
Alistair
Mochuelo
10-12-2024, 02:25 AM
El suspiro que siguió a las palabras de la sirena era inevitable, pero uno en el que se permitía descargar todas las emociones que encerraba con respecto al tema que trataban; era un ademán de alivio dentro de todo, uno muy necesario que hacía mucho más de lo que podía apreciarse a simple vista. Era una realidad inevitable la que indicaba la llegada de un día en el que, con sus espadas en mano, las únicas opciones que estarían a su disposición serían las de poner en una balanza la vida de sus seres cercanos contra el peso de sus propios valores. Y, llegado el momento, tendría que soltar a uno de los dos. Claro, la respuesta estaba más que escrita desde el primer momento, pero... No por ello hacía menos doloroso tener que cercenar una vida con sus propias manos.
El sentir aquel beso tan cercano, casi maternal, sobre su frente fue algo que devolvió el color a su mundo en un momento, un gesto que muy fácilmente consiguió tocar su corazón y devolverle la claridad de mente que requería para una temática así. Había tocado un nervio importante, y el saber que para la sirena también se trataba de un gesto importante que no compartía con cualquiera lo hacía todavía mejor. Perdido en esta sensación maravillosa, una pequeña y débil risa escapó de entre sus labios y consiguió dibujarle una sonrisa poco perceptible en cada extremo de sus labios, sin llegar a completarse en el centro de esa parte corporal.
El gesto sonriente de la sirena no pasó desapercibido, el cual correspondió como pudo mientras que se dejaba envolver en la calidez de la bebida que recibió de las manos femeninas, dejando que su mirada reposara en la bebida mientras sus pensamientos se aclaraban uno a uno, permitiéndose meditar en silencio por un momento. Le resultaba tan curioso como agradable saber cuán esclarecedores eran sus momentos con Asradi, ayudándole a digerir algunas realidades que eran muy difíciles de tragar. Se sentía como si estuviese en familia, una palabra que valía el peso del lunarian en oro para el emplumado.
Miró el té, lo pensó dos, tres, y hasta cuatro veces... Soltó una bocanada de aire como si se preparase para lo peor, y de pronto, engulliría la totalidad del contenido en la taza de un solo, sonoro trago. Sus dedos se retorcerían un poco contra el material, muestra clara del esfuerzo consciente que requería para no dejar ir el recipiente y detenerse de beber el líquido a nada de su punto de ebullición. — ¡FUAAAAGH! ¡COMO ARDE! — Soltaría como pudiera con la lengua afuera, exhalando repetidas veces inmediatamente después en busca de liberar todo el aire caliente que se había acumulado en su boca y garganta. Una escena casi cómica en que, si la sirena achinaba bien los ojos, alcanzaría a ver una pequeñisima llamarada escapar de entre sus labios que muy pronto se apagaría en medio del aire.
Para los Lunarian que contaban con una resistencia innata al fuego, y sobre todo en el caso particular de Alistair que constantemente practicaba con éste, aquella bebida caliente había golpeado con mucha menos intensidad como podría ser el caso de otro, impidiendo por muy poco que acabase quemándose. Eso si, aún ardía como tres infiernos al contacto con el interior de su boca, empeorado por el hecho de haberlo bajado todo en un único momento. Un dolor que agradecía solo por su efecto esclarecedor, como una pequeña y muy necesaria bofetada para arrancarle a la vida nuevamente. Incluso una vivaz llama de esperanza necesitaba de carbón y unas gotas de agua para mantenerse fuerte.
Empezó a abanicarse la boca, pero esta vez con su emblemática sonrisa dibujada nuevamente. — Tienes razón, definitivamente llegará el momento en que eso sucederá. — Mencionó en un tono cómico por tener la lengua afuera, apenas entendible y aún con pesares en su interior desentonando con su forma de hablar, pero cargando con una nueva claridad al respecto. — Pero igual que esta taza de té... Ese día, tendré que tragarme mi orgullo sin importar cuán doloroso, y defender todas las vidas que pueda. Haré lo mejor que pueda para que ninguna se pierda, pero si mi mejor intento no basta... Entonces asumiré que es una decisión que no estaba en mis manos. — Era una resolución algo apresurada, pero al menos por lo pronto, era lo mejor que podía pensar en cuanto a su predicamento. La respuesta en sí misma era simple: Cuando finalmente llegara ese día, tan solo podía seguir haciendo lo que siempre había hecho: Lo mejor de sí mismo, con cada gramo de su ser.
— Y todo lo que necesité para llegar a eso fue una buena taza de té caliente que no habría preparado por mi cuenta, y las palabras de una buena amiga. — Afirmó, sonriendo a la chica. Le daba merecido crédito en cuanto a su recuperación, y no era para menos; por muy rápido que se recuperara de tales situaciones, la presencia de la sirena había sido de increíble ayuda. Como había mencionado antes, para él Asradi era parte de su familia con la que no compartía sangre, y por quien haría tanto como pudiera dar de sí mismo.
Sobre su regazo caería una petición inesperada, a lo cual inclinó su cabeza hacia su hombro en señal de confusión. La mirada de la sirena hablaba mares de los rápidos pensamientos que pasaban tras sus ojos de océano, y señalaban la llegada de una idea que había capturado la atención femenina completamente. ¿Qué se traía entre manos? — Seguro, pero ¿a qué se debe? ¿Te han llamado la atención? — Palabras que dejó salir a la par que liberaba una de sus katanas de su funda, lentamente y cuidadoso de que su filo no llegase a hacerle daño a ella o a los objetos a su alrededor incluso si llegaba a tocarlo. Una vez el acero estuvo en completa libertad, la acercó en la dirección de ella, dejando que se la llevase tan pronto decidiera tomarla entre manos femeninas.
La mirada intensa de la chica sobre la hoja parecía intentar hacerle agujeros al metal con solo sus poderes de observación, porque si no se trataba de eso, estaba completamente perdido en cuanto a porqué observaba con tanto esmero. ¿Tanto le había intrigado el diseño? Mira, que a él también le había gustado mucho el patrón de llamitas sobre la hoja, pero para que fuese tanto así... — Correcto, sí. Esa es la parte afilada que hace los cortes, solo para atacar. Mientras que su reverso sirve para defenderse y dar golpes, pero es poco efectivo para usarlo en el ataque sin tener mucho cuidado. Haría que la curvatura sirviera en contra, sin mencionar que probablemente haría que se partiera si la usaras demasiado. —
O eso fue lo que su mente pensó por un segundo, hasta que Asra compartió sus intenciones abiertamente. Sus palabras le pusieron pensativo, sopesando la opción. Una katana que invertía su concepto, dificultando el concepto de matar por accidente. Fueron más que varios segundos los que dedicó en silencio a pensar exclusivamente, hasta que finalmente murmuró su respuesta. — ... Podría funcionar. — Ahora era él quien se dedicaba a hacerle agujeros a su propia hoja con la mirada. — Tendría que pasar el concepto a un artesano, porque mi conocimiento de armas no va tan a fondo. Pero... Refinándolo un poco, y con algo de ingenio, podría ser perfectamente posible. — Afirmó nuevamente, esta vez dejando escapar una pequeña risa de alegría de entre sus dientes. Una respuesta que estaba literalmente al alcance de sus manos, pero que nuevamente llegaba a él gracias a la intervención de la sirena. — ¡Podría ser un arma ideal para eliminar de en medio el concepto de acabar con la vida de alguien! — Sus palabras ganaban cada vez más volumen, y emoción de por medio, en cada vez más convencido de la posibilidad.
Libre de lo que atormentaba sus pensamientos, y con el regalo de una idea que podía ser la solución a su problema, le fue imposible no echarse a reír de la alegría. Tanto así que incluso se mandó a por la sirena, abrazándola con fuerza sin siquiera pensar en que aún llevaba la hoja en sus manos, esperando inconscientemente que el acero solo cayese al suelo de manera inofensiva.
El sentir aquel beso tan cercano, casi maternal, sobre su frente fue algo que devolvió el color a su mundo en un momento, un gesto que muy fácilmente consiguió tocar su corazón y devolverle la claridad de mente que requería para una temática así. Había tocado un nervio importante, y el saber que para la sirena también se trataba de un gesto importante que no compartía con cualquiera lo hacía todavía mejor. Perdido en esta sensación maravillosa, una pequeña y débil risa escapó de entre sus labios y consiguió dibujarle una sonrisa poco perceptible en cada extremo de sus labios, sin llegar a completarse en el centro de esa parte corporal.
El gesto sonriente de la sirena no pasó desapercibido, el cual correspondió como pudo mientras que se dejaba envolver en la calidez de la bebida que recibió de las manos femeninas, dejando que su mirada reposara en la bebida mientras sus pensamientos se aclaraban uno a uno, permitiéndose meditar en silencio por un momento. Le resultaba tan curioso como agradable saber cuán esclarecedores eran sus momentos con Asradi, ayudándole a digerir algunas realidades que eran muy difíciles de tragar. Se sentía como si estuviese en familia, una palabra que valía el peso del lunarian en oro para el emplumado.
Miró el té, lo pensó dos, tres, y hasta cuatro veces... Soltó una bocanada de aire como si se preparase para lo peor, y de pronto, engulliría la totalidad del contenido en la taza de un solo, sonoro trago. Sus dedos se retorcerían un poco contra el material, muestra clara del esfuerzo consciente que requería para no dejar ir el recipiente y detenerse de beber el líquido a nada de su punto de ebullición. — ¡FUAAAAGH! ¡COMO ARDE! — Soltaría como pudiera con la lengua afuera, exhalando repetidas veces inmediatamente después en busca de liberar todo el aire caliente que se había acumulado en su boca y garganta. Una escena casi cómica en que, si la sirena achinaba bien los ojos, alcanzaría a ver una pequeñisima llamarada escapar de entre sus labios que muy pronto se apagaría en medio del aire.
Para los Lunarian que contaban con una resistencia innata al fuego, y sobre todo en el caso particular de Alistair que constantemente practicaba con éste, aquella bebida caliente había golpeado con mucha menos intensidad como podría ser el caso de otro, impidiendo por muy poco que acabase quemándose. Eso si, aún ardía como tres infiernos al contacto con el interior de su boca, empeorado por el hecho de haberlo bajado todo en un único momento. Un dolor que agradecía solo por su efecto esclarecedor, como una pequeña y muy necesaria bofetada para arrancarle a la vida nuevamente. Incluso una vivaz llama de esperanza necesitaba de carbón y unas gotas de agua para mantenerse fuerte.
Empezó a abanicarse la boca, pero esta vez con su emblemática sonrisa dibujada nuevamente. — Tienes razón, definitivamente llegará el momento en que eso sucederá. — Mencionó en un tono cómico por tener la lengua afuera, apenas entendible y aún con pesares en su interior desentonando con su forma de hablar, pero cargando con una nueva claridad al respecto. — Pero igual que esta taza de té... Ese día, tendré que tragarme mi orgullo sin importar cuán doloroso, y defender todas las vidas que pueda. Haré lo mejor que pueda para que ninguna se pierda, pero si mi mejor intento no basta... Entonces asumiré que es una decisión que no estaba en mis manos. — Era una resolución algo apresurada, pero al menos por lo pronto, era lo mejor que podía pensar en cuanto a su predicamento. La respuesta en sí misma era simple: Cuando finalmente llegara ese día, tan solo podía seguir haciendo lo que siempre había hecho: Lo mejor de sí mismo, con cada gramo de su ser.
— Y todo lo que necesité para llegar a eso fue una buena taza de té caliente que no habría preparado por mi cuenta, y las palabras de una buena amiga. — Afirmó, sonriendo a la chica. Le daba merecido crédito en cuanto a su recuperación, y no era para menos; por muy rápido que se recuperara de tales situaciones, la presencia de la sirena había sido de increíble ayuda. Como había mencionado antes, para él Asradi era parte de su familia con la que no compartía sangre, y por quien haría tanto como pudiera dar de sí mismo.
Sobre su regazo caería una petición inesperada, a lo cual inclinó su cabeza hacia su hombro en señal de confusión. La mirada de la sirena hablaba mares de los rápidos pensamientos que pasaban tras sus ojos de océano, y señalaban la llegada de una idea que había capturado la atención femenina completamente. ¿Qué se traía entre manos? — Seguro, pero ¿a qué se debe? ¿Te han llamado la atención? — Palabras que dejó salir a la par que liberaba una de sus katanas de su funda, lentamente y cuidadoso de que su filo no llegase a hacerle daño a ella o a los objetos a su alrededor incluso si llegaba a tocarlo. Una vez el acero estuvo en completa libertad, la acercó en la dirección de ella, dejando que se la llevase tan pronto decidiera tomarla entre manos femeninas.
La mirada intensa de la chica sobre la hoja parecía intentar hacerle agujeros al metal con solo sus poderes de observación, porque si no se trataba de eso, estaba completamente perdido en cuanto a porqué observaba con tanto esmero. ¿Tanto le había intrigado el diseño? Mira, que a él también le había gustado mucho el patrón de llamitas sobre la hoja, pero para que fuese tanto así... — Correcto, sí. Esa es la parte afilada que hace los cortes, solo para atacar. Mientras que su reverso sirve para defenderse y dar golpes, pero es poco efectivo para usarlo en el ataque sin tener mucho cuidado. Haría que la curvatura sirviera en contra, sin mencionar que probablemente haría que se partiera si la usaras demasiado. —
O eso fue lo que su mente pensó por un segundo, hasta que Asra compartió sus intenciones abiertamente. Sus palabras le pusieron pensativo, sopesando la opción. Una katana que invertía su concepto, dificultando el concepto de matar por accidente. Fueron más que varios segundos los que dedicó en silencio a pensar exclusivamente, hasta que finalmente murmuró su respuesta. — ... Podría funcionar. — Ahora era él quien se dedicaba a hacerle agujeros a su propia hoja con la mirada. — Tendría que pasar el concepto a un artesano, porque mi conocimiento de armas no va tan a fondo. Pero... Refinándolo un poco, y con algo de ingenio, podría ser perfectamente posible. — Afirmó nuevamente, esta vez dejando escapar una pequeña risa de alegría de entre sus dientes. Una respuesta que estaba literalmente al alcance de sus manos, pero que nuevamente llegaba a él gracias a la intervención de la sirena. — ¡Podría ser un arma ideal para eliminar de en medio el concepto de acabar con la vida de alguien! — Sus palabras ganaban cada vez más volumen, y emoción de por medio, en cada vez más convencido de la posibilidad.
Libre de lo que atormentaba sus pensamientos, y con el regalo de una idea que podía ser la solución a su problema, le fue imposible no echarse a reír de la alegría. Tanto así que incluso se mandó a por la sirena, abrazándola con fuerza sin siquiera pensar en que aún llevaba la hoja en sus manos, esperando inconscientemente que el acero solo cayese al suelo de manera inofensiva.