Hay rumores sobre…
...un hombre con las alas arrancadas que una vez intentó seducir a un elegante gigante y fue rechazado... ¡Pobrecito!
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[Autonarrada] [Auto T2] Aprovechando la Chatarra
Rose D. Hestia
Vesta
Loguetown, la ciudad donde todo comienza y termina, estaba sumida en el bullicio de la vida cotidiana. Las calles estaban llenas de comerciantes, navegantes, cazadores de recompensas y, por supuesto, piratas. Una joven en particular recorría las abarrotadas aceras, su rostro cubierto por una capa oscura, para pasar desapercibida entre la multitud. Era Rose D. Hestia, una prófuga de la justicia, conocida en el vasto mundo por su historia turbia, pero sin querer destacar en esa ciudad llena de rumores, donde los ojos de la Marina acechaban en las esquinas. Con poco dinero y sin un rumbo fijo, se encontraba en una situación complicada.

Desde que había llegado, hacía ya varios días, había estado buscando una manera de ganarse la vida. Había tenido suerte en encontrar un tablón de anuncios con trabajos disponibles en una taberna local, pero su elección de trabajo fue algo peculiar. En vez de hacer lo que la mayoría de los piratas harían, robar, atacar o embarcarse en aventuras peligrosas. Hestia decidió optar por algo más pragmático, la ingeniería. Sabía que su amor por los inventos y la mecánica podía ser una oportunidad.

El trabajo consistía en ayudar a un anciano herrero a fabricar prótesis económicas a partir de restos de chatarra. El herrero había prometido darle algo de dinero por su ayuda, pero no solo tendría que ser capaz de manejar las herramientas y materiales, sino que también tendría que trasladar la chatarra desde el puerto hasta su taller. Al principio, Hestia no pensó que fuera un trabajo tan complicado, pero pronto se dio cuenta de que las cosas no eran tan sencillas como parecían.

Esa tarde, se encontraba de pie junto a una pila de chatarra oxidada, mirando el metal y pensando en cómo podría aprovechar cada trozo para crear algo útil. Sus ojos brillaban con una pasión evidente por el trabajo manual. Siempre le había gustado ver cómo las cosas se transformaban, cómo algo aparentemente inútil podía cobrar vida nuevamente a través de la ingeniería. Mientras recogía un pedazo de metal, un estornudo la sacudió.

En un abrir y cerrar de ojos, Hestia cambió, y con ella, su personalidad. La joven antes tímida, bondadosa y algo sumisa, se desvaneció en la brisa, dejando lugar a Vesta, su hermana fallecida, que tomaba el control de su cuerpo con una intensidad feroz. La diferencia entre las dos era como el sol y la luna. Si bien ambas compartían un amor por la comida, una pasión insaciable por los inventos, sus temperamentos no podían ser más diferentes. Hestia era reservada, mientras que Vesta era valiente, agresiva y temeraria, siempre dispuesta a afrontar cualquier desafío sin importar lo que se interpusiera en su camino.

Vesta observó el metal con una mirada de determinación - ¿Qué tenemos aquí? - Murmuró, tocando un trozo de hierro oxidado. Su voz, ahora más firme y autoritaria, cortó el aire - Esto no es nada para mí. No perderé más tiempo, ¡vamos a hacer esto rápido! - El herrero anciano, que había estado observando en silencio desde el principio, soltó una pequeña risa nerviosa - Joven, debes tener cuidado con lo que dices. Estos metales no son fáciles de trabajar - Advirtió el anciano - ¿Cuándo fue la última vez que algo me detuvo? - Vesta respondió con una sonrisa desafiante, arremangándose las mangas con energía renovada - Vamos, viejo, ponme a prueba.

Con una habilidad inesperada, Vesta comenzó a forjar el metal, dando forma a las piezas con rapidez y destreza. No importaba si el material era inservible, ella tenía una capacidad innata para encontrarle un uso, moldeándolo con el martillo, la fragua y sus manos. Mientras trabajaba, no dejaba de murmurar sobre lo que haría con el dinero que obtendría de ese trabajo. Su estómago rugió, recordándole que no solo estaba trabajando para ganar algo de dinero, sino también para saciar su hambre insaciable.

El herrero observaba, aún con una pizca de escepticismo, pero también con creciente asombro ante la habilidad de la joven. Había algo impresionante en la forma en que Vesta manejaba el metal como si fuera su segundo hogar. Cada golpe de martillo resonaba como un desafío a las dificultades que la vida le había impuesto.

Sin embargo, la tarea no era sencilla, y el tiempo pasaba rápidamente. La entrega de las prótesis estaba programada para el día siguiente, y aunque Hestia había comenzado el trabajo con buen ánimo, la falta de tiempo y los retrasos en la entrega de materiales se estaban convirtiendo en un problema serio. La chatarra que debían usar era más difícil de encontrar de lo que habían anticipado, y el puerto parecía cada vez más lejano. A medida que el sol se ponía, la presión aumentaba, y los rostros de los trabajadores reflejaban el cansancio.

Fue entonces cuando Vesta, con su energía renovada, se levantó de golpe - ¡Eso es! No vamos a quedarnos atrás, ni por un segundo más - Exclamó mientras tomaba una de las piezas más grandes de metal - El tiempo se acaba, y no pienso quedarme aquí esperando que los demás hagan su trabajo - Con el herrero a su lado, Vesta comenzó a improvisar un plan para acelerar la entrega. Usando su naturaleza temeraria, se metió en los almacenes más cercanos al puerto, y con una rapidez que sorprendió a todos, empezó a organizar el material para la fabricación de las prótesis. Aunque el anciano seguía dudando en algunos momentos de su enfoque poco ortodoxo, pronto vio los resultados, las prótesis empezaban a tomar forma y la chispa de vida que había dado la joven le recordó a sus propios años de juventud, cuando también luchaba contra viento y marea para ganarse la vida.

En cuanto la entrega estaba casi lista, Vesta, que aún sentía su estómago rugir, volvió a cambiar de un estornudo. Hestia, la joven tranquila, volvió a ser la persona al mando. Miró el trabajo con una sonrisa satisfecha, y aunque no se atrevió a reconocerlo en voz alta, sabía que había logrado mucho más de lo que esperaba, gracias a la intervención de la personalidad de su hermana - Todo está listo - Susurró, más aliviada de lo que podía expresar. El trabajo había sido arduo, pero el esfuerzo valió la pena. Mientras el herrero se encargaba de organizar la entrega, Hestia no pudo evitar sonreír, sabiendo que, aunque sus vidas estaban llenas de altibajos, siempre encontraría una manera de seguir adelante, como una pirata más en este mundo caótico y fascinante.
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[Auto T2] Aprovechando la Chatarra - por Rose D. Hestia - 09-12-2024, 03:48 AM

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