
Alistair
Mochuelo
18-12-2024, 09:53 AM
Surcar los cielos siempre había sido un evento al que el mochuelo nunca había conseguido encontrarle una palabra correcta para describir correctamente. Era una sensación única, tan propia como las manos con las que había nacido y de disponibilidad tan escasa como las personas que realmente podían considerarse libre. Y aunque era la clase de persona que le encantaría compartir el mundo y más con todos para que pudiese haber una igualdad inconfundible y duradera, por una vez se permitía ser egoísta y guardarse el gusto del vuelo para sí mismo y unos tantos.
La verdadera expresión de libertad, atado por nada ni por nadie, capaz de rehuir incluso a algo tan fundamental como una fuerza de naturaleza como lo era la gravedad. El mundo mutaba a algo más desde la vista que las alturas regalaban a quienes conseguían domar las corrientes de viento.
Era esta misma habilidad innata de vuelo la que le servía al mochuelo como un medio de transporte habitual, no solo dentro de una isla sino entre éstas, permitiéndole un grado menor de restricciones en cuanto a los lugares a los que podía llegar por mérito propio. Era tan sencillo como preparar algunas raciones, trazar una ruta hasta su mas mínimo detalle y partir a su nueva destinación. Resultaba ser tan conveniente que, dentro de todo, el Lunarian había dejado las alternativas de transporte completamente de lado, mas allá de una ocasional visita al Taxi Marítimo S.S.S; el hombre que lo dirigía podía ser un poco... extravagante, pero su eficiencia a la hora de transportar personas a una velocidad de infarto era un factor incuestionable para cualquiera que tuviera la dicha -o desdicha si eras de corazón de pollo- de ser su pasajero por la noche. Amaría conocer los secretos del hombre, pues podía contar solo con los dedos de una mano las ocasiones en las que había fallado en mover a alguien de una isla a otra en menos de 12 horas. Era... Bueno, era tan antinatural que resultaba aterrador a su propia manera.
Dudas afloraron en su mente, una tras otra. Con toda una vida sobrevolando los cielos, ¿Cómo podía siquiera empezar a imaginar la vida de quienes vivían entre los mares? O siquiera aquellos que se atrevían a enfrentar las voraces olas, transportados sobre los enormes trozos de madera embellecida y unificada que eran las embarcaciones. Para este punto, lo que inició como una idea curiosa comenzó a tomar fuerza y echar raíz en sus pensamientos sin miramientos, y no tardó en convertirse en un capricho de querer entender mejor a quienes debían moverse a la altura del mar para llegar a su destino. Se trataba de una pequeña aventura al final del día, personal en naturaleza pero empática en su finalidad.
Un sonido más que familiar lo sacó de su trance de golpe, como si una burbuja sobre su rostro se rompiera de golpe. El sonido de su Den Den Mushi en su bolsillo lo invitaba a contestar la llamada, curioso de quién pudiera tratarse pero encontrando una respuesta mucho antes de lo que decidiera levantar la bocina; la figura que el molusco había asumido delataba a Rocket al otro lado del comunicador, ¿qué razón podía tener para llamarlo tan repentinamente? Cualesquiera que fuera, sería descortés no escucharlo.
— ¿El astillero? — Enarcó una ceja, exteriorizando la duda que provocó escuchar las palabras del mapache. Era demasiado nuevo en el grupo como para estar al tanto de todos los talentos involucrados entre los integrantes, así que desafortunadamente desconocía de los talentos como carpintero que Rocket tenía. Indiferente a la razón, que el mink revolucionario mencionara un alto grado de urgencia en medio de la llamada le hizo pensar poco en su respuesta -algo que, sincerándose, seguramente habría ocurrido de todas formas- y darle una respuesta afirmativa pronto. — De acuerdo, dame unos minutos y estaré por allá. — Colgaría la llamada sin intercambiar mas palabras y, ni corto ni perezoso, partiría rumbo a la ubicación objetivo.
Elevado en los cielos y tras varios minutos de recorrido, las alas del lunarian lo llevarían a espaldas de las corrientes de aire hasta que finalmente paseara por encima del astillero, una vista privilegiada que le permitiría rápidamente escanear el ambiente y detectar a la persona de interés que buscaba por la llamada envuelta en misterio. ¿Qué era lo que quería? Descendió inmediatamente, procurando suavizar en enorme medida el aterrizaje conforme más se acercara al piso, y le dirigió la palabra a Rocket tan pronto pudiera ubicarse en sus cercanías. — ¿Ha pasado algo, Rocket? — Miró hacia los lados, intentando dar con la razón de la urgencia que el mink había expresado. — Sonaba bastante urgente, pero... No veo más que un barco tras otro. — Comentó, confuso y rascándose la parte superior de la cabeza.
La verdadera expresión de libertad, atado por nada ni por nadie, capaz de rehuir incluso a algo tan fundamental como una fuerza de naturaleza como lo era la gravedad. El mundo mutaba a algo más desde la vista que las alturas regalaban a quienes conseguían domar las corrientes de viento.
Era esta misma habilidad innata de vuelo la que le servía al mochuelo como un medio de transporte habitual, no solo dentro de una isla sino entre éstas, permitiéndole un grado menor de restricciones en cuanto a los lugares a los que podía llegar por mérito propio. Era tan sencillo como preparar algunas raciones, trazar una ruta hasta su mas mínimo detalle y partir a su nueva destinación. Resultaba ser tan conveniente que, dentro de todo, el Lunarian había dejado las alternativas de transporte completamente de lado, mas allá de una ocasional visita al Taxi Marítimo S.S.S; el hombre que lo dirigía podía ser un poco... extravagante, pero su eficiencia a la hora de transportar personas a una velocidad de infarto era un factor incuestionable para cualquiera que tuviera la dicha -o desdicha si eras de corazón de pollo- de ser su pasajero por la noche. Amaría conocer los secretos del hombre, pues podía contar solo con los dedos de una mano las ocasiones en las que había fallado en mover a alguien de una isla a otra en menos de 12 horas. Era... Bueno, era tan antinatural que resultaba aterrador a su propia manera.
Dudas afloraron en su mente, una tras otra. Con toda una vida sobrevolando los cielos, ¿Cómo podía siquiera empezar a imaginar la vida de quienes vivían entre los mares? O siquiera aquellos que se atrevían a enfrentar las voraces olas, transportados sobre los enormes trozos de madera embellecida y unificada que eran las embarcaciones. Para este punto, lo que inició como una idea curiosa comenzó a tomar fuerza y echar raíz en sus pensamientos sin miramientos, y no tardó en convertirse en un capricho de querer entender mejor a quienes debían moverse a la altura del mar para llegar a su destino. Se trataba de una pequeña aventura al final del día, personal en naturaleza pero empática en su finalidad.
Un sonido más que familiar lo sacó de su trance de golpe, como si una burbuja sobre su rostro se rompiera de golpe. El sonido de su Den Den Mushi en su bolsillo lo invitaba a contestar la llamada, curioso de quién pudiera tratarse pero encontrando una respuesta mucho antes de lo que decidiera levantar la bocina; la figura que el molusco había asumido delataba a Rocket al otro lado del comunicador, ¿qué razón podía tener para llamarlo tan repentinamente? Cualesquiera que fuera, sería descortés no escucharlo.
— ¿El astillero? — Enarcó una ceja, exteriorizando la duda que provocó escuchar las palabras del mapache. Era demasiado nuevo en el grupo como para estar al tanto de todos los talentos involucrados entre los integrantes, así que desafortunadamente desconocía de los talentos como carpintero que Rocket tenía. Indiferente a la razón, que el mink revolucionario mencionara un alto grado de urgencia en medio de la llamada le hizo pensar poco en su respuesta -algo que, sincerándose, seguramente habría ocurrido de todas formas- y darle una respuesta afirmativa pronto. — De acuerdo, dame unos minutos y estaré por allá. — Colgaría la llamada sin intercambiar mas palabras y, ni corto ni perezoso, partiría rumbo a la ubicación objetivo.
Elevado en los cielos y tras varios minutos de recorrido, las alas del lunarian lo llevarían a espaldas de las corrientes de aire hasta que finalmente paseara por encima del astillero, una vista privilegiada que le permitiría rápidamente escanear el ambiente y detectar a la persona de interés que buscaba por la llamada envuelta en misterio. ¿Qué era lo que quería? Descendió inmediatamente, procurando suavizar en enorme medida el aterrizaje conforme más se acercara al piso, y le dirigió la palabra a Rocket tan pronto pudiera ubicarse en sus cercanías. — ¿Ha pasado algo, Rocket? — Miró hacia los lados, intentando dar con la razón de la urgencia que el mink había expresado. — Sonaba bastante urgente, pero... No veo más que un barco tras otro. — Comentó, confuso y rascándose la parte superior de la cabeza.