
Ray
Kuroi Ya
26-11-2024, 06:25 PM
El camino no tuvo demasiadas complicaciones a partir del punto en el que se encontraron la trampa de fuego, por lo que ambos marines pudieron avanzar sin más impedimentos durante al menos diez o quince minutos. Aquel pasillo era larguísimo, eterno, dando la sensación de que no iba a acabar nunca. Además la tensión constante que les hacía sentir (o al menos a Ray) el hecho de saber que podía haber más trampas en cualquier punto de su trayecto aguardando a que las activasen sin querer tan solo hacía que el tiempo pasase aún más despacio en su cabeza. El joven peliblanco, concentrado a más no poder en sus alrededores y consciente de que probablemente su compañero estaría mucho más distraído que él, trató por ese motivo de ir siempre el primero, buscando que su cautela y sus precauciones fuesen suficientes para mantenerlos tanto a él como a Masao a salvo.
La ausencia de más trampas resultaba muy llamativa, pues no era nada lógico pensar que, habiendo encontrado ya la primera, el resto del camino estuviese despejado. Nadie habría colocado solo una única trampa pensando que iba a ser suficiente para acabar con cualquiera que se acercase sin ser invitado. Nadie era tan estúpido.
Sin embargo llegaron sin incidencias hasta una enorme puerta de piedra que, esculpida con gran maestría, simulaba ser la boca de un descomunal monstruo de aspecto feroz y peligroso. Parecía tremendamente sólida, y pese a que lo intentó con ahínco el marine no fue capaz de encontrar forma de abrirla. Tan solo una especie de rendija que parecía permitir la introducción de alguna clase de código aportaba algo de luz a aquel asunto, pero por desgracia no se habían cruzado aún con nadie ni visto nada en su camino que les hubiera dado la más mínima pista acerca del código de apertura.
Contrariado al no poder continuar, el joven comenzó a mirar con detenimiento sus alrededores en busca de alguna clase de pista. Ya fuera alguna clase de enigma o acertijo, o incluso la existencia de un camino alternativo. Y esto último fue lo que pareció encontrar unos metros hacia su izquierda. Entre los escombros de la pared derruida nacía lo que parecía ser un estrecho camino, oscuro y sin aparente fondo.
- Habiendo llegado hasta aquí... - Pensó el peliblanco. Y era cierto, habían llegado demasiado lejos ya para darse por vencidos, y lo que estaba en juego era demasiado importante. Las vidas de no sabían cuántos gyojins esclavizados corrían peligro cada segundo que pasaban en cautividad. No, desde luego no podían permitirse pecar de cobardía. Ningún camino, por estrecho y oscuro que fuese, debía ser suficiente para impedirles cumplir con su deber, con su cometido. Así que miró a su compañero y, con una expresión en el rostro mezcla entre una sonrisa y un gesto de incertidumbre, le dijo:
- Bueno, parece que la clase de espeleología todavía no ha terminado. Va a tocar seguir metiéndose por túneles.
De nuevo con suma cautela retomó la marcha tras obtener una respuesta afirmativa de Masao. Su compañero era alguien en cuyo poder y capacidad para resolver situaciones peliagudas confiaba plenamente, como lo eran también los demás miembros de la brigada, y se sentía confiado y esperanzado siempre que compartía misión con alguno de ellos.
Poco a poco, tanteando bien el terreno y manteniendo su Haki y sus antenas activos para detectar cualquier posible trampa o presencia, se internó en el estrecho pasadizo y comenzó a recorrerlo. Del mismo modo, para evitar ser localizado por potenciales enemigos ocultó su presencia y dejó de hacer el más mínimo sonido al moverse.
La ausencia de más trampas resultaba muy llamativa, pues no era nada lógico pensar que, habiendo encontrado ya la primera, el resto del camino estuviese despejado. Nadie habría colocado solo una única trampa pensando que iba a ser suficiente para acabar con cualquiera que se acercase sin ser invitado. Nadie era tan estúpido.
Sin embargo llegaron sin incidencias hasta una enorme puerta de piedra que, esculpida con gran maestría, simulaba ser la boca de un descomunal monstruo de aspecto feroz y peligroso. Parecía tremendamente sólida, y pese a que lo intentó con ahínco el marine no fue capaz de encontrar forma de abrirla. Tan solo una especie de rendija que parecía permitir la introducción de alguna clase de código aportaba algo de luz a aquel asunto, pero por desgracia no se habían cruzado aún con nadie ni visto nada en su camino que les hubiera dado la más mínima pista acerca del código de apertura.
Contrariado al no poder continuar, el joven comenzó a mirar con detenimiento sus alrededores en busca de alguna clase de pista. Ya fuera alguna clase de enigma o acertijo, o incluso la existencia de un camino alternativo. Y esto último fue lo que pareció encontrar unos metros hacia su izquierda. Entre los escombros de la pared derruida nacía lo que parecía ser un estrecho camino, oscuro y sin aparente fondo.
- Habiendo llegado hasta aquí... - Pensó el peliblanco. Y era cierto, habían llegado demasiado lejos ya para darse por vencidos, y lo que estaba en juego era demasiado importante. Las vidas de no sabían cuántos gyojins esclavizados corrían peligro cada segundo que pasaban en cautividad. No, desde luego no podían permitirse pecar de cobardía. Ningún camino, por estrecho y oscuro que fuese, debía ser suficiente para impedirles cumplir con su deber, con su cometido. Así que miró a su compañero y, con una expresión en el rostro mezcla entre una sonrisa y un gesto de incertidumbre, le dijo:
- Bueno, parece que la clase de espeleología todavía no ha terminado. Va a tocar seguir metiéndose por túneles.
De nuevo con suma cautela retomó la marcha tras obtener una respuesta afirmativa de Masao. Su compañero era alguien en cuyo poder y capacidad para resolver situaciones peliagudas confiaba plenamente, como lo eran también los demás miembros de la brigada, y se sentía confiado y esperanzado siempre que compartía misión con alguno de ellos.
Poco a poco, tanteando bien el terreno y manteniendo su Haki y sus antenas activos para detectar cualquier posible trampa o presencia, se internó en el estrecho pasadizo y comenzó a recorrerlo. Del mismo modo, para evitar ser localizado por potenciales enemigos ocultó su presencia y dejó de hacer el más mínimo sonido al moverse.