Alguien dijo una vez...
Donquixote Doflamingo
¿Los piratas son malos? ¿Los marines son los buenos? ¡Estos términos han cambiado siempre a lo largo de la historia! ¡Los niños que nunca han visto la paz y los niños que nunca han visto la guerra tienen valores diferentes! ¡Los que están en la cima determinan lo que está bien y lo que está mal! ¡Este lugar es un terreno neutral! ¿Dicen que la Justicia prevalecerá? ¡Por supuesto que lo hará! ¡Gane quién gane esta guerra se convertirá en la Justicia!
[Común] El cariño del hogar - Invierno, Día 27, Año 724
Key
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Una fría brisa movía las blancas nubes lentamente. Tal vez eran lo suficientemente densas como para que acabase lloviendo, quizás si descendía lo suficiente la temperatura, con la llegada de la noche, podría acabar nevando. El Juicio de los Reyes se abría paso desde la inmensidad del mar, acercándose imponente a su destino mientras besaba las olas en su primer viaje. Aquel Balandro que había supuesto tanto esfuerzo para el viejo marine Arthur Soriz le llevaba de vuelta a su hogar.

Cuán rápido pasa el tiempo a veces. El tigre y dragón que había tallado con tanto esmero eran la avanzadilla, pero el rumbo lo marcaba la joven que había conocido tan solo cuatro días atrás. En algunas ocasiones parecía que aquella situación era algo habitual, pero llena de la emoción del descubrimiento. Se sentían ambos tan cómodos el uno con el otro. Habían hablado tanto durante aquellos días, desde trivialidades a cuestiones a cuestiones serias. A veces daba la sensación de que ambos habían formado siempre parte de la vida del otro.

Ella parecía no querer hablar mucho de su niñez, algo que parecía acongojarla y que indudablemente estaba ligado a la marca de su cuello. Parecía confiar plenamente en su acompañante, tal vez aún no estaba lista para hablar de aquello, pues el motivo de sus evasivas no parecía ser que le preocupasen las consecuencias que pudiese acarrearle que se descubriese su secreto. Se entusiasmaba tanto por cosas tan comunes y mundanas. El mundo era algo de lo que aún no conocía ni tan siquiera la superficie, pero había cosas que tenía claras. En algún momento le había dicho:

"Ojalá todas las personas pudiesen disfrutar de todo esto, sin miedo, con una bonita sonrisa en su rostro".

Que deseo tan simple y complicado al mismo tiempo.

La joven pegó un salto y se aproximó a Arthur con una energía desbordante, mientras agarraba uno de sus brazos con su mano izquierda y con la derecha señalaba hacia el frente.

- ¡ARTHUR! ¡Según el mapa hemos llegado! ¿Es esa isla? ¡¿Esa es tu querida Kilombo?!

Sus pupilas se habían dilatado para no perderse nada de aquella maravilla. Estaba tan impaciente por ver todos esos lugares de los que le había hablado. Poco a poco se aproximaban al puerto. Arthur había vuelto a casa.
#1
Arthur Soriz
Gramps
A pesar de haberse conocido días atrás, la conexión sentimental que tenían el uno con el otro hacía pensar que se conocían de toda la vida. Y quizás, tan solo quizás... el destino lo había decidido así; o la suerte. Cual fuera la verdadera razón, ambos lo disfrutaban como si estuvieran en la más maravillosa aventura de sus vidas. Incluso cuando solo estaban recorriendo el East Blue, considerado por muchos el mar cardinal más débil de los cuatro, eso a ellos le daba exactamente lo mismo. En cambio, la verdadera intención de Arthur en estos momentos era darle a conocer a Keiko un trozo de su vida, de lo que fue crecer en aquel lugar que consideraba su hogar, que lo fue por más de sesenta años y al que ahora estaba volviendo luego de lo que sintió como una pequeña eternidad.

Honestamente, las charlas que estaban teniendo si bien a veces eran serias, Arthur prefería alejarse de los temas delicados para quien aún conocía como Mirage. ¿Por qué? Por el simple hecho de que respetaba su privacidad y sus tiempos. Son heridas que aún no habían sanado y que... probablemente, no sanarían nunca. Uno aprende a sobrellevarlas, pero la sanación quizás nunca sucede... no del todo al menos. Pero comprendes cómo sobrellevarlo.

Mientras estaban en camino, Arthur se aproximó a Mirage, poniéndole una mano en la espalda acariciando esta con gentileza y le miró de soslayo ocasionalmente, otras veces fijaba su vista tan solo en el infinito horizonte.

¿Sabes? Mi padre se habría puesto muy feliz de escuchar eso que dices... Y yo sigo luchando por ello, por que todos puedan sonreír y disfrutar de este mundo sin miedos, sin peligros... Que sepan que hay quienes estarán allí para ellos, protegiendo sus sonrisas... y su libertad.

Fue lo que el mayor le dijo a su joven compañera mientras navegaban por el East Blue. Ocasionalmente tenían pequeñas pausas en los puertos de otras islas, nada más para conseguir algunas raciones y seguir el recorrido. Pero, Pronto luego de unos días en altamar, fue ella la que divisó los primeros indicios de Kilombo en el horizonte, y con ello, una amplia sonrisa se dibujaba en el rostro de Arthur. Reconocería aquel faro en cualquier lado, grabado en su cabeza como un tatuaje eterno.

Cuando escuchó las efusivas y emocionadas preguntas, el viejo Marine soltó una sonora carcajada y asintió, señalando hacia donde se encontraba aquella alta y esbelta estructura.

¡Sí, esa es! ¡Y ahí está el faro, el que te comenté donde pescaba con mi papá desde pequeño! —comentaba emocionado, incluso se le acumulaban las lágrimas en los ojos pero no de tristeza... sino de genuina alegría por volver. Se sentía como si hubiera estado una pequeña eternidad sin poner pie en su hogar... y la verdad es que ya le hacía falta. — No puedo esperar a mostrarte todo... ¡incluso allí está el G-23, la base Marine! ... Wah, no ha pasado un año desde la última vez que puse pie aquí y siento que ha pasado una vida entera...

Ya su voz sonaba un poco más melancólica pero no por ello quebrada ni llorona. Todo lo contrario, era un orgullo que le llenaba por completo al saber que podría volver a ver a toda esa gente que sentía de cierto modo había dejado atrás. Y ahora, tendría la oportunidad de que alguien tan maravillosa como lo era Mirage, los conociera también. Casi parecía un niño impaciente queriendo mostrarle algo nuevo a sus amigos, algo genial y que estaba seguro les encantaría. Sabía de antemano que podrían haber cosas aburridas en Kilombo, muchos viejos, mucha gente antigua... pero seguía siendo su dulce hogar.

Y quería mostrárselo a ella.
#2


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