
Takahiro
La saeta verde
26-11-2024, 04:17 PM
La piedra que lanzó Takahiro cayó por el inmenso agujero del pozo hasta chocar contra el duro suelo de lo que antaño, seguramente, fuera un rebosante aljibe repleto de agua que abastecía a una población, en ese momento, inexistente. Tras ello, junto con el gigantesco gyojin tiburón, con nombre que juega al despiste, comenzó su descenso por el pozo. Desde la misión en el faro de Rostock le había cogido el gustillo a escalar, a fin de cuentas tuvo que subir una pared vertical y, pese a los tomatazos que estaba recibiendo, le había encantado. Apenas unos minutos después de comenzar el descenso, sus pies tocaron el suelo de una especie de plataforma, no pudo evitar sonreír levemente ante el comentario de su compañero, aunque dudaba que pudiera ver la sonrisa.
—He estado en cementerios con más alegría que este sitio —le dijo, mientras trataba de ver algo sin mucho éxito—. Oye, ¿tú puedes ver algo en la oscuridad? —le preguntó inocentemente, intentando contemplar algo—. Yo es que no veo una mierda —aclaró.
Fue entonces, cuando Octo sacó un dial de luz e iluminó la zona.
—Eso también me vale —le dijo, dándole con el puño en la mano a modo de agradecimiento—. Recuérdame que en mi próxima sugerencia al cuartel le pida a la capitana que nos de un juego de linternas.
El agujero en el que se encontraban era bastante grande, tanto que los dos podían combinar en paralelo y aún sobraba espacio. ¿Sería natural o la mano del hombre había tenido algo que ver? Era de esas preguntas que azotaban con fuerza la cabeza del peliverde, que al ver a sus amigos estudiar tanto le había picado el gusanillo de la sabiduría, más no las ganas de hacerlo que son dos conceptos distintos, ya que le gustaba más la labor de campo.
El peliverde no paraba de mirar a un lado y al otro, observando cualquier elemento que pudiera resultar extraño en un entorno como aquel, mientras caminaban hacia lo más profundo de aquel antiguo aljibe. Fue entonces cuando miró hacia el techo y se dio cuenta que sobre sus cabezas había unas estacas de piedra naturales, comúnmente conocidas como estalactitas. Al mismo tiempo, Octo también se había dado cuenta y no pudo estar más de acuerdo con él.
—Algo me dice que al más mínimo movimiento en falso van a comenzar a caer una tras otra y espero que no sea sobre nuestras cabezas —dijo, haciendo una mueca con la cara al imaginarse empalado por una de ellas—. Porque no lo contamos.
El camino llevó a los marines hasta toparse con casi una decena de personas que no estaban muy lejos de ellos. Al parecer no los habían visto, así que Takahiro redujo su paso e intentó ser más cauteloso en sus movimientos.
—Lo que yo te decía —le dijo, suspirando con resignación, para luego relajarse y sonreír—. Estas cosas se nos van a caer encima —Y posó su mano sobre la empuñadura de su espada, mientras cerraba los ojos e intentaba medir la hostilidad y el nivel de poder de aquellas personas [Haki de Observación - Percepción III].
Tras eso, avanzaría un par de metros más y, entonces, detendría a Octo dándole un golpecito con la mano. Se había acordado de su den den mushi de vigilancia y era su momento de usarlo.
—Espera, Octo —le dijo, sacando el den den mushi de vigilancia—. Podemos usar esto, ¿qué te parece? —le preguntó, arqueando las cejas—. Así podemos vigilarlos desde la distancia. Me encargo de acercarlo un poco y a ver cómo nos sale.
Sin dudarlo ni un segundo, el peliverde redujo su presencia [Sigilo de Haki I ] y se acercó cautelosamente, dejando el caracol en un lugar oscuro, para que fuera avanzando lentamente hasta el lugar donde estaban los hombres. Tras eso, volvería con Octojin y esperaría a escuchar y observar lo que estaban haciendo.
—He estado en cementerios con más alegría que este sitio —le dijo, mientras trataba de ver algo sin mucho éxito—. Oye, ¿tú puedes ver algo en la oscuridad? —le preguntó inocentemente, intentando contemplar algo—. Yo es que no veo una mierda —aclaró.
Fue entonces, cuando Octo sacó un dial de luz e iluminó la zona.
—Eso también me vale —le dijo, dándole con el puño en la mano a modo de agradecimiento—. Recuérdame que en mi próxima sugerencia al cuartel le pida a la capitana que nos de un juego de linternas.
El agujero en el que se encontraban era bastante grande, tanto que los dos podían combinar en paralelo y aún sobraba espacio. ¿Sería natural o la mano del hombre había tenido algo que ver? Era de esas preguntas que azotaban con fuerza la cabeza del peliverde, que al ver a sus amigos estudiar tanto le había picado el gusanillo de la sabiduría, más no las ganas de hacerlo que son dos conceptos distintos, ya que le gustaba más la labor de campo.
El peliverde no paraba de mirar a un lado y al otro, observando cualquier elemento que pudiera resultar extraño en un entorno como aquel, mientras caminaban hacia lo más profundo de aquel antiguo aljibe. Fue entonces cuando miró hacia el techo y se dio cuenta que sobre sus cabezas había unas estacas de piedra naturales, comúnmente conocidas como estalactitas. Al mismo tiempo, Octo también se había dado cuenta y no pudo estar más de acuerdo con él.
—Algo me dice que al más mínimo movimiento en falso van a comenzar a caer una tras otra y espero que no sea sobre nuestras cabezas —dijo, haciendo una mueca con la cara al imaginarse empalado por una de ellas—. Porque no lo contamos.
El camino llevó a los marines hasta toparse con casi una decena de personas que no estaban muy lejos de ellos. Al parecer no los habían visto, así que Takahiro redujo su paso e intentó ser más cauteloso en sus movimientos.
—Lo que yo te decía —le dijo, suspirando con resignación, para luego relajarse y sonreír—. Estas cosas se nos van a caer encima —Y posó su mano sobre la empuñadura de su espada, mientras cerraba los ojos e intentaba medir la hostilidad y el nivel de poder de aquellas personas [Haki de Observación - Percepción III].
Tras eso, avanzaría un par de metros más y, entonces, detendría a Octo dándole un golpecito con la mano. Se había acordado de su den den mushi de vigilancia y era su momento de usarlo.
—Espera, Octo —le dijo, sacando el den den mushi de vigilancia—. Podemos usar esto, ¿qué te parece? —le preguntó, arqueando las cejas—. Así podemos vigilarlos desde la distancia. Me encargo de acercarlo un poco y a ver cómo nos sale.
Sin dudarlo ni un segundo, el peliverde redujo su presencia [Sigilo de Haki I ] y se acercó cautelosamente, dejando el caracol en un lugar oscuro, para que fuera avanzando lentamente hasta el lugar donde estaban los hombres. Tras eso, volvería con Octojin y esperaría a escuchar y observar lo que estaban haciendo.
KENB602
KENBUNSHOKU
Haki intermedio
Tier 6
No Aprendida
20

2

El usuario puede de manera activa ocultar parte de su presencia para disimular su propia presencia y energía vital, haciendo más difícil que otros usuarios de Kenbunshoku Haki lo detecten o estimen su fuerza con precisión. Lograra engañarlos siempre que su Voluntad sea superior a la Voluntad de quien lo intenta percibir.
KENB601
KENBUNSHOKU
Haki intermedio
Tier 6
No Aprendida
9

2

Permite al usuario percibir con precisión la presencia de otros seres vivos en un área, siendo capaz de apreciar las emociones que exterioricen y de forma superficial las hostilidades que realmente tienen. Así como estimar de forma general quién es alguien más fuerte o más débil que él. Si lo activa puede anticiparse a un ataque obteniendo para ello un bono de +10 [Reflejos].
Área: [VOLx15] metros | +10 [REF]