¿Sabías que…?
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[Aventura] [T1] En las Sombras [Leander Swain]
William W.Richard
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Una ciudad tan grande como Loguetown alberga en su interior una variedad social tan admirable como peligrosa, ya que podemos encontrarnos en su interior personas de todas las facciones, alturas, color y hábitos, conviviendo en una especie de ecosistema controlado que siempre está al borde de romperse y explotar. No queda muy claro si es porque es una de las islas de paso hacia el Grand Line o si es porque es el East Blue, pero allí pasan una gran cantidad de criminales, en su amplia mayoría sin muchos problemas, a sabiendas que la base de la Marina que allí se encuentra es de una proporción importante. Aún así, los problemas de Loguetown están en el subterráneo, en los lugares donde la Marina no entra y donde los criminales desconocidos no pueden moverse con soltura por su ignorancia sobre su presencia.

Allí, en esos lugares donde las sombras eran la compañía perfecta, los crímenes internos de aquella isla surgían, en la lejanía del sol y con métodos poco directos, intentando escapar de la vista de la ley para evitar enfrentamientos directos que estaban destinados a perder. ¿Cuál era el crimen organizado de aquella ciudad? Pues todo lo que uno se pudiese imaginar, aunque estaba principalmente centrado en lo que es el comercio del mercado negro o el lavado de dinero. ¿Qué pasa? Que la mayoría de piratas y criminales pasan por allí en su pasaje al Grand Line, por lo que o bien necesitan dinero para costearlo o bien necesitan recursos para realizarlo, por lo que el dinero de uno se transforma en los productos del otro y así en una espiral sin fin, una mina de oro para aquellos con la viveza y la valentía suficiente como para explotarlo.

Leader Swain conocía este mundillo bastante bien, principalmente por la cantidad de años que había vivido allí bajo la tutela de Heimdall, una de las varias Broker que tenía la ciudad, que como era costumbre, influía en distintos lugares, pero mantenía una base en aquella isla, dividiéndose el territorio con otros que habían visto el mismo negocio en su tiempo y habían competido por un trozo del pastel.

Aquella era una mañana tranquila, como casi todas en la isla de Loguetown. Los Marines caminaban de un lado a otro en sus patrullajes diarios, encontrando en su camino sonrisas, olor a comida y niños correteando por las calles y plazas. No había nada que reportar a sus superiores más que tranquilidad y paz. Pero bajo sus pies, los pasadizos oscuros del inframundo no paraban de moverse, como si fuesen ratas esperando devorar carne de carroña, dispuestos a tragarse a algún que otro metiche que ponga su rostro donde no debe.

Leander Swain podría ver el mismo panorama que los Marines, con la única particularidad de observar lo que ellos no podían ver. Un minusválido solicitando dinero en l as calles que esperaba a las almas caritativas para que su hábil compañero tomara sus carteras; un sujeto que vendía sus pinchos de carne picante al triple de su precio real pensando en que aquella zona era principalmente transitada por turistas; y una mujer jugando con su hija en la plaza que esperaba la clave exacta para dar inicio a una venta de estupefacientes a un precio más que razonable.

A la vista de todos Loguetown era un lugar tranquilo, y a los ojos de Leander Swain también, ya que él no solo estaba acostumbrado a ello, sino que comprendía que gracias a que ese submundo estaba invisible, muchos podían disfrutar de ese endeble estado de paz.

¿Qué hacía allí el Lunarian? Pues esa mañana él también estaba de negocios, de esos que los Marines no pueden ver pero que el rincón más profundo de sus mentes sabe que existe, como si pudiesen olerlo en el aire. Heimdall lo había enviado a él, su persona de confianza para acudir a la guarida de uno de sus competidores, un Broker llamado Sunset, debido a que sus agentes solo salían cuando el sol bajaba. La asistencia del Lunarian era requerida ya que uno de los agentes de Heimdall había pasado las fronteras de los límites pactados entre bandas, por lo que su enviado debía hablar por ella para llegar a un trato.

Las palabras de la Broker fueron sencillas -Aprovecha nuestra ofensa para ganar un trato que nos beneficie- tarea sencilla ¿no? Pues no, por más labia que tuviese el civil, esa no era una tarea sencilla, ya que la fama de Sunset lo precedía y no solía dejar las ofensas salir impunes. Pero no tenía otra opción más que encontrar la forma de resolverlo.

Al final del camino turístico, una pequeña colina lo coronaba, como si fuese una línea de meta a la que llegar. Detrás de esa colina, una puerta oculta lo esperaba. Leander Swain la conocía, no era la primera vez que pasaba por allí, pero esta sería la primera vez que entraba, siendo su salida, dependiente de su capacidad discursiva. 

¿Estaba listo? ¿Heimdall estaría loca para asignarle una tarea tan complicada? Quien sabe, ya no había mucho más tiempo para pensarlo, era hora de actuar...

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#1
Leander Swain
Garm
Personaje


45 de Invierno, Año 724


El joven lunarian observó la puerta unos segundos mientras se apoyaba en una roca cercana. El ya sabía que Sunset conocía de su presencia en su territorio desde el momento que lo piso y seguramente podía intuir la motivación que había traído a Leander a sus puertas. Él tenía claro que lo vigilaban y que medían cada minúscula acción que hacía, incluido el tiempo que tardaba en respirar. No conoció a Sunset en persona pero si había oído hablar de él y su reputación por lo que lo mejor era afrontar la situación de cara, de forma tranquila y sosegada pues la ofensa que el otro operativo la había cagado algo que le molestaba también, odiaba a quien no respetaba las reglas no escritas del mundo donde tanto él como Heimdall y Sunset se movían, uno que a la mina podía saltar por los aires por lo que todos sabían que la mejor solución en este momento era la diplomacia desde el respeto, no palabras vacías y trampas.


Leander se separó de la roca y caminó hacia la puerta sacando su petaca de plata y dando un sorbo. Al estar cerca de ella a unos pocos centímetros la observó de arriba a abajo, buscando símbolos o marcas pues antes de entrar en la cueva del lobo el quería cerciorarse de que estaba entrando en la correcta, muchos bandidos y gente del submundo podían usar sitio así por lo que era mejor cerciorarse. Tras unos segundos toco la puerta, echando a un lado de forma que quedara a una distancia apartada lo suficiente para no ser pillado desprevenido y también para quedar a suficiente distancia en caso de que hubiera que salir huyendo si fuera una situación complicada aunque justo donde estaba su voz podría escucharse al otro lado de la puerta y estaba visible lo suficiente si alguien la entreabriera.

Resumen
#2
William W.Richard
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Desde la lejanía, aquella entrada podía notarse como el final de un camino o el inicio de un montículo, una especie de adorno rectangular colocado allí por alguien desinteresado, pero los integrantes de las mafias del bajo mundo conocían las señales y las entradas, siendo esa la forma que tenían para adentrarse en las madrigueras de la oscuridad y crear un submundo a espaldas de la sociedad de cada isla.

Una pequeña parte de la piedra se abrió repentinamente cuando Leader golpeó solicitando ingreso. De aquella ventanilla en la piedra, se asomaron dos ojos blancos como la leche que lo analizaron de arriba a abajo por unos segundos para posteriormente cerrar la ventana en completo silencio. ¿Qué había sido eso? Pues había una razón por la que nadie más descubría aquel lugar por accidente. Si eras esperado, serías recibido, si no, serías rechazado o incluso peor, podrías desaparecer del mapa si no eras precavido.

La puerta se abrió girando sobre su propio eje, haciendo el ruido de unas poleas, y revelando la imagen del hombre de los ojos blancos, una especie de portero que solamente por su tamaño, podría decir que ocupaba casi toda la circunferencia de aquel túnel. 

Guardián de la Cueva

El hombre era tosco y completamente obeso, pero mostraba tener una fuerza y resistencia enormes, aún desde la distancia y sin necesidad de probarlo en combate. Sin decir nada, el guardia le indicó a Swain que lo siguiera, tomando una antorcha que estaba prendida en la pared para guiarlo. 

En cuanto Leander diera un paso dentro de la cueva, la puerta se cerraría como se abrió, con una rapidez inimaginable para una entrada de tal porte, pero además dejando a las antorchas del interior como única fuente de luz.

La humedad de la cueva podía sentirse en el aire, como si no hubiese oxígeno limpio allí, solo el sudor del guardia que caminaba delante de él y las pequeñas goteras que escapaban al ojo humano por la falta de luz.

Cuando el aire comenzó a sentirse un poco más ameno, la circunferencia de la cueva creció, haciendo que el obeso perdiera tamaño relativo con su entorno. En aquella estancia, solo una opción aparecía delante como el camino a seguir: un montacargas viejo que estaba abierto a los lados, permitiendo a los que se adentraban en él a ver el resto de la cueva que estaba más adelante, pero en niveles distintos de altura.

Si Leander hubiese tenido opciones, podría haber decidido, pero el guardia prácticamente lo empujó hacia el montacargas, jalando de la palanca hacia atrás, haciendo que el aparato fuese hacia arriba. 

Mientras subían niveles lentamente y de una forma un poco rudimentaria o incluso peligrosa, Leander podría ver hacia atrás la inmensidad de aquella caverna, donde en sus niveles inferiores, millares de luces se hacían presentes, notando toda una civilización que vivía bajo tierra en una ciudad tan pacífica como Loguetown. ¿Qué hacían allí? Pues él lo conocía bastante bien, aquello era el movimiento del mercado negro. Minas en pleno actuar para extraer minerales de forma desregularizada, mercados de trata de blancas y selección de dealers para entregas de sustancias. Lo que Leander quisiera estaría allá abajo, pero si bien ahora podía tener mayor información sobre su entorno, había sido guiado hacia un piso superior, que otorgaba una visión superior y un camino único.

Cuando el montacargas se detuvo, dejaría frente a sus ojos un camino cerrado de unos 10 metros y una puerta redonda de madera, como si fuese un escudo vikingo de enormes proporciones, que tenía pintado en la superficie un sol ocultándose en el horizonte.

Sin decir palabra, el obeso le dio un empujoncito en la espalda y lo dejó solo en aquel túnel, ya que tomaría el mismo camino hacia abajo para regresar a su puesto de vigía.

Si bien el camino era único, Leander no estaba obligado a avanzar. Una vez allí, podría o bien continuar hacia el frente con la esperanza lógica de encontrar a Sunset en aquel lugar, o bien podría esperar y volver a llamar al montacargas, esperando que el guardia ya hubiese regresado a su puesto y de tal forma, poder bajar hacia los niveles inferiores.

Una opción era la segura, la concreta y directa. La otra, una más rebuscada, que implicaba utilizar el tiempo en su contra y suponer que podría obtener algún tipo de información o beneficio en los niveles inferiores que le sirvieran a él y a Heimdall. Pero claro, descender significaba exponerse a ser descubierto, y eso podría generar mayores problemas a la larga. ¿Qué decisión tomaría?
#3
Leander Swain
Garm
Leander que se había acostumbrado a frecuentar sabía una cosa segura, aquel lugar le encantaba y se encontraba en su elemento. No podía evitar sonreír, apreciando claramente la labor que Sunset tenia allí o al menos eso parecía, era una buen guarida, muy buena desde luego y como tal esta estaba llena de ojos y oídos por lo que cualquier movimiento podría complicar más las cosas, más teniendo en cuenta que no jugaba en casa por lo que decidiría la forma más prudente y decidió acercarse a la puerta despacio queriendo enfrentar el problema de forma “civilizada” pues pese a muchos tildan de salvajes a la gente que habita el inframundo este se había mantenido relativamente estable por que todo conflicto puede tener una solución, incluso una beneficiosa para ambos.


En este caso al menos, principalmente para no empeorar las cosas, decidió no hacerle caso a su voz interior y tocó la puerta antes de volver a tomar una distancia precavida. Mientras tanto observo las paredes del lugar, buscando quizás trampas escondidas o cualquier otro dispositivo extraño pero por suerte parecían estar limpias. Leander sacó su petaca y dio un sorbo a esta.


Tenias que liarla tu, Cravus… suspiro guardando nuevamente la petacaConcretamente tú , como siempre…


Leander esperó pacientemente, confiaba en su carisma para sacar esta situación de forma correcta más estaba confiado de ella pues no solía fallar, menos a la hora de negociar donde siempre ponía atención a los pequeños detalles y gestos además de ser capaz de leer entre líneas. Ahora solo quedaba esperar, quería arreglar las cosas de una vez por todos con Sunset y quizás si había suerte jubilar de una maldita vez a Cravus después de tantos fallos.
El ambiente estaba cargado de tensión, y cada sombra parecía ocultar un secreto oscuro y profundo. La determinación de Leander crecía con cada paso, mientras su mente se preparaba para desentrañar intrigas que, en ocasiones, resultaban tan mortales como inevitables y sin piedad pero había algo seguro y es que jugaría bien sus cartas, debía hacerlo.
#4
William W.Richard
@@l6Qkq
La puerta se movió lentamente, pero nadie apareció directamente para recibirlo. Desde el interior, una bruma salía en busca de oxígeno, producto de la gran cantidad de cigarrillos y otras sustancias que estaban prendidas dentro. Leander ya lo sabía, aquel submundo se prestaba para las mayores de las perversiones y los excesos, por lo que no era de sorprender que el aire estuviese tan enviciado, pero el humo apenas le permitía observar el interior y por tanto, las figuras allí presentes pasaban a ser simplemente sombras, susurros de su realidad.

-Espero que seas el muchacho de Heimdall- una voz grave y perversa rompería el hielo, invitándolo a entrar con una fuerza de atracción difícil de explicar. La forma de entonar de aquella figura era tan oscura que ponía los pelos de punta, pero tan carismática que parecía incitar a las personas a dar el primer paso hacia el interior de la cueva de los depredadores.

Junto con él, cerca de una veintena de ojos brillosos apuntaron hacia la puerta, centrando su visión en el civil, hostigándolo con su mera presencia. Lentamente el humo comenzaba a disiparse, permitiendo a Leander observar el interior de la sala y a sus miembros. Las pintas eran claramente de mafiosos, personas que obtenían ganancias a costa de otros y con negocios ilegales, pero a su vez, eran figuras que mostraban clase, porte, cuidado, por lo que no estaba tratando con meros delincuentes, sino con personas que tenían vidas lujosas y que no dudarían en mover sus influencias al momento que les disgustara cualquier tipo de acuerdo.

-Pasa mocoso, hay asuntos que tenemos que tratar...- era el único en hablar, la única voz en el ambiente, retumbando en todas las paredes de la caverna como si fuese un eco interminable. En su voz se podía notar el largo consumo de tabaco y whisky, junto con su capacidad discursiva y su estatus. ¿Cómo podía deducirse todo eso solo al escucharlo hablar? Pues no había una forma de explicarlo, o más bien, la explicación requeriría de tanto tiempo que Leander quedaría paralizado procesándolo, pero algo en su interior lo sabía, algo había deducido aquello de forma intuitiva y no necesitaba pasarlo a la lógica; se enfrentaba a un pez mediano dentro del inframundo, pero que para él, era lo más peligroso que había enfrentado hasta el momento, rivalizando incluso con su protectora.

Sunset y cercanos
#5
Leander Swain
Garm
Leander entró en la sala sonriente, observando a todos los presentes mientras los analizaba de forma cínica aunque respetuosa, no mirando más de lo necesario. Espero a que la puerta se cerrase detrás de él para acercarse quedando a una distancia formal dentro de los límites al tratar con gente así, el lunarian los conocía bien.

Así es, soy el chico de Heimdall aunque se que ya lo sabe, dudo que un hombre de su reputación se le pasen esos detalles — sonrió de forma cortés, devolviéndole de forma sutil y elegante el haberle llamado mocoso aunque de la forma que lo dijo parecía un halago hacia Sunset por ser un hombre de tal reputación — Agradezco que me permita un ápice de su tiempo para solucionar esto, después de todo sabemos solucionar nuestros problemas de forma más elegante y civilizada que gente de ahí arriba.

Leander se tomó unos segundos para analizar a todos dentro de la sala y pese a que ciertamente vestían bien eran solo matones o al menos lo parecían pues el único que reflejaba elegancia como tal era Sunset pues las ropas de los demás eran meros trapos baratos en comparación con el traje de este.

¿Me permite tomar asiento? — dice de forma aterciopelada antes de chasquear los dedos — Cierto, ¿Como se encuentra el causante de este problema? Espero que el idiota de Cravus siga vivo, no por que me importe si no, digamos que quiero devolverle el favor de haber, como decirlo de forma cortés… Ah si, meterse en asuntos ajenos que no debía…

Leander claramente estaba manteniendo las formas pero sinceramente la situación con Cravus le hacía arder la sangre mucho. No le gustaban las personas que la cagaban varias veces y más cuando él tenia que solucionar sus problemas pero no le quedaba otra así que allí estaba haciendo de diplomático para solucionar un problema del que el mismo Cravus tenía que haber salido 

Resumen
#6


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