
Shy
"Shy"
12-02-2025, 01:35 AM
Una solitaria mariposa se posó sobre la lápida. Las cigarras estridulaban, embarcándose en un titánico esfuerzo por sofocar el asfixiante silencio, y fracasando en el intento. Un par de gorriones se acicalaban en una rama, hasta que uno partiría, alzando el vuelo. No sería la última vez que Rin vería esa estampa. No, en el futuro habría de compartir el dolor de aquel gorrión que se había quedado solo, sin su compañero. Mas ese futuro dolor no importaba. No, cuando no se había superado aún la tragedia del presente.
Habían escogido aquel agreste paraje, una extensión de pradera que acababa en un acantilado que miraba al oeste. El sol de poniente se cerniría siempre sobre la tumba de Ame, iluminándola con sus carmesíes haces en cada atardecer, mientras la luz se perdía en el mar para dar lugar a la noche.
Rin estaría solo cada noche a partir de entonces. Aquella realidad se había asentado en su cabeza, del mismo modo en el que un enfermo terminal asume su propia mortalidad. Era incapaz de escapar de aquellos pensamientos, que se reiteraban como la sucesión de amaneceres y atardeceres que enmarcan el inicio y el fin del día.
Rin suspiró, herido no solo en términos físicos, sino a un nivel más profundo. Nunca había tenido facilidad para la introspección, reconocer sus emociones se le daba notablemente mal. Tal vez por esa razón su pecho dolía tanto, y sentía que se le abría una oquedad negra y profunda donde debía de estar su corazón; y al mismo tiempo sentía que dicho corazón se volvía más pesado. Sus emociones se sentían contradictorias. Esa debía de ser la naturaleza del dolor. Debía de fundamentarse en la incapacidad de una persona de reconciliar lo que sentía y lo que debía de sentir. Al menos, esa era la forma que tenía Rin de racionalizarlo.
Rin el tímido observó a la mariposa despegarse de la tumba y levantar el vuelo. Se iba. Ahí era donde terminaba todo. Donde la vida perdía el sentido. La alegría dejaba el mundo con elegantes aleteos, para perderse en la oscuridad de la noche. Se volvió, con letárgicos movimientos que hasta el más insensible podía calificar de apesadumbrados. Buscó crisálidas en las ramas de los árboles mientras volvía. A Ame le encantaba verlas, hasta el punto de esperar horas solo para intentar presenciar cómo eclosionaban. ¿Tendría él la oportunidad de encontrar más mariposas? ¿Podría volver a disfrutar de su vuelo?
¿Había una oportunidad para el renacimiento?
***
Shy aterrizó desde una puerta que había creado al interior de una lujosa habitación. La misteriosa señora que había dado inicio a todo se sobresaltó, dejando caer la taza de té que bebía mientras daba un respingo. Una pena, pensó Shy. Parecía cerámica de primera calidad. El cazador descargó en la estancia los cadáveres que cargaba sobre cada hombro: sendos matones que había posicionado la mujer para custodiar a la hermana de Hyun, la silenciosa Nari. Esta misma salió de la puerta que había creado Shy con tímido y medroso ademán, posicionándose detrás del cazador.
-Está conmigo –advirtió Shy, en su tono más amedrentador-. Váyase.
A la mujer le temblaban las piernas, una falda larga no ofuscaba aquella visión de ningún modo. El labio le palpitaba como a un niño asustado, y usaba sus manos para agarrarse las telas del vestido, buscando seguridad.
-Tú… Pero…
A Shy no le quedaba paciencia.
-¡Lárguese! –ordenó el cazarrecompensas con un furioso bramido.
La mujer dio un asentimiento dubitativo antes de darse la vuelta. Mientras se encaminaba hacia la puerta, Shy cambió de opinión, de modo que dejó caer una de sus agujas por la manga hasta su mano y la arrojó con gesto desdeñoso contra la coronilla de la mujer, matándola antes de que pudiera siquiera darse cuenta de que su vida había terminado. Un final bastante soso para alguien tan teatral.
Shy sabía que esto solo podía traer consecuencias negativas, pero decidió que aquel instante de imprudencia era algo que no podía contener en su interior. Aquella señora debía de morir por lo que había hecho. Nadie se metía así como así con Shy, el Tejedor Silencioso, y menos aun cuando solo pretendía honrar a un compañero caído. Probablemente Hyun la hubiera dejado escapar y hubiera aunado el valor para enfrentarse a ella en un futuro, con igualdad de condiciones. Pero al final del día, Hyun había muerto, Shy había sobrevivido –inexplicablemente, puesto que el primero era un mejor y más noble guerrero, y él no era tan buena persona como Hyun. El mundo lo había perdido y había decidido dejar atrás a un asesino sin escrúpulos, de forma que, de alguna manera, lo que se había escogido era una existencia un poco peor. Ya no tenía sentido contenerse, ni intentar imitar a una persona ejemplar. Ahora seguiría su naturaleza hasta las últimas consecuencias.
-Hora de marcharse –sentenció Shy, abriendo otra puerta para Nari y para él.
***
Volvían a estar a las afueras de Shimotsuki. Shy avanzaba con largas y decididas zancadas. Sabía adónde iba y lo que quería. Como tenía que cuidar de Nari. Como protegerla. Como…
-¡Espera! –expresó la voz a sus espaldas.
Shy se giró, confundido.
-Tengo algo que decir…
-No hay tiempo…
-No, en serio –insistió la muchacha-. Déjame decírtelo.
Shy parpadeó con incomprensión.
-Deberíamos seguir. Loguetown…
-No soy la hermana de Hyun –admitió la muchacha, bajando la cabeza.
¿Qué?
-¿Qué dices?
-No soy su hermana –repitió.
-¿No eres Nari?
La chica asintió.
-Sí, soy Nari. Pero no soy hermana de Hyun. Éramos vecinos en el País de Kano. Llegamos a ir a la misma escuela. Solían pensar que éramos primos o algo así…
Shy se quedó paralizado. Aquello desde luego desafiaba todo lo que había supuesto hasta ese momento.
-¿Por qué no…?
-Aquella mujer me secuestró y me amenazó. Me dijo que debía actuar como tal. Como ya hacía mucho que no veía a Hyun, prefería mantenerme callada, para que no te dieras cuenta.
-Es de locos…
-Sí, no parecía un muy buen plan. En cualquier caso, te agradezco que me sacases de allí.
Shy agitó la cabeza. Ahora no sabía muy bien qué hacer.
-Bueno, todavía puedo…
-No te preocupes. Esa señora no lo sabía, pero tengo conocidos por aquí. Me quedaré un tiempo, y luego volveré a Kano en cuanto pueda. No es por suponer cosas, pero no creo que puedas ir al West Blue así como así.
Shy asintió y tomó aire. Tanto para nada.
-¿Qué harás? –preguntó Nari.
-Trabajar, supongo… -rezongó Shy.
-¿Puedo decirte algo?
El cazador no sabía que era lo que tendría que decir de todo eso. Posiblemente un discurso en el que le recriminase por la matanza que había tenido lugar, o por la que tendría lugar en un futuro. Resultaba fácil reprender a un cazador de recompensas, ahora que lo pensaba. Shy le hizo un gesto afirmativo, invitándola a que expresase lo que tenía en mente.
-Escucha, veo que lo de Hyun te ha afectado mucho. Y lo entiendo. A mí también me dolió saberlo. Se hacía querer, y mira que no éramos tan cercanos.
Tomó aire, decidida.
-El dolor saca lo peor de todos nosotros. Sé que has sufrido mucho, se te ve en la mirada. Y probablemente hayas hecho un montón de cosas de las que no te sientes orgulloso.
Shy dio un pequeño repaso por toda la gente a la que había fulminado. Ninguna era inocente del todo, pero buena parte no merecía morir por lo que habían hecho.
-Pero si Hyun te acompañó, eso significa que vio algo bueno en ti. Por profundo que fuera, te consideraba una persona buena. Él lo era, y quienes lo son de verdad no suelen rodearse de aquellos que no comparten sus valores.
A Shy aquello le parecía difícil de creer, pero le dejo finalizar.
-Sé que no será fácil. Pero tienes que seguir luchando. Por él. Quizás ahora mismo tu dolor se siente asfixiante, como si estuvieras sumergido en el océano. Pero no es imposible cambiar. No es imposible dejar ir ese dolor y que no influya en nuestras acciones. Si has querido a Hyun, y Hyun te ha aceptado, ¿por qué no alegrarte de que os hayáis cruzado en un mar tan ancho? Tengo la seguridad de que llegará el momento en el que puedas empezar a aceptarte a ti mismo, a perdonarte y a quererte. Y cuando tu dolor deje de espantar a los que te rodean… No volverás a estar solo.
La chica se dio la vuelta para emprender la marcha.
-En fin. Tal vez me equivoque. Y sé que esto que te acabo de decir no amerita una respuesta, con lo callado que eres. Así que… Adiós, Shy. O como quiera que te llames.
Shy la observó dejarle atrás, mientras avanzaba con paso firme, dejando atrás aquella desventura y el papel de apocada muchacha que había asumido. Shy emitió un gruñido de insatisfacción. Tanto esfuerzo para recibir una charla poco inspirada sobre el bien y perdonarse a uno mismo. Pues vaya. Aquella chica ignoraba claramente lo que significaba ser él. Se dio la vuelta, refunfuñando. A la luz del atardecer, avistó en una rama de un árbol del camino capullos. Antes de que pudiera siquiera examinarlos, uno eclosionó, liberando a una preciosa mariposa monarca, que voló hasta perderse el carmesí cielo.
¿Había una oportunidad para el renacimiento?