
Asradi
Völva
24-12-2024, 07:29 PM
Asradi sí fue consciente del bochorno que se había apoderado de Octojin según había mencionado, de manera inconsciente, lo de la boda. Y aunque a ella también le había tomado desprevenida, un sentimiento cálido se había despertado en su pecho. Incluso se había sonrojado un poco en consecuencia, por muy tranquila que pareciese estar ahora mismo. Por suerte, la mención de la comida, el compartirla ahora, también ayudaba a aligerar un poco ese ambiente, aunque la sirena tenía una pequeña sonrisa dibujada en el rostro de tan solo pensar en eso. Ambos fueron comiendo y disfrutando de lso alimentos compartidos, en medio de una charla donde, a colación, Asradi le había enseñado la talla que Octojin le había regalado en su día. Y la mirada de ella se enterneció cuando el escualo mostró un llavero. Con un adorno que ella reconoció en seguida.
— Todavía lo conservas... — Murmuró, halagada y enternecida al mismo tiempo. Recordaba aquel intercambio que habían hecho y el momento especial que habían vivido en ese instante. — Ha quedado muy bien.
La verdad es que el artesano que había logrado aquello, se había lucido. Tras eso, Octojin se disculpó para ir al baño, siendo que Asradi asintió brevemente. Le esperaría, por supuesto. De hecho, en cuanto se quedó sola no pudo evitar comenzar a fantasear un tanto con el tema de la boda. ¿Lo habría dicho en serio? No creía que fuese una broma, no viniendo del gyojin. Aunque era dado a bromear de vez en cuando, por su reacción parecía que lo hubiese dicho totalmente en serio.
Las mejillas de la pelinegra se colorearon todavía más. Incluso se llevó ambas manos a dicha zona, sintiendo ya directamente el calor en ellas. Una sonrisa un poco boba se le dibujó en los labios, mientras su cabecita fantaseaba. En realidad nunca había sido tan imaginativa o tan ingenua para ese tipo de cosas. Pero imaginarse en algún futuro compartiendo dichos momentos con Octojin. Quizás... Si tenían suerte. Si lograban superar todo lo que les separaba...
Picoteó un calamarcito mientras pensaba en eso. Sí, quería estar con él, lo tenía clarísimo.
Tras un rato, sonrió al escualo cuando éste regresó. Parecía un poco más tranquilo, aunque todavía lo notaba un poquito nervioso. Y la sirena sujetó suavemente su mano cuando él se disculpó.
— No tienes porqué pedir perdón, ¿vale? — Le sonrió, buscando tranquilizarle e intentándole transmitir que todo estaba bien. — Además, no me parece una mala idea a futuro si nos va bien. — Le guiñó un ojo, con un deje de confianza y picardía. Tras eso, fue ella la que se puso en pie, ya que aún sentado, la diferencia de altura y tamaño entre ambos era todavía grande y obvia. Pero a ella le encantaba. Una vez hecho esto, le dió un cariñoso beso en la mejilla.
Un gesto con el que parecía sellar o estar conforme con aquella idea que, movido quizás por la emoción, a Octojin se le había escapado.
— De hecho, para mí sería todo un honor. — Murmuró, mirándole de reojo con una media sonrisa antes de volver a separarse brevemente para regresar a su asiento.
Tras eso, traviesa, se rió un poco. Octojin aprovechó para llamar al camarero, una vez hubieron terminado de comer, para pedir los postres. Y aunque el escualol e recomendó uno de frutas, Asradi negó suavemente con la cabeza.
— Yo quiero la mousse de chocolate blanco con alga wakame. — Y lo dijo así, muy tranquilamente. Se le antojaba mucho y ya tenía ganas de tenerlo delante.
Por fortuna, después de hacer el pedido, no tardaron mucho en traerles los postres. El de Asradi consistía, efectivamente, en una mousse de chocolate blanco, en un vaso que realzaba el decorado, sobre todo. Junto con un crujiente de alga wakame en su parte superior.
— Los dos tienen una pinta tremenda. — Asradi miró entusiasmada ambos postres. Le gustaba el dulce en su justa medida. Pero más le gustaba el probar cosas nuevas. Sonrió cuando Octojin le ofreció un trozo, y lo tomó directamente del tenedor contrario, cuando éste se lo ofreció.
La sirena lo paladeó con sumo gusto, hasta le brillaron los ojos.
— El glaseado es espectacular. ¡La próxima vez me pido uno de eses! — Por su parte, tomó la cucharilla y fue ella quien, ahora, recogió un poco de la mousse, cerciorándose de llevar el chocolate, la crema y un trocito del alga en el proceso. — Ven, prueba, este tiene también pintaza. — Y quería que él fuese el primero en probarlo, por lo que tendió la cuchara hacia su grandullón.
Después de compartir ambos el postre de cada uno, Octojin retomó la conversación sobre los astilleros. Asradi no dudó y asintió suavemente.
— Me imagino que sí será un hervidero de marines o, al menos, estará más vigilado. Pero estoy contigo. Sé que no me va a pasar nada. — Confiaba ciegamente en él. — Aunque también procuraré no llamar la atención. Pero si ves que te supone mucho riesgo, no hay problema.
Ella era la que no quería que Octojin pudiese tomar una posición riesgosa con respecto a su trabajo, a su puesto en la Marina. Cuando el escualo le llamó anarquista, Asradi le dió un coletazo disimulado por debajo de la mesa. Lo que vendría siendo una suave patadita en la pierna.
— Oye, no te pases, uniforme de marinerito. — Se burló abiertamente, aunque no con afán de ofender, sino de seguirle el juego.
— Todavía lo conservas... — Murmuró, halagada y enternecida al mismo tiempo. Recordaba aquel intercambio que habían hecho y el momento especial que habían vivido en ese instante. — Ha quedado muy bien.
La verdad es que el artesano que había logrado aquello, se había lucido. Tras eso, Octojin se disculpó para ir al baño, siendo que Asradi asintió brevemente. Le esperaría, por supuesto. De hecho, en cuanto se quedó sola no pudo evitar comenzar a fantasear un tanto con el tema de la boda. ¿Lo habría dicho en serio? No creía que fuese una broma, no viniendo del gyojin. Aunque era dado a bromear de vez en cuando, por su reacción parecía que lo hubiese dicho totalmente en serio.
Las mejillas de la pelinegra se colorearon todavía más. Incluso se llevó ambas manos a dicha zona, sintiendo ya directamente el calor en ellas. Una sonrisa un poco boba se le dibujó en los labios, mientras su cabecita fantaseaba. En realidad nunca había sido tan imaginativa o tan ingenua para ese tipo de cosas. Pero imaginarse en algún futuro compartiendo dichos momentos con Octojin. Quizás... Si tenían suerte. Si lograban superar todo lo que les separaba...
Picoteó un calamarcito mientras pensaba en eso. Sí, quería estar con él, lo tenía clarísimo.
Tras un rato, sonrió al escualo cuando éste regresó. Parecía un poco más tranquilo, aunque todavía lo notaba un poquito nervioso. Y la sirena sujetó suavemente su mano cuando él se disculpó.
— No tienes porqué pedir perdón, ¿vale? — Le sonrió, buscando tranquilizarle e intentándole transmitir que todo estaba bien. — Además, no me parece una mala idea a futuro si nos va bien. — Le guiñó un ojo, con un deje de confianza y picardía. Tras eso, fue ella la que se puso en pie, ya que aún sentado, la diferencia de altura y tamaño entre ambos era todavía grande y obvia. Pero a ella le encantaba. Una vez hecho esto, le dió un cariñoso beso en la mejilla.
Un gesto con el que parecía sellar o estar conforme con aquella idea que, movido quizás por la emoción, a Octojin se le había escapado.
— De hecho, para mí sería todo un honor. — Murmuró, mirándole de reojo con una media sonrisa antes de volver a separarse brevemente para regresar a su asiento.
Tras eso, traviesa, se rió un poco. Octojin aprovechó para llamar al camarero, una vez hubieron terminado de comer, para pedir los postres. Y aunque el escualol e recomendó uno de frutas, Asradi negó suavemente con la cabeza.
— Yo quiero la mousse de chocolate blanco con alga wakame. — Y lo dijo así, muy tranquilamente. Se le antojaba mucho y ya tenía ganas de tenerlo delante.
Por fortuna, después de hacer el pedido, no tardaron mucho en traerles los postres. El de Asradi consistía, efectivamente, en una mousse de chocolate blanco, en un vaso que realzaba el decorado, sobre todo. Junto con un crujiente de alga wakame en su parte superior.
— Los dos tienen una pinta tremenda. — Asradi miró entusiasmada ambos postres. Le gustaba el dulce en su justa medida. Pero más le gustaba el probar cosas nuevas. Sonrió cuando Octojin le ofreció un trozo, y lo tomó directamente del tenedor contrario, cuando éste se lo ofreció.
La sirena lo paladeó con sumo gusto, hasta le brillaron los ojos.
— El glaseado es espectacular. ¡La próxima vez me pido uno de eses! — Por su parte, tomó la cucharilla y fue ella quien, ahora, recogió un poco de la mousse, cerciorándose de llevar el chocolate, la crema y un trocito del alga en el proceso. — Ven, prueba, este tiene también pintaza. — Y quería que él fuese el primero en probarlo, por lo que tendió la cuchara hacia su grandullón.
Después de compartir ambos el postre de cada uno, Octojin retomó la conversación sobre los astilleros. Asradi no dudó y asintió suavemente.
— Me imagino que sí será un hervidero de marines o, al menos, estará más vigilado. Pero estoy contigo. Sé que no me va a pasar nada. — Confiaba ciegamente en él. — Aunque también procuraré no llamar la atención. Pero si ves que te supone mucho riesgo, no hay problema.
Ella era la que no quería que Octojin pudiese tomar una posición riesgosa con respecto a su trabajo, a su puesto en la Marina. Cuando el escualo le llamó anarquista, Asradi le dió un coletazo disimulado por debajo de la mesa. Lo que vendría siendo una suave patadita en la pierna.
— Oye, no te pases, uniforme de marinerito. — Se burló abiertamente, aunque no con afán de ofender, sino de seguirle el juego.