¿Sabías que…?
... existe la leyenda de una antigua serpiente gigante que surcaba el East Blue.
[Aventura] T1 | El Circo de los Pedacitos Voladores
Lawliet D. Giorno
Iceberg de la Marina

Noche en Loguetown
Dentro de la Carpa del Circo Charlie
X de Invierno del Año 724



La fría noche de invierno envolvía a Loguetown con un manto blanco de nieve. La ciudad, normalmente bulliciosa y caótica, había disminuido su ritmo habitual. El sonido de los pasos sobre la nieve y el crujir de la madera de las viejas casas se mezclaba con el viento helado que soplaba desde el mar. Sin embargo, en el centro de la ciudad, cerca de la plaza principal, algo inusual estaba sucediendo. El circo ambulante había llegado, y la ciudad estaba llena de murmullos de emoción. El dueño, un hombre de apariencia extravagante y carismática, Zidler, había prometido un espectáculo como nunca antes en Loguetown.

Un circo ambulante se había instalado esa misma tarde. Su carpa, de un tamaño imponente, con colores brillantes de rojo, amarillo y azul, destacaba entre las oscuras calles de Loguetown. Como si fuera una llamarada en medio de la penumbra, atraía a los curiosos con su promesa de un espectáculo como nunca antes se había visto en la isla.

El dueño del circo, un hombre peculiarmente elegante con un bigote afilado y una capa larga que se deslizaba tras él, se hacía llamar Harold Zidler. Con una sonrisa en su rostro y un aire de misterio, había prometido que el show sería la sensación de la temporada. Y en la fría noche de aquel invierno, las expectativas eran altas. “¡Bienvenidos al Circo de los Mil Sueños, yo soy el dueño y presentador, Harold Zidler!” había gritado al inicio del espectáculo, su voz resonando con la energía de un showman consumado. Y así, la noche prometía estar llena de maravillas.

Dentro de la carpa, el bullicio de la audiencia era palpable. El calor de los cuerpos apiñados y las risas de los niños contrastaban con el aire gélido que se filtraba a través de las rendijas de la gran carpa. Las luces de colores iluminaban el escenario central, donde un grupo de acrobatas, trapecistas y animales se preparaban para el primer acto. Las sombras danzaban sobre las paredes de la carpa, haciendo que el ambiente pareciera mágico y surrealista.

Los olores del circo eran intensos. El perfume dulce del algodón de azúcar se mezclaba con el aroma salado de los cacahuetes recién fritos. En un rincón, un carrito de palomitas estallaba con el sonido característico de los granos al explotar. En el aire, la música alegre de una banda de circo comenzaba a llenar el espacio, con trompetas, tambores y xilófonos marcando el ritmo del espectáculo.

La audiencia estaba ansiosa, sentada en bancos de madera, sus ojos fijos en el escenario. Los espectadores, envueltos en abrigos y bufandas, se acurrucaban para escapar del frío que azotaba fuera de la carpa. Entre ellos, Hardo, un civil común con una habilidad extraordinaria, estaba sentado, observando el escenario. La noche aún era muy joven, y el espectáculo apenas empezaba.

Las luces de la carpa se atenuaron, y la música se suavizó, marcando el inicio del espectáculo. Los ojos de todos se volvieron hacia el escenario. Un hombre vestido de payaso, con una nariz roja brillante y una peluca de colores vivos, apareció en el centro de la arena. El público estalló en aplausos mientras el payaso realizaba un par de piruetas y saltos, mientras los monos, vestidos con pequeñas chaquetas de colores, le seguían el ritmo. El payaso caminaba sobre una cuerda floja, balanceándose con gracia en el aire, y parecía desafiar la gravedad en cada paso que daba.

La audiencia aplaudía y reía a carcajadas, disfrutando de cada movimiento acrobático, mientras los monos daban saltos enloquecidos a su alrededor, creando un caos cómico que hacía reír a los más pequeños. Cada salto del payaso era un aplauso más, y el público estaba completamente atrapado en el espectáculo. Los niños se aferraban a los brazos de sus padres, sus ojos brillando con emoción ante la destreza del payaso.

Pero, de repente, algo salió mal.

Cuando el payaso saltó sobre el último mono, hubo un momento de incertidumbre. El payaso parecía haber perdido el equilibrio. En un parpadeo, su pie tropezó con la cuerda y perdió el control. La audiencia contuvo la respiración mientras el hombre comenzó a caer. La caída fue tan repentina y violenta que el suelo vibró con el impacto. El payaso se desplomó de manera torpe sobre el suelo de la arena, haciendo que el público se estremeciera al unísono.

Hubo un momento de silencio absoluto. Nadie se movió. Los niños, al principio sorprendidos, comenzaron a llorar, mientras los adultos miraban en estado de shock. Zidler, que observaba desde el costado, levantó las manos para calmar a la multitud.

El payaso se levantó lentamente, con una sonrisa forzada en su rostro, pero su cuerpo temblaba ligeramente. ¡Nada de qué preocuparse, amigos! ¡Todo bajo control! dijo, aunque sus palabras no parecían convencidas. El hombre se acariciaba el brazo con incomodidad, como si la caída le hubiera causado más daño del que deseaba admitir. Pero era evidente que su rostro se había puesto pálido, y sus movimientos parecían torpes. Sabía que no podía seguir adelante. La caída había sido un golpe demasiado fuerte.

El público, nervioso, comenzó a susurrar. Se podía escuchar el murmullo de los espectadores, algunos preocupados por la integridad del payaso, otros comenzando a preguntar si el espectáculo continuaría. Zidler apareció rápidamente en escena, con una sonrisa que intentaba calmar los nervios del público. ¡Queridos amigos, tomen un momento para disfrutar de nuestro intermedio! Pronto volveremos con más maravillas. La audiencia comenzó a murmurar, algunos comentando lo sucedido, otros preguntándose qué ocurriría después.

El circo había quedado suspendido por un momento, y la atención de todos se centró en la figura que estaba en la audiencia. Hardo, sentado en una esquina, observaba con una ligera sonrisa en los labios. Había notado la oportunidad que se presentaba. Con el espectáculo detenido por un incidente que parecía haberse salido de control, ¿por qué no aprovecharlo?

Entre el público, Hardo sintió la expectativa en el aire. Este era su momento. La atención de todos estaba fija en el escenario, esperando algo o alguien que mantuviera viva la magia de la noche. ¿Con qué nos sorprendería Hardo esta noche, si acaso tenía los huevos de presentarse improvisadamente en el escenario?

Notas
#1


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