… pero lo de nadar era to chungo. Sin embargo, tenía que lograr mi venganza… así que cualquier poder era Bienvenido.

-¿Sabes dónde la tienen? -pregunté, intentando parecer tranquilo, pero mi cuerpo se agitaba nervioso.

-Dicen que en la bodega diecisiete, cerca del muelle viejo. Pero la custodian. Nadie puede entrar sin invitación -respondió
.
-Bueno, veremos si logro escabullirme entonces- comenté con un ligero encogimiento de mi hombro derecho.

Garrick soltó una risita. Me ofreció un apretón de manos, luego me giré y me marché con paso raudo. A veces, estos contactos suelen esperar un soborno la mayor parte de las veces, pero aquella vez, me había ganado su confianza a base de favores mutuos (y tal vez, temía que lo delatara), así que no reclamó pago inmediato, por que si no... bueno. me reservo las consecuencias

Me dirigí hacia el muelle, donde las tabernas y las personas se amontonaban de manera desordenada por las calles, (he de decir que durante el camino, me quedé dormido en medio de un césped). Las pasarelas de madera crujían a mi paso, las gaviotas graznaban con un eco irritante. Traté de estar totalmente a alerta, oculto tras algunas pilas de cajas, observando a los guardias en la entrada de la bodega diecisiete. Eran un par de individuos con aspecto de matones, sin duda: vestían ropas oscuras ¡Con gafas de sol, de noche! y tenían una mirada intimidante que lo decía todo. Esperé pacientemente a que un carromato se acercara a la puerta, transportaba  varios barriles Así que en el momento en que comenzaron a descargar la mercancía, avancé por detrás del vehículo y me deslicé a un costado del portón de madera. aunque... bueno... con solo un brazo, tuve que ingeniármelas para acomodarme sin hacer ruido al desequilibrarme, pegado a la pared como una sombra. Era difícil, pero no imposible.

Cuando uno de los guardias se distrajo con el carretero, encontré un hueco para entrar, por lo que me desplacé con rapidez, una vez dentro, sentí el olor a humedad y un ligero perfume metálico que me recordaba a sangre, mentiría si no dijera que me daba algo de yuyu. Sigilosamente, pasé entre varios barriles etiquetados en un idioma que no pude reconocer. Después de un par de pasillos oscuros, llegué a una sala pequeña donde, en una mesa, había una caja metálica con un candado roto. Dentro relucía algo… algo que parecía un gran fruto con protuberancias. Tenía la forma de un tambor retorcido y su color era un morado, de un tono que jamás había visto en una fruta normal. Me acerqué con cuidado, preguntándome si eso realmente sería una fruta del diablo o si era una simple mutación de una fruta ya conocida... pero, bueno. La sola presencia de aquella fruta emanaba algo… extraño. Un aura que me ponía los pelos de punta y, al mismo tiempo, provocaba una curiosidad compulsiva. Un ruido a mi espalda me hizo girar bruscamente, pero tropecé con un barril y caí al suelo. En ese preciso instante, mi narcolepsia amenazó con golpearme, sentí un mareo y mi párpado se cerró por un segundo eterno. Me mordí la lengua intentando no dormirme, provocando que abriera los ojos de golpe; un matón se encontraba corriendo hacia mí. Se había percatado de mi presencia.

-¡Hey, tú! ¡Alto ahí! -gritó.

Con el corazón a mil por hora, me incorporé. Mi única oportunidad era improvisar, por lo que de un zarpazo, tomé la fruta de la caja y la mordí casi por reflejo, tenía un hambre terrible y podía... ¿sentir? por así decirlo que la fruta me llamaba... aunque, un sabor indescriptible inundó mi boca, como si estuviera masticando metal oxidado mezclado con goma de mascar. Jamás olvidaré ese sabor. ERA ASQUROSO, más allá de lo que mi cerebro podía procesar. Pero lo que sentí después fue un estallido en mi interior, un cambio que me revolvió las entrañas y pareció quemar mi garganta.

-¡No puede ser! -exclamó el matón, palideciendo- ¡Te la comiste!-

Dé repente, tuve un laxo mental, ¿Qué hacía ahí?, mire a mi alrededor hasta que vi como una persona parecía correr en mi dirección, por lo que hice lo que cualquier persona cuerda y corrí en la dirección opuesta.

-DEJEMEEEE, QUE YO NISIQUIERA SE QUE HAGO AQUI, AAAAAAAAAAA- Empecé a correr como alma que llevaba el diablo, tirando barriles, descolgando cosas, de alguna forma, acabaría saliendo del sitio, escabulléndome en el muelle, para despues al alcanzar un callejón ¨Seguro¨, sentir como el sopor me afectó, provocando que me quedara dormido de nuevo.
#1


Salto de foro:


Usuarios navegando en este tema: 1 invitado(s)