
Galhard
Gal
09-12-2024, 12:47 AM
Galhard escuchó con atención las palabras de Manon, sin interrumpirla, con una leve sonrisa en el rostro. Se notaba que la oni tenía una mente ágil y un entusiasmo contagioso, algo que el alférez no podía evitar encontrar refrescante en medio de la monotonía de la vida militar. Sus comentarios eran una mezcla de reflexiones serias y divagaciones impulsivas que Galhard encontraba bastante entretenidas, pero también veía el valor detrás de sus ideas.
Cuando Manon habló sobre la posibilidad de usar Den Den Mushis de vigilancia, Galhard asintió lentamente, pensativo.
—Tienes razón, Manon. La vigilancia en las vías públicas no necesariamente sería una violación de privacidad, y podría ser una herramienta útil para mantener el orden en un lugar como Rostock. Sin embargo —añadió, con un tono reflexivo — implementar algo así requiere delicadeza. No queremos que los habitantes sientan que la Marina está invadiendo su espacio personal. Ganarse su confianza siempre será más efectivo que imponer nuestra presencia.—
Cuando mencionó usar su sentido del olfato para rastrear a los criminales, Galhard arqueó una ceja, impresionado.
—Esa habilidad podría ser un as bajo la manga... de tener medios para aprovecharla como perros o algún mink marine... Si crees que puedes seguirles el rastro a partir de su último ataque, podría ser una forma directa de localizar su base o al menos acorralarlos en algún lugar donde no puedan escapar... habría que planificar bien cómo procedemos después de encontrarlos, después de todo cuanto más acorralado se siente alguien más violento tiende a actuar— Añadió mientras aún miraba como encajar el uso del olfato como medida inmediata.
El alférez percibió la molestia en Manon al hablar de la posibilidad de que los delincuentes quedaran libres, y su expresión se tornó más seria.
—Entiendo tu frustración, y créeme, compartirla no es fácil. A veces, las decisiones que tomamos en la Marina no son las que quisiéramos, sino las que debemos tomar en función de los recursos y las circunstancias. Pero te prometo algo: si atrapamos a esa banda, me aseguraré de que enfrenten las consecuencias. La justicia no es perfecta, pero nosotros podemos hacer que sea lo más efectiva y honesta posible.—
Cuando Manon le preguntó si dejaría a los criminales libres, Galhard negó con firmeza.
—No, no creo que esté bien. Pero el mundo no siempre nos da las soluciones ideales. A veces, tenemos que usar el miedo al castigo como un disuasivo temporal. A largo plazo, lo que realmente necesitamos es estabilidad y confianza entre la Marina y la gente. Si hacemos bien nuestro trabajo, les dejaremos menos margen para actuar, incluso si vuelven a intentarlo... Me gusta creer que hay segundas oportunidades de reinserción para ciertas personas sin poner en riesgo la integridad de los inocentes—
La pasión de Manon por proteger a los demás resonaba con fuerza en sus palabras, y Galhard no pudo evitar admirarla por ello. Cuando aceptó tomar el caso con su ayuda, el alférez asintió con una expresión de aprobación.
—Eso es exactamente lo que la Marina necesita: personas como tú, que no duden en actuar por el bien de los demás. Estoy seguro de que juntos lograremos resolver este caso y devolver un poco de tranquilidad a Rostock.— Añadió viendo en Manon una imagen de los sueños y voluntades que tenía desde que se unió a la marina y por suerte aún atesoraba.
Ante la palmada que le dio Manon, Galhard sintió un golpe que, aunque no lo derribó, dejó claro que la oni tenía fuerza de sobra. Rió levemente, ajustando la postura para disimular el impacto.
—Me alegra que te sientas cómoda conmigo, aunque estoy bastante seguro de que no exagero. Tienes habilidades que pocos pueden igualar, y tu entusiasmo es una ventaja en cualquier equipo. Además, si quieres conocer el lado más encantador de Kilombo, será un honor mostrarte algunos de sus rincones más interesantes. Hay mucho más aquí de lo que parece a simple vista.—
Finalmente, extendió una mano hacia ella, sellando la colaboración.
—Así que, Manon, pongamos manos a la obra. Empecemos a planear cómo rastrear a esa banda y devolverle la paz a este pueblo. Estoy seguro de que será una experiencia... interesante.— Finalizó llevando una de sus manos a su barbilla mientras seguía dando vueltas a lo del olfato.
Cuando Manon habló sobre la posibilidad de usar Den Den Mushis de vigilancia, Galhard asintió lentamente, pensativo.
—Tienes razón, Manon. La vigilancia en las vías públicas no necesariamente sería una violación de privacidad, y podría ser una herramienta útil para mantener el orden en un lugar como Rostock. Sin embargo —añadió, con un tono reflexivo — implementar algo así requiere delicadeza. No queremos que los habitantes sientan que la Marina está invadiendo su espacio personal. Ganarse su confianza siempre será más efectivo que imponer nuestra presencia.—
Cuando mencionó usar su sentido del olfato para rastrear a los criminales, Galhard arqueó una ceja, impresionado.
—Esa habilidad podría ser un as bajo la manga... de tener medios para aprovecharla como perros o algún mink marine... Si crees que puedes seguirles el rastro a partir de su último ataque, podría ser una forma directa de localizar su base o al menos acorralarlos en algún lugar donde no puedan escapar... habría que planificar bien cómo procedemos después de encontrarlos, después de todo cuanto más acorralado se siente alguien más violento tiende a actuar— Añadió mientras aún miraba como encajar el uso del olfato como medida inmediata.
El alférez percibió la molestia en Manon al hablar de la posibilidad de que los delincuentes quedaran libres, y su expresión se tornó más seria.
—Entiendo tu frustración, y créeme, compartirla no es fácil. A veces, las decisiones que tomamos en la Marina no son las que quisiéramos, sino las que debemos tomar en función de los recursos y las circunstancias. Pero te prometo algo: si atrapamos a esa banda, me aseguraré de que enfrenten las consecuencias. La justicia no es perfecta, pero nosotros podemos hacer que sea lo más efectiva y honesta posible.—
Cuando Manon le preguntó si dejaría a los criminales libres, Galhard negó con firmeza.
—No, no creo que esté bien. Pero el mundo no siempre nos da las soluciones ideales. A veces, tenemos que usar el miedo al castigo como un disuasivo temporal. A largo plazo, lo que realmente necesitamos es estabilidad y confianza entre la Marina y la gente. Si hacemos bien nuestro trabajo, les dejaremos menos margen para actuar, incluso si vuelven a intentarlo... Me gusta creer que hay segundas oportunidades de reinserción para ciertas personas sin poner en riesgo la integridad de los inocentes—
La pasión de Manon por proteger a los demás resonaba con fuerza en sus palabras, y Galhard no pudo evitar admirarla por ello. Cuando aceptó tomar el caso con su ayuda, el alférez asintió con una expresión de aprobación.
—Eso es exactamente lo que la Marina necesita: personas como tú, que no duden en actuar por el bien de los demás. Estoy seguro de que juntos lograremos resolver este caso y devolver un poco de tranquilidad a Rostock.— Añadió viendo en Manon una imagen de los sueños y voluntades que tenía desde que se unió a la marina y por suerte aún atesoraba.
Ante la palmada que le dio Manon, Galhard sintió un golpe que, aunque no lo derribó, dejó claro que la oni tenía fuerza de sobra. Rió levemente, ajustando la postura para disimular el impacto.
—Me alegra que te sientas cómoda conmigo, aunque estoy bastante seguro de que no exagero. Tienes habilidades que pocos pueden igualar, y tu entusiasmo es una ventaja en cualquier equipo. Además, si quieres conocer el lado más encantador de Kilombo, será un honor mostrarte algunos de sus rincones más interesantes. Hay mucho más aquí de lo que parece a simple vista.—
Finalmente, extendió una mano hacia ella, sellando la colaboración.
—Así que, Manon, pongamos manos a la obra. Empecemos a planear cómo rastrear a esa banda y devolverle la paz a este pueblo. Estoy seguro de que será una experiencia... interesante.— Finalizó llevando una de sus manos a su barbilla mientras seguía dando vueltas a lo del olfato.