Alguien dijo una vez...
Rajoy D. Mariano
"Es el Gorosei el que elige al Moderador, y es el Moderador el que quiere que sean los Gorosei el Moderador"
[Diario] Peacock Feather
Donatella Pavone
La Garra de Pavone
La cálida respuesta de Arthur no pasó desapercibida para Donatella, quien arqueó ligeramente una ceja, intrigada por la efusividad del hombre. La sinceridad en su tono, la fuerza que emanaba de su porte, y aquella sonrisa que parecía querer aliviar cualquier peso que alguien pudiera cargar, hicieron que Donatella lo observara con un renovado interés. Aunque, por supuesto, su rostro permaneció tan sereno como siempre, reflejando una mezcla de cortesía y agradecimiento moderado.
 
Arthur Soriz, ¿eh? — Respondió con suavidad, probando el nombre en sus labios como si buscara grabarlo en su memoria. — Es un placer conocerle. Mi nombre es Donatella Pavone. — La formalidad y el porte refinado de sus palabras parecían contrastar con la jovialidad del marine. Sin embargo, su tono no era frío, más bien transmitía la cortesía de alguien que había sido educada en un ambiente donde las primeras impresiones lo eran todo.
 
Cuando mencionó el puesto de fideos Udon, Donatella inclinó levemente la cabeza, dejando que un destello de curiosidad cruzara su mirada. — No negaré que algo caliente y sustancioso sería bien recibido después de un largo día, aunque debo advertirle que no tengo intención de abusar de su hospitalidad. — Dijo con una pequeña sonrisa apenas perceptible en las comisuras de sus labios tratando de chasquear sus dedos de manera sutil y con suerte imperceptible.
 
Mientras comenzaban a caminar, Donatella se tomó un momento para observar los alrededores. Los bulliciosos sonidos de Kilombo eran casi reconfortantes, un recordatorio de que, a pesar de las dificultades, la vida seguía su curso. No obstante, había algo en la energía de la isla que le resultaba inquietante, como si una sombra velada acechara bajo la superficie vibrante del lugar.
 
Las preguntas de Arthur la devolvieron al presente, y su mirada ámbar se fijó en él mientras consideraba sus palabras. — Agradezco su disposición, Arthur. Kilombo es... peculiar, y reconozco que aún no he tenido oportunidad de entender del todo cómo funcionan las cosas aquí. Me interesaría saber más sobre las rutas comerciales, los grupos o figuras influyentes de la isla, y cualquier información sobre actividades sospechosas que la Marina esté monitoreando. Recientemente he sufrido un naufragio y me he visto forzada a convertirme en cazarrecompensas, mercader y aprender a valerme por mi cuenta. Aunque, he de destacar que soy de las mejores navegantes de mi reino. — Su tono era directo pero respetuoso, como quien sabe que las palabras precisas ahorran tiempo valioso.
 
Cuando Arthur mencionó a los estafadores, Donatella dejó escapar un leve suspiro, casi imperceptible. — He visto bastantes de esos en mi tiempo aquí. La mayoría son inofensivos, aunque molestos, pero si me topo con alguno que exceda los límites, me aseguraré de informarle o mejor aún… entregarlos directamente. — La promesa en su voz era clara, aunque no expresada con la misma pasión del marine. Para Donatella, cumplir con su palabra era una cuestión de honor, no de emoción.

Sin embargo, había algo en la intensidad de Arthur que le resultaba ligeramente refrescante tras todos los acontecimientos que había tenido en su corta estancia en el Mar del Este. La energía con la que se ofrecía a ayudar, la manera en que proyectaba un aire de seguridad y confianza eran una rareza en el mar de rostros cansados y desconfiados que solía encontrar. Tal vez, pensó, valdría la pena aprovechar la oportunidad para aprender más sobre este lugar, pero también sobre el hombre que parecía tan dispuesto a extenderle una mano sin esperar nada a cambio.
 
Arthur, me doy cuenta de que su experiencia en esta isla va más allá de lo superficial. Agradecería si pudiera compartir alguna advertencia o consejo para alguien que... no pertenece aquí, como yo. — Sus palabras eran sinceras, aunque cuidadosamente medidas. No podía permitirse desperdiciar una oportunidad de obtener información valiosa. Después de todo, La Garra de Pavone siempre jugaba con cuidado, incluso cuando se trataba de algo tan simple como aceptar un cuenco de fideos Udon.
 
Con un último vistazo a su alrededor, se permitió relajarse un poco, permitiendo que la conversación fluyera con naturaleza hasta que el rugido de su estómago la delató. Sin embargo, Donatella simplemente actuaría como si no había escuchado a su propio cuerpo y por dentro deseaba que el señor hiciera lo mismo, ella no cargaba con muchos berries y no quería aprovecharse de un recién conocido, mucho menos de un marine.
#4


Mensajes en este tema
Peacock Feather - por Arthur Soriz - 25-11-2024, 05:30 AM
RE: Peacock Feather - por Donatella Pavone - 25-11-2024, 07:27 PM
RE: Peacock Feather - por Arthur Soriz - 25-11-2024, 09:04 PM
RE: Peacock Feather - por Donatella Pavone - 26-12-2024, 02:02 AM

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