Alguien dijo una vez...
Iro
Luego os escribo que ahora no os puedo escribir.
[Común] [C-Pasado] El entrenamiento
Anko
Médica Despiadada y novia de Giorno
20 de Otoño del 724

Un día más en la base G-23 de la Marina ubicada en la Isla Kilombo, muchos soldados como de costumbre, realizaban sus respectivas tareas, algunos limpiaban y barrían las distintas zonas y pasillos de la base, los cocineros estaban atrincherados en las cocinas preparando la comida para un número alto de personas y los altos mandos realizaban papeleo y daban órdenes a los soldados de menor rango. Entre los oficiales destacados del G-23 se encontraba Anko, una alférez que había sido designada para supervisar el entrenamiento de un grupo de reclutas de la base.

La espadachina se apresuró a llegar a la zona que se le había indicado, según el informe, los reclutas ya tenían su rutina de entrenamiento preparada y solo debían ser vigilados para que cumplieran con ella, para su fortuna, no debía ser ella quien ideada la sesión de ese día por lo que, al menos por esa parte, estaba contenta de su trabajo, aveces, odiaba tener que hacer toda una rutina para entrenar a sus compañeros de menor rango por la simple razón de que no tenía cabeza para esas cosas. Su presencia delataba firmeza y determinación para los soldados, generando en ellos la fuerza para entrenar, aunque más bien todo se debía a que la conocían bien y sabían de antemano que ella no era amable con sus castigos cuando no se cumplen con las órdenes de los superiores.

Sobre sus hombros, portaba la capa marine con la palabra “Justicia” en la espalda, señalándola como una oficial, sus tres Katanas descansaban en su cintura a modo de que pudieran ser fácilmente desenfundadas en caso de necesitarlo. Ella se mantenía a una distancia corta del área de entrenamiento, con sus ojos recorriendo a cada uno de los reclutas del grupo, gracias a esto, se pudo dar cuenta de que había varios ausentes, con un suspiro, tomó una hoja de papel de los bolsillos de su capa y la leyó atentamente, reconocía muchos nombres en aquella lista pero otros de plano no había escuchado nada de ellos, tomar lista sería la mejor forma de saber quien había asistido al entrenamiento y quien no, incluso saber quien había llegado tarde.

Pero no lo iba a hacer en ese momento, talvez lo haría al final de la sesión y ya se encargaría de darle una reprimenda a quienes habían tenido la desdicha de no asistir. Por el momento se quedaría tranquila y serena, observando a sus compañeros y por ese día, estaba abierta a una conversación si alguien de ellos quisiera hablar con ella.
#1
Jigoro Kano
El pequeño
Los primeros rayos de la tarde iluminaban el área de entrenamiento de la base G-23, donde los gritos de esfuerzo de los reclutas resonaban por los amplios terrenos. Jigoro Kano, vestido con el uniforme sencillo de la Marina, ajustó los pliegues de su capa y caminó con paso firme hacia la zona de ejercicios, un cuaderno bajo el brazo. No llevaba el aire altivo de un superior, sino la calma humilde de alguien que, a pesar de los años, se encontraba aún en las primeras filas del escalafón de la Marina.
El día había transcurrido como de costumbre: tareas asignadas en los almacenes al amanecer, limpieza de equipo en los hangares, y ahora, un breve tiempo libre que había decidido dedicar a observar el entrenamiento de otros reclutas. Sabía que siempre había algo que aprender, incluso de los más jóvenes, y el área de entrenamiento siempre era una fuente de inspiración para Jigoro.

Al llegar, sus ojos se posaron rápidamente en la figura de una mujer que destacaba entre los presentes. Portaba la capa distintiva de los oficiales con la palabra "Justicia" bordada en la espalda, y tres katanas descansaban en su cintura. Su postura y actitud dejaban claro que era la encargada de supervisar el entrenamiento. Jigoro no conocía a la alférez Anko personalmente, pero su reputación como una oficial estricta e implacable había llegado a sus oídos en las pocas semanas que llevaba en la base.
Jigoro no se apresuró a intervenir. Se colocó al margen del área de entrenamiento, con su cuaderno aún bajo el brazo, observando a los reclutas correr, lanzar golpes y seguir las instrucciones con una mezcla de concentración y miedo. La presencia de Anko era imponente, y aunque la dinámica parecía eficiente, Jigoro podía notar que algunos reclutas mostraban signos de tensión.

Con su mirada experta, analizó los movimientos de los soldados, buscando fallas en sus posturas o formas que podrían mejorarse. No porque tuviera la autoridad para intervenir, sino por hábito: siempre buscaba maneras de mejorar su propio entendimiento del combate, incluso a través de la observación de otros.
Finalmente, después de unos minutos de silenciosa contemplación, Jigoro se acercó con calma
#2


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