
Anko
Médica Despiadada y novia de Giorno
18-01-2025, 06:11 AM
20 de Otoño del 724
Un día más en la base G-23 de la Marina ubicada en la Isla Kilombo, muchos soldados como de costumbre, realizaban sus respectivas tareas, algunos limpiaban y barrían las distintas zonas y pasillos de la base, los cocineros estaban atrincherados en las cocinas preparando la comida para un número alto de personas y los altos mandos realizaban papeleo y daban órdenes a los soldados de menor rango. Entre los oficiales destacados del G-23 se encontraba Anko, una alférez que había sido designada para supervisar el entrenamiento de un grupo de reclutas de la base.
La espadachina se apresuró a llegar a la zona que se le había indicado, según el informe, los reclutas ya tenían su rutina de entrenamiento preparada y solo debían ser vigilados para que cumplieran con ella, para su fortuna, no debía ser ella quien ideada la sesión de ese día por lo que, al menos por esa parte, estaba contenta de su trabajo, aveces, odiaba tener que hacer toda una rutina para entrenar a sus compañeros de menor rango por la simple razón de que no tenía cabeza para esas cosas. Su presencia delataba firmeza y determinación para los soldados, generando en ellos la fuerza para entrenar, aunque más bien todo se debía a que la conocían bien y sabían de antemano que ella no era amable con sus castigos cuando no se cumplen con las órdenes de los superiores.
Sobre sus hombros, portaba la capa marine con la palabra “Justicia” en la espalda, señalándola como una oficial, sus tres Katanas descansaban en su cintura a modo de que pudieran ser fácilmente desenfundadas en caso de necesitarlo. Ella se mantenía a una distancia corta del área de entrenamiento, con sus ojos recorriendo a cada uno de los reclutas del grupo, gracias a esto, se pudo dar cuenta de que había varios ausentes, con un suspiro, tomó una hoja de papel de los bolsillos de su capa y la leyó atentamente, reconocía muchos nombres en aquella lista pero otros de plano no había escuchado nada de ellos, tomar lista sería la mejor forma de saber quien había asistido al entrenamiento y quien no, incluso saber quien había llegado tarde.
Pero no lo iba a hacer en ese momento, talvez lo haría al final de la sesión y ya se encargaría de darle una reprimenda a quienes habían tenido la desdicha de no asistir. Por el momento se quedaría tranquila y serena, observando a sus compañeros y por ese día, estaba abierta a una conversación si alguien de ellos quisiera hablar con ella.