Hay rumores sobre…
... que existe un circuito termal en las Islas Gecko. Aunque también se dice que no es para todos los bolsillos.
[Diario] Ron, rumores y rencores (Parte 5)
Silver D. Syxel
-
Loguetown
Otoño del año 724

El resplandor anaranjado del incendio proyectaba sombras retorcidas en el puerto de Loguetown. Las llamas danzaban en la superficie del agua mientras el humo se elevaba en espirales densas hacia el cielo nocturno. A lo lejos, se escuchaban voces de alarma y el repique de campanas, señal de que la Marina o los bomberos del puerto no tardarían en intervenir. Pero Silver no tenía tiempo de preocuparse por eso.

Con su espada firmemente apoyada contra el cuello del jefe de la operación, sentía la respiración acelerada del hombre. El sudor descendía por su frente, reflejando el brillo del fuego cercano.

Voy a hacerte una pregunta muy simple —susurró Syxel, con una calma peligrosa—. ¿Dónde está el resto del ron?

El contrabandista, un hombre robusto de piel curtida y cabello grasiento, gruñó entre dientes, tratando de mantener la compostura.

¿Crees que te diré una mierda, bastardo?

Silver apretó el filo un poco más, haciendo que un hilo de sangre se deslizara por el cuello del hombre.

Lo cierto es que creo que sí.

El pirata tragó saliva y dejó escapar un suspiro tenso.

Está en otro almacén del puerto, en el distrito oeste. Pero no somos los únicos que lo queremos. Hay más gente metida en esto.

Nombres.

El hombre vaciló por un momento, pero el filo de la espada presionando aún más no dejó lugar a dudas sobre su destino si se negaba.

Crowley y sus ratas.

Silver entrecerró los ojos. No era un nombre que hubiera escuchado antes, pero el tono con el que lo dijo dejaba claro que no eran unos simples ladrones de poca monta.

¿Quiénes son?

Contrabandistas. Y de los peligrosos. Crowley tiene gente entre la guardia, en los muelles y en los mercados. Si el ron ya ha llegado a sus manos, te garantizo que no estará mucho tiempo en Loguetown.

Syxel evaluó la información rápidamente. Si esos tipos eran lo suficientemente organizados para mover el ron con tanta facilidad, eso significaba que recuperar el cargamento sería más complicado de lo esperado.

Eso es todo lo que necesitaba saber.

Con un movimiento rápido, lo golpeó en la sien con el pomo de su espada, dejándolo inconsciente en el suelo. No necesitaba matarlo, no todavía.
#1
Silver D. Syxel
-
Las llamas crepitaban con más intensidad, y los piratas que no estaban ocupados intentando apagar el fuego finalmente se dieron cuenta de la presencia de Syxel. Cuatro hombres lo rodearon con espadas y dagas en mano, con la determinación de quien ha visto caer a su líder y busca venganza. Uno de ellos, un tipo de complexión delgada pero con cicatrices en los brazos, señaló al capitán con su sable.

¡Ese cabrón nos ha jodido! ¡Matadlo!

El primero en atacar fue un hombre con un machete. Se lanzó con un tajo descendente, pero Silver esquivó con un paso lateral y le hundió la rodilla en el estómago. Mientras su oponente se doblaba de dolor, el pirata giró su espada y le abrió la garganta con un corte limpio.

Los otros tres se movieron al unísono. Uno de ellos intentó apuñalarlo por la espalda, pero Syxel se giró a tiempo y atrapó su muñeca, girándola con fuerza hasta que el hombre dejó caer su daga con un grito de dolor. No le dio oportunidad de recuperarse; lo empujó hacia adelante y atravesó su pecho con la espada.

Los dos últimos, viendo la rapidez con la que caían sus compañeros, dudaron.

Podéis seguir tentando a la suerte… —advirtió Silver con una sonrisa, mientras giraba su espada con calma—. O largaros mientras aún podéis correr.

Intercambiaron una mirada y, sin pensarlo dos veces, se dieron la vuelta y huyeron hacia la oscuridad del puerto. Syxel soltó una carcajada baja.

Sabia elección.



El incendio había crecido lo suficiente como para llamar la atención de todo el puerto. No podía quedarse mucho más. Sin embargo, antes de marcharse, revisó los bolsillos del tipo inconsciente. Encontró una llave pequeña y un trozo de papel arrugado con una dirección escrita en él.

Así que aquí guardan el resto del botín…

Guardó la nota en su chaqueta y miró por última vez el barco. Aunque parte del ron ya estaba a bordo, el fuego y la confusión serían suficiente para retrasar su partida. Eso le daba ventaja. Sin perder más tiempo, desapareció entre los callejones de Loguetown, dirigiéndose hacia el distrito oeste. Si Crowley y sus ratas estaban involucrados, tendría que hacerles una visita.
#2


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