Alguien dijo una vez...
Rizzo, el Bardo
No es que cante mal, es que no saben escuchar.
[Común] Amazon en casa [Gavyn]
Gavyn Peregrino
Rose Branwell
Detestaba esta isla, definitivamente. Isla Kilombo podía ser el lugar más alegre que había conocido hasta el momento, pero no me agradaba ni un poco en absoluto. Había viajado tan pocas veces al lugar con muy buenas razones, suficientes para no intentar acercarme debido a la escasa distancia que compartía con mi lugar de nacimiento ¿Qué otra buena razón necesitaba? Pero, al parecer, todo mundo tenía un gusto compartido por este lugar que no llegaba a comprender ni querría hacerlo muy pronto, nada bueno salía de las situaciones en las que las personas acortaban la distancia con su pasado, por algo preferían mantenerlo apartado ¿No? Pero la suerte, últimamente, no estaba de mi parte a la hora de realizar comercios, la última ocasión fue en Isla Goza, donde resultó que quien quería venderme una página de la enciclopedia de las Akuma no Mi era una marine. Prejuicios dirían algunos ¡Si! Muchos y, a pesar de mi desagrado por los marines, eran prejuicios justificados.

Hasta cierto punto.

La sargento en Isla Goza resultó ser de lo más agradable al final, pero ella continuaba siendo una marine y yo el tipo de persona al que ella encerraba si se le daba la oportunidad, si hubiese descubierto mis intenciones para con la página probablemente no me diría nada en absoluto, pero mi trabajo era otra cosa. Y dos advertencias veladas sobre cómo mi cabeza iba a rodar o me iban a convertir en un espécimen embalsamado si me acercaba demasiado a lo que el Gobierno Mundial ocultaba eran suficientes para que me aleje de ella tan pronto como acabó la reunión. No quería lidiar con ese tipo de situaciones moralistas, para eso estaban las organizaciones y facciones correspondientes, y los filósofos de los libros, esos últimos me encantaban.

Mientras caminaba por las calles empedradas y bulliciosas, deslizando los dedos entre las plumas de mis alas blancas para acomodarlas, saqué de mi chaqueta de aviador un paquete de cigarrillos ya armados, usualmente me encantaban los de hojas de frambuesa, pero solía esconder una variedad de hojas interesante en muchos de ellos, para mejorar mi estado de ánimo día a día, uno siempre necesita un impulso, a fin de cuentas. Me llevé el cigarro a los labios, quemando la punta con un encendedor, y le di una calada profunda, mientras esquivaba a la gente, evitando que toquen mis alas, accidental o no accidentalmente, las personas tenían la mala costumbre de tocar sin consentimiento, especialmente si lucía adorable y esponjoso, como mis plumas, pero la sensación de las manos indeseadas, grasosas y desagradables me causaba escalofríos, no podía disgustarme más.

Especialmente por parte de los niños. Usualmente era más tolerante con los niños, pero hoy no me sentía para nada generoso, tanto por la isla, como por el lugar demasiado público al que tenía que asistir. Tenía tiempo de sobra para llegar a la ubicación acordada, así que caminé con tranquilidad, sin aflojar el paso rápido que había llevado hasta el momento. Por lo general volaría hasta el lugar, pero me había detenido en una tienda para escapar del ajetreo y comprar algunos suministros antes de salir unos diez minutos después. Una vez localicé el lugar al que tenía que llegar no perdí el tiempo en seguir caminando, extendí las alas lentamente, dándole la oportunidad al gentío de apartarse y las agité para volar hacia la terraza sin prisa. Estaba bien ubicada, era el tipo de lugar que utilizaría si no tuviese la oportunidad de vigilar todo desde lugares altos.

Descendí en la terraza, con cuidado de no tirar nada ni dañar el amueblado lugar, plegué las alas en un movimiento veloz y suave, buscando con la mirada a quien me había invitado a realizar un intercambio en Isla Kilombo, no fue para nada complicado encontrarle, especialmente debido a su altura, destacaba como un punto dolorido en el cuerpo sano de una persona. Del mismo modo que yo debía destacar en muchas ocasiones cuando mis alas atraían la atención de los transeúntes allá a donde iba. Necesité pocos pasos para llegar a la mesa que estaba ubicada en una esquina y tomar asiento frente al gigante rubio, vaya, que precavido. Esbocé una sonrisa despreocupada mientras apoyaba los codos sobre la madera desgastada.

. – Ah, asumo que eres quien me citó para realizar el intercambio. Tengo lo que me pediste, el valor de los guantes es de 7 millones de berris. –Expliqué con calma, mirando al gigante rubio, completamente impávido– ¿Te interesa la oferta?
#2


Mensajes en este tema
Amazon en casa [Gavyn] - por Ragnheidr Grosdttir - 16-11-2024, 10:27 PM
RE: Amazon en casa [Gavyn] - por Gavyn Peregrino - 24-11-2024, 11:45 PM

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