
Umibozu
El Naufragio
30-01-2025, 04:15 PM
La mañana había comenzado tranquila en La Alborada, pero con Timsy cerca, la tranquilidad nunca duraba mucho. Mi hermano pequeño, una bola de energía inquieta, me había arrastrado al fondo del mar con la promesa de una "aventura increíble". Ahora, aquí estaba, en medio de una competición submarina que no había planeado, rodeado de criaturas marinas de todo tipo y con un Wotan tramposo llamado Gambito mirándome con una sonrisa burlona.
La sirena Ningyo, con su caracola gigante, anunció que la competición se reanudaba después de unas horas de deliberación.
— ¡Atención, criaturas del mar! — Su voz resonó en las profundidades. — Hemos decidido permitir la participación de Umibozu, el gyojin. Aunque tiene una recompensa en el mundo de los humanos, aquí, en las profundidades, sus problemas con ellos no nos conciernen. ¡En el mundo submarino, todos somos iguales! ¡Que comiencen los juegos!
Un murmullo de aprobación recorrió el lugar. Timsy, a mi lado, saltaba de emoción.
— ¡Esto va a ser épico, hermano! — gritó, agitando sus aletas como si fuera un delfín enloquecido.
Yo me encogí de hombros, tratando de parecer indiferente, pero en el fondo sentía una mezcla de curiosidad y determinación. Si iba a competir, lo haría bien. Además, era una oportunidad para ganarme el respeto de los habitantes del mar y, de paso, cumplir con la misión de Tofun.
Primera Prueba: El Rescate del Pez Atrapado
La primera prueba consistía en liberar a un pez atrapado en una red de pescadores y llevarlo de vuelta a la sirena. Los competidores nos alineamos a 30 metros de la red, cada uno con nuestra propia red para rescatar. Gambito, el Wotan tramposo, se colocó a mi lado, sonriendo con confianza.
— ¡Listos! — gritó la sirena, creando una enorme burbuja de aire que explotó con un sonoro ¡Plop!
Me lancé a la carrera, o mejor dicho a la travesía, sin dudarlo. Gambito fue rápido, pero yo lo superé en cuestión de segundos. Mi tamaño jugaba en mi favor, pues apenas tuve que estirarme para llegar hasta el objetivo de la prueba. Al llegar a la red, noté que era mucho más pesada de lo que parecía, mi fuerza apenas me permitía mover la red. Gambito se acercaba raudo, así que en lugar de sacar al pez tiré de ingenio. De un fuerte mordisco corté la red, lo que me permitió liberar al pez sin dificultad. Lo sujeté con cuidado, asegurándome de no lastimarlo, y comencé a nadar de vuelta.
Timsy, desde la distancia, no podía contener su emoción.
— ¡Eso es, hermano! ¡Demuéstrales quién manda aquí! — gritaba, mientras el pez bruja Filipo glugleaba a su lado, como si estuviera dando consejos estratégicos.
Gambito intentó distraerme lanzando burbujas en mi camino, pero ignoré sus trucos y seguí adelante. Llegué a la sirena en primer lugar, entregando el pez rescatado con cuidado. Gambito llegó en segundo lugar, frunciendo el ceño al ver que su trampa no había funcionado.
Segunda Prueba: El Laberinto de Algas
La segunda prueba era un laberinto de algas gigantes, donde debíamos encontrar un tesoro escondido. Las algas se movían con las corrientes, cambiando constantemente el camino, lo que hacía que el desafío fuera aún más difícil.
— ¡Que comience la búsqueda! — anunció la sirena.
Entré en el laberinto con calma, usando mi experiencia en la navegación submarina para orientarme. Las algas eran altas y espesas, y las corrientes hacían que fuera difícil mantener el rumbo. Gambito, por su parte, intentó seguirme para aprovecharse de mi sentido de la dirección, pero lo despisté nadando en círculos tras percatarme de lo que se había propuesto.
Timsy, desde fuera, no podía resistirse a dar consejos.
— ¡Hermano, a la izquierda! ¡No, a la derecha! ¡Espera, recto! — gritaba, confundiendo a todos los que lo escuchaban.
Finalmente, encontré el tesoro escondido entre las algas. Era una pequeña caja de madera con incrustaciones de nácar. La tomé con cuidado y salí del laberinto en primer lugar. Gambito, frustrado, llegó en segundo lugar otra vez, murmurando algo sobre "mala suerte".
Tercera Prueba: La Carrera de las Corrientes
La última prueba era una carrera a través de un campo de corrientes traicioneras. Debíamos llegar a la meta sin ser arrastrados por las fuertes corrientes.
— ¡Que comience la carrera! — anunció la sirena.
Nuevamente comencé a nadar tan rápido como podía. Las corrientes eran poderosas, tirando de mí en todas direcciones, pero logré mantenerme en curso gracias a mi gran corpulencia. Mi tamaño era muy grande incluso para ser un wotan. Gambito, desesperado por ganar, intentó sabotear a los demás competidores, pero sus trucos solo lo retrasaron.
Timsy, emocionado, nadaba junto a la orilla, animándome.
— ¡Vamos, hermanito! ¡Tú puedes! — gritaba, mientras el pez bruja Filipo glugleaba en señal de apoyo.
En un momento, una corriente particularmente fuerte me desvió del camino, pero logré recuperarme rápidamente. Gambito intentó aprovechar la oportunidad para adelantarme, pero lo esquivé con un movimiento rápido. Finalmente, crucé la meta en primer lugar, ganando la competición. Gambito, furioso, llegó en segundo lugar, reprochándome mi victoria y acusándome de hacer trampas. Sin embargo, mi actuación había sido tan impecable en todo momento que las acusaciones cayeron en saco roto.
La Ningyo anunció mi victoria en los decimocuartos Juegos Acuáticos de Momobami. Los espectadores aplaudieron y celebraron, mientras Timsy saltaba de alegría.
— ¡Lo sabía! ¡Eres el mejor! — exclamó, abrazándome.
El pez bruja Filipo se acercó y, con una serie de glugleos, me contó lo que sabía sobre el campamento pirata.
— Glu, glu... — dijo Filipo, mientras Timsy traducía. — Dice que todas las semanas llega un cargamento de ron al campamento pirata. Es el momento perfecto para explorarlo, porque hay mucha actividad y distracción.
Asentí, agradecido por la información.
— Gracias, Filipo-lurk. Esto nos será de mucha ayuda-lurk — dije, mientras Timsy sonreía orgulloso.
Con la competición terminada y la misión en marcha, nos preparamos para nuestra próxima aventura. Había demostrado mi valía en el mundo submarino, y Timsy, como siempre, había añadido un toque de caos y diversión a la jornada.
La sirena Ningyo, con su caracola gigante, anunció que la competición se reanudaba después de unas horas de deliberación.
— ¡Atención, criaturas del mar! — Su voz resonó en las profundidades. — Hemos decidido permitir la participación de Umibozu, el gyojin. Aunque tiene una recompensa en el mundo de los humanos, aquí, en las profundidades, sus problemas con ellos no nos conciernen. ¡En el mundo submarino, todos somos iguales! ¡Que comiencen los juegos!
Un murmullo de aprobación recorrió el lugar. Timsy, a mi lado, saltaba de emoción.
— ¡Esto va a ser épico, hermano! — gritó, agitando sus aletas como si fuera un delfín enloquecido.
Yo me encogí de hombros, tratando de parecer indiferente, pero en el fondo sentía una mezcla de curiosidad y determinación. Si iba a competir, lo haría bien. Además, era una oportunidad para ganarme el respeto de los habitantes del mar y, de paso, cumplir con la misión de Tofun.
Primera Prueba: El Rescate del Pez Atrapado
La primera prueba consistía en liberar a un pez atrapado en una red de pescadores y llevarlo de vuelta a la sirena. Los competidores nos alineamos a 30 metros de la red, cada uno con nuestra propia red para rescatar. Gambito, el Wotan tramposo, se colocó a mi lado, sonriendo con confianza.
— ¡Listos! — gritó la sirena, creando una enorme burbuja de aire que explotó con un sonoro ¡Plop!
Me lancé a la carrera, o mejor dicho a la travesía, sin dudarlo. Gambito fue rápido, pero yo lo superé en cuestión de segundos. Mi tamaño jugaba en mi favor, pues apenas tuve que estirarme para llegar hasta el objetivo de la prueba. Al llegar a la red, noté que era mucho más pesada de lo que parecía, mi fuerza apenas me permitía mover la red. Gambito se acercaba raudo, así que en lugar de sacar al pez tiré de ingenio. De un fuerte mordisco corté la red, lo que me permitió liberar al pez sin dificultad. Lo sujeté con cuidado, asegurándome de no lastimarlo, y comencé a nadar de vuelta.
Timsy, desde la distancia, no podía contener su emoción.
— ¡Eso es, hermano! ¡Demuéstrales quién manda aquí! — gritaba, mientras el pez bruja Filipo glugleaba a su lado, como si estuviera dando consejos estratégicos.
Gambito intentó distraerme lanzando burbujas en mi camino, pero ignoré sus trucos y seguí adelante. Llegué a la sirena en primer lugar, entregando el pez rescatado con cuidado. Gambito llegó en segundo lugar, frunciendo el ceño al ver que su trampa no había funcionado.
Segunda Prueba: El Laberinto de Algas
La segunda prueba era un laberinto de algas gigantes, donde debíamos encontrar un tesoro escondido. Las algas se movían con las corrientes, cambiando constantemente el camino, lo que hacía que el desafío fuera aún más difícil.
— ¡Que comience la búsqueda! — anunció la sirena.
Entré en el laberinto con calma, usando mi experiencia en la navegación submarina para orientarme. Las algas eran altas y espesas, y las corrientes hacían que fuera difícil mantener el rumbo. Gambito, por su parte, intentó seguirme para aprovecharse de mi sentido de la dirección, pero lo despisté nadando en círculos tras percatarme de lo que se había propuesto.
Timsy, desde fuera, no podía resistirse a dar consejos.
— ¡Hermano, a la izquierda! ¡No, a la derecha! ¡Espera, recto! — gritaba, confundiendo a todos los que lo escuchaban.
Finalmente, encontré el tesoro escondido entre las algas. Era una pequeña caja de madera con incrustaciones de nácar. La tomé con cuidado y salí del laberinto en primer lugar. Gambito, frustrado, llegó en segundo lugar otra vez, murmurando algo sobre "mala suerte".
Tercera Prueba: La Carrera de las Corrientes
La última prueba era una carrera a través de un campo de corrientes traicioneras. Debíamos llegar a la meta sin ser arrastrados por las fuertes corrientes.
— ¡Que comience la carrera! — anunció la sirena.
Nuevamente comencé a nadar tan rápido como podía. Las corrientes eran poderosas, tirando de mí en todas direcciones, pero logré mantenerme en curso gracias a mi gran corpulencia. Mi tamaño era muy grande incluso para ser un wotan. Gambito, desesperado por ganar, intentó sabotear a los demás competidores, pero sus trucos solo lo retrasaron.
Timsy, emocionado, nadaba junto a la orilla, animándome.
— ¡Vamos, hermanito! ¡Tú puedes! — gritaba, mientras el pez bruja Filipo glugleaba en señal de apoyo.
En un momento, una corriente particularmente fuerte me desvió del camino, pero logré recuperarme rápidamente. Gambito intentó aprovechar la oportunidad para adelantarme, pero lo esquivé con un movimiento rápido. Finalmente, crucé la meta en primer lugar, ganando la competición. Gambito, furioso, llegó en segundo lugar, reprochándome mi victoria y acusándome de hacer trampas. Sin embargo, mi actuación había sido tan impecable en todo momento que las acusaciones cayeron en saco roto.
La Ningyo anunció mi victoria en los decimocuartos Juegos Acuáticos de Momobami. Los espectadores aplaudieron y celebraron, mientras Timsy saltaba de alegría.
— ¡Lo sabía! ¡Eres el mejor! — exclamó, abrazándome.
El pez bruja Filipo se acercó y, con una serie de glugleos, me contó lo que sabía sobre el campamento pirata.
— Glu, glu... — dijo Filipo, mientras Timsy traducía. — Dice que todas las semanas llega un cargamento de ron al campamento pirata. Es el momento perfecto para explorarlo, porque hay mucha actividad y distracción.
Asentí, agradecido por la información.
— Gracias, Filipo-lurk. Esto nos será de mucha ayuda-lurk — dije, mientras Timsy sonreía orgulloso.
Con la competición terminada y la misión en marcha, nos preparamos para nuestra próxima aventura. Había demostrado mi valía en el mundo submarino, y Timsy, como siempre, había añadido un toque de caos y diversión a la jornada.