
Umibozu
El Naufragio
05-12-2024, 12:31 PM
Lejos de reprenderme por mis acciones, mis nakamas parecían estar tranquilos. De entre todos destacaba la figura de Ragnheidr. Estaba impasible sobre la cubierta, haciendo gala de un gran equilibrio y estoicidad. Era un tipo grande, en términos humanos hablando, pues para mí no era más que un diminuto ser que apenas me llegaba por la rodilla. No obstante había algo en su presencia que imponía, se hacía notar más grande lo que en realidad era y comprendía que el resto de humanos pudieran sentirse intimidados por él. Era un tipo de lo más peculiar, sin pudor alguno y muy alejado de las convenciones sociales, aunque… ¿qué sabía yo de eso? A penas había pasado tiempo con los humanos y el que lo había hecho bien sabía que no eran representativos de nada. Esos quienes se hacían llamar Dioses en la tierra, Dragones Celestiales, no eran más que escoria.
Mi reto pareció hincar en hueso y el buccaner aceptó. Lo hizo con orgullo, acercándose hasta mí y tendiéndome la mano. Le acerqué la uña del dedo índice de la mano derecha para que la estrechase, era lo más cercano a su tamaño. Le mantuve la mirada en señal de respeto, pero sin perder los matices desafiantes. Si creía que iba a ganarme en mi elemento era más ingenuo de lo que pensaba. No tardó en devolverme la broma, alegando que mi apodo tenía menos potencia que el suyo. Simplemente reí – No, quizás no-lurk.
Habiendo comenzado la competición, salté al agua. No tenía una caña de mi tamaño, además que no era mi forma de pescar. Me alejé del barco para evitar espantar a las posibles presas de mi compañero de escuadrón. La pesca era un deporte noble y honorable. Rag era un tipo honorable. Y yo no era menos que ellos, así que lo mínimo era corresponder. Nadé durante varios minutos hasta casi perder de vista La Alborada, pero sin llegar a hacerlo. Bajé a varias decenas de metros de profundidad, donde las bestias se escondían de la luz del sol y les permitía moverse sin ser detectadas por sus presas hasta que ya era demasiado tarde. Minutos más tarde, regresaría con una presa de diez metros de largo y varios cientos de kilos y un par de barriles que había encontrado en el fondo, seguramente restos de algún naufragio o pérdidas de algún barco mercante en mitad de una tormenta.
-¡Aquí está-lurk! – dije enseñando la presa – Ya casi hemos llegado-lurk – añadí viendo el barco restaurante a unos pocos cientos de metros – Quizás podamos vender el excedente-lurk – concluí encogiéndome de hombros.
Mi reto pareció hincar en hueso y el buccaner aceptó. Lo hizo con orgullo, acercándose hasta mí y tendiéndome la mano. Le acerqué la uña del dedo índice de la mano derecha para que la estrechase, era lo más cercano a su tamaño. Le mantuve la mirada en señal de respeto, pero sin perder los matices desafiantes. Si creía que iba a ganarme en mi elemento era más ingenuo de lo que pensaba. No tardó en devolverme la broma, alegando que mi apodo tenía menos potencia que el suyo. Simplemente reí – No, quizás no-lurk.
Habiendo comenzado la competición, salté al agua. No tenía una caña de mi tamaño, además que no era mi forma de pescar. Me alejé del barco para evitar espantar a las posibles presas de mi compañero de escuadrón. La pesca era un deporte noble y honorable. Rag era un tipo honorable. Y yo no era menos que ellos, así que lo mínimo era corresponder. Nadé durante varios minutos hasta casi perder de vista La Alborada, pero sin llegar a hacerlo. Bajé a varias decenas de metros de profundidad, donde las bestias se escondían de la luz del sol y les permitía moverse sin ser detectadas por sus presas hasta que ya era demasiado tarde. Minutos más tarde, regresaría con una presa de diez metros de largo y varios cientos de kilos y un par de barriles que había encontrado en el fondo, seguramente restos de algún naufragio o pérdidas de algún barco mercante en mitad de una tormenta.
-¡Aquí está-lurk! – dije enseñando la presa – Ya casi hemos llegado-lurk – añadí viendo el barco restaurante a unos pocos cientos de metros – Quizás podamos vender el excedente-lurk – concluí encogiéndome de hombros.