Hay rumores sobre…
... una isla que aparece y desaparece en el horizonte, muchos la han intentado buscar atraídos por rumores y mitos sobre riquezas ocultas en ella, pero nunca nadie ha estado en ella, o ha vuelto para contarlo...
[Aventura] [T2] Un trabajo que requería atención.
Byron
Que me lo otorguen
18 de Invierno de 724



Los días de invierno posteriores a las fechas festivas siempre suelen ser un incordio. Las luces alegres y tinteantes dejan de adornar los balcones y los monumentos más emblemáticos de las ciudades, desaparece ese ambiente familiar en las calles al no haber tantos niños tarareando en cualquier esquina. Por lo general, suelen ser fechas más alegres en las que ver a gente vestida de forma ridícula aunque tierna, calienta el corazón a cualquier hijo de vecino, aunque siempre quede ese sentimiento contradictorio al recordar con añoranza a los que ya no están, más recordarlos bajo los copos de nieve con tan hogareño ambiente siempre será la mejor forma de descargar unas lágrimas de nostalgia.

Así, como bien decía, los días posteriores suelen ser todo lo contrario. Con ese ambiente extinto, y el desenfreno que suele llevar más de uno en este tipo de situaciones, convierten estos en momentos de volver a la rutina y abandonar el espejismo vacacional, con el ligero matiz de que, si eres uno de los anteriores mentados, probablemente ahora tengas un recuerdo vergonzoso más del que acordarte justo antes de dormir, y siempre viene con un ligero malestar en el estómago. Curiosa sensación, ¿verdad?

Por lo general la parsimonia y pereza invaden las avenidas en este tipo de circunstancias. Y Logue Town, siendo una ciudad grande con multitud de personas, no era para menos. Si, todas y cada una de las luces festivas han sido recogidas, y la nieve acumulada en los rincones pierde su blanco para teñirse por zonas del sucio marrón de la mugre del suelo y las pisadas continuas de los ciudadanos, aunque, aún queda mucho por hacer. Los comercios, establecimientos, tabernas, restaurantes, cualquier lugar que sirviese para celebrar, aún contienes vestigios de estos días anteriores, ya sea por sus carteras a rebosar o simplemente por la cantidad de estropicios ocasionados en fechas tan señaladas, y por desgracia esto es más común de lo que cualquiera querría admitir.

Teniendo este contexto, no es de extrañar que este caso ser perdiese entre un montón de informes, ¿por las vacaciones y el tiempo de inactividad, y merecido descanso de los marines? O en su defecto, ¿por la ineptitud de los cuerpos de protección civil? Según a quien le preguntes, afirmará comprensivamente lo primero, y otros, exclamaran a los cielos lo segundo con una marcada rabia en sus palabras. Sea cual sea el motivo, hasta ahora nadie parecía haberse puesto con este caso, y ya había pasado alrededor de medio mes, también es cierto que con el historial que tiene Logue Town con el Casino Missile y la multitud de piratas encubiertos por estas fechas, quizás y solo quizás, algunos asuntos eran más urgentes.

El aviso era rápido y sencillo, un adolescente de unos catorce años había desaparecido la noche de fin de año, y sus allegados aún estaban esperando que alguien los dignase algo de atención. ¿Quiénes eran? Simple, en las cercanías del Casino Missile, un pequeño burdel es regentado por una Señora Meretriz, de unos 55 años, obviamente ya no ejercía como tal, y ahora simplemente es la que dirige el cotarro. Miss Katherin Enjoy, su nombre, reclamaba que su hijo, había desaparecido durante la fiesta de fin de año y necesitaba que urgentemente alguien se personificase en el lugar para hablar detenidamente de los detalles y así comenzar su búsqueda. Desde luego no era el trabajo más trepidante para tomar, pero el poder conlleva responsabilidad, y por mucha fulana que sea, una madre buscando a su hijo, es una madre buscando a su hijo.

¿Seguiría esa madre buscando la ayuda de la marina? O finalmente, ¿un alma caritativa se encargaría de calmar la ansiedad de esa mujer? ¿Quién sabe? Por lo pronto, el informe sobre el aviso seguía sobre una pila de papeles, pero esta vez, debido al haber resuelto otros que allí se apilaban, se encontraba en primera fila, de fácil acceso para cualquiera que quisiese poner sus manos a trabajar.

Cosas
#1
Arthur Soriz
Gramps
[ · · · ]

18 de Invierno
Año 724

De haber sabido que había tantos casos sin pillar aún, me habría puesto manos a la obra antes. Pero claro, el haberme concentrado tanto en construir el balandro del Kaigekitai y de paso haber llegado hace relativamente poco a Loguetown por lo que estaba en un periodo que podría considerarse aún de adaptación. Al nunca haber salido de Kilombo en toda mi vida, y la única otra isla que recorrí fue en el viaje al North Blue con Swallow, pues claramente me faltaba mucho por aprender y memorizar; con el tiempo ya me iría acostumbrando.

En la mañana había aprovechado a hacer mis calentamientos más que necesarios a mi edad para que mis músculos no estuvieran agarrotados luego. Lo que más deseaba era que no me doliera nada después cuando terminase la jornada... y mira que duelen los huesos después de estar parado más de ocho horas.

Artista Marcial Iniciado
arm300
ARTISTA MARCIAL
Pasiva
Tier 3
20/12/2024
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Agarré uno de los dosier, pidiendo permiso obviamente a mi superior. Lo agarré y leí detenidamente en la madrugada, sentado en los comedores de la base mientras tomaba un chocolate caliente de mi confiable taza con forma de bota de Santa Claus. Por lo que veía una madre había perdido a su hijo la noche de despedida del año. Se me heló la sangre, incluso más de lo que ya lo hacía el frío invernal que azotaba a Loguetown. Suspiré preocupado, ¿cómo estaría el muchacho? Catorce años es una edad aún juvenil, en plena adolescencia y muchos seres despreciables usaban ese momento justo para secuestrar y usarlos como esclavos, trata de blancas y demás.

Era lamentable, pero cierto.

Dejando constancia de que me encargaría de este caso, preparé mis cosas, tomé mi ropa abrigada y me puse la mochila al hombro para así acomodarme el gorro Marine a la cabeza, saliendo de la base poniéndome en dirección al burdel. ¿Me importaba el oficio que tuvieran aquellas mujeres? La verdad es que no, seguía siendo trabajo y cada una de ellas tendría sus razones para estar en esa vida. Como Marine si bien mi trabajo era juzgar a los demás según las leyes, tampoco podía ignorar el hecho de que la gente necesita vivir... sea de forma honesta o no según los ojos de la ley.

Era temprano en la mañana, siquiera era el mediodía y ya había llegado a la zona circundante del Casino Missile. Pedí indicaciones, aunque obviamente con algo de vergüenza porque la mirada que me echaba la gente al ser un marine, viejo y de paso tan alto preguntando en dónde se encontraba dicho burdel pues... vamos, que estaba claro muy bien no sería visto. Pero luego de un rato sí que encontré mi camino a costa de la pena que me dio. Incluso podría verse un ligero rubor en mis mejillas... madre que lo parió.

Al llegar, me dispuse a golpear la puerta principal. Tampoco es que fuera a entrar obviamente, si habían pedido ayuda de la marina, pues yo actuaría como tal. No podía quedarme cruzado de brazos si había una persona en necesidad y mucho menos si había un joven en peligro. — ¡Buenas, estoy aquí para ayudar! ¡Soy de la Marina! —vociferé desde afuera, dándome lo mismo si llamaba la atención de los transeúntes que deambulaban por las calles de esa zona. Yo estaba allí con un solo propósito y ese era ayudar.

datos
#2


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