
Zane
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03-12-2024, 01:58 PM
—Mira metroveinte —le dijo despectivamente—. ¿Porque no cierras el bonquino? —le preguntó, para luego ver como uno de sus compañeros de escenarios, el bueno de Davide B. Roncasi, un excelente músico orquesta porque sabía tocarlo todo, le propinaba un puñetazo—. Con lo que tú le has dado es suficiente, bro. Que como vuelva a tener problemas el jefazo me la va a liar, y no quiero movidas con él.
Tras eso, Zane se había dado cuenta que sus palabras parecían haber enfadado al calvorota, quizá demasiado. Él podía entender que quizá le molestara que se metieran con su perro, pero no le gustaba que invadieran su intimidad y estaban dentro de su habitación, de su cueva. Eso era un improperio digno de ser castigado con lo qué denominaba como enseñar la del respeto, es decir, enseñándole el dorso de la mano y para el agua. Sin embargo, no iba a hacerlo.
—Iyo, socio, no te piques —soltó a decir el pelirrojo, mostrando una sonrisa vacilona—. Es que os habéis metido en mi morada. Está feo que alguien invada tu casa sin permiso, ¿o no? Eso me ha mosqueao’ —alzó el puño para golpear el suyo—. Sin rencores, y si tu niño quiere camelarse a la mía pues… ya concertamos una quedada o algo, ahí con sus espaguetis y su cuenquito de agua.
Tras eso, una vez se quedó solo con Princesa, el pelirrojo la miró fijamente a los ojos, haciendo que la linda pomerania echara las orejas hacia atrás y le apartara la mirada, quizá intimidada por su padre o avergonzada porque le habían pillado con un individuo indeseable en su habitación. Fuera lo que fuera, confiando en la inteligencia de su perrita, el rapero no dudó en regañarla.
—Eso no se hace, bonica —le dijo, con tono severo—. Ya sabes las normas. Está absolutamente prohibido traer maromos a casa, ¿entendido?
La perra le gruñó y se fue para su cama, tumbándose y quedándose dormida. Lo cierto era que no sabía si le había entendido, pero estaba actuando como si lo hiciese. Aunque se le pasó pronto, y se fue caminando junto a Zane, la cual subió en su capucha. Allí estaba llorando, algo que poco a poco fue rompiendo el alma del rapero, que una vez llegado al gran salón la soltó para que jugara con el yorkshire.
—Anda, disfruta —le dijo—. Pero donde yo os vea, ¿eh?
Tras esas palabras, el enano de Motorbike volvió a soltar improperios varios, haciendo que Zane se enfadase.
—Me tienes negro, primo —le dijo.
—Negro ya eres —le respondió.
—¡A la mierda! —exclamó el pelirrojo, que se levantó y agarró de un puñado a Paul y lo lanzó por la borda a la vista de todos. Fue un lanzamiento bastante bueno, aunque también ayudaba el poco tamaño de aquel humano. Estaba muy por debajo de la media.
Zane se sentó y se puso a ver como Princesa jugaba con su nuevo amigo.
Tras eso, Zane se había dado cuenta que sus palabras parecían haber enfadado al calvorota, quizá demasiado. Él podía entender que quizá le molestara que se metieran con su perro, pero no le gustaba que invadieran su intimidad y estaban dentro de su habitación, de su cueva. Eso era un improperio digno de ser castigado con lo qué denominaba como enseñar la del respeto, es decir, enseñándole el dorso de la mano y para el agua. Sin embargo, no iba a hacerlo.
—Iyo, socio, no te piques —soltó a decir el pelirrojo, mostrando una sonrisa vacilona—. Es que os habéis metido en mi morada. Está feo que alguien invada tu casa sin permiso, ¿o no? Eso me ha mosqueao’ —alzó el puño para golpear el suyo—. Sin rencores, y si tu niño quiere camelarse a la mía pues… ya concertamos una quedada o algo, ahí con sus espaguetis y su cuenquito de agua.
Tras eso, una vez se quedó solo con Princesa, el pelirrojo la miró fijamente a los ojos, haciendo que la linda pomerania echara las orejas hacia atrás y le apartara la mirada, quizá intimidada por su padre o avergonzada porque le habían pillado con un individuo indeseable en su habitación. Fuera lo que fuera, confiando en la inteligencia de su perrita, el rapero no dudó en regañarla.
—Eso no se hace, bonica —le dijo, con tono severo—. Ya sabes las normas. Está absolutamente prohibido traer maromos a casa, ¿entendido?
La perra le gruñó y se fue para su cama, tumbándose y quedándose dormida. Lo cierto era que no sabía si le había entendido, pero estaba actuando como si lo hiciese. Aunque se le pasó pronto, y se fue caminando junto a Zane, la cual subió en su capucha. Allí estaba llorando, algo que poco a poco fue rompiendo el alma del rapero, que una vez llegado al gran salón la soltó para que jugara con el yorkshire.
—Anda, disfruta —le dijo—. Pero donde yo os vea, ¿eh?
Tras esas palabras, el enano de Motorbike volvió a soltar improperios varios, haciendo que Zane se enfadase.
—Me tienes negro, primo —le dijo.
—Negro ya eres —le respondió.
—¡A la mierda! —exclamó el pelirrojo, que se levantó y agarró de un puñado a Paul y lo lanzó por la borda a la vista de todos. Fue un lanzamiento bastante bueno, aunque también ayudaba el poco tamaño de aquel humano. Estaba muy por debajo de la media.
Zane se sentó y se puso a ver como Princesa jugaba con su nuevo amigo.