
Takezo D. Ryuu
Musashi Miyamoto
30-12-2024, 09:17 AM
Isla Kilombo
Día 16 de Otoño – Año 424.
Mi capacidad de navegación siempre fue nula, realmente nunca tuve madera para ningún oficio y aún así decidí lanzarme al mar para darme cuenta de efectivamente soy el peor navegante la historia… Aún con eso siempre creí que nunca afectaría en mi travesía o tal vez si pero en menor medida, después de todo yo no tenía otro sueño más que ser el espadachín pirata más grande de todo los tiempos, no un buen navegante, realmente no pude estar tan equivocado. Luego de escapar con efectividad de mi isla natal me embarque con destino a Loguetown, quería que fuese mi punto de partida para mi gran viaje, tenía simbolismo y un peso sentimental muy alto para mí, fue la isla de la muerte de mi madre y también donde yo nací, tenía un vínculo metafórica y literalmente con mi sangre, sencillamente perfecto según mi criterio.
No había problema con la isla pero sí con como llegar, ya lo dije antes, mis capacidades era sencillamente nulas y no podía siquiera mantener el rumbo fijo de mi intento de embarcación, razón por la que me dejé llevar por la marea, confiaba en que llegaría en algún punto a Loguetown o por alguna razón parecía una idea totalmente lógica y sostenible. Así fui llegando de una en una a islas que no era para nada Loguetown, visitando culturas y gente en busca del lugar en donde de manera graciosa se supone iba a iniciar mi viaje, y así llegué a Kilombo.
Mi llegada fue al atardecer, el sol ya estaba apunto de desaparecer y las luces de la isla se encargaban en conjunto de las nacientes estrellas de iluminar a su gente, bajé de mi pequeña barca robada aún estoico de mi situación, sabía que no estaba en Loguetown, pero quejarme no iba a ayudarme a resolver mi falta de amistad con la orientación en el mar, razón por la que decidí explorar la isla antes de seguir con mi travesía por las islas. Mi caminata fue lenta, sin apuros algunos y con una pequeña sonrisa que no dejaba ver mi dientes. Me encantaba sentir el viento mover mi cabello mientras los transeúntes no paraban de ofrecerme dulces y objetos locales a modo de recuerdo, realmente sabían cómo llamar la atención de un turista porque de un momento a otro ya tenía collares, pulseras y estaba degustando algún que otro dulce.
Dentro de todo el movimiento de la isla el cual era el suficiente para hacerme desear tomarme un pequeño descanso no pude evitar apartarme de la ciudad, quería comer lo que había comprado en paz así que me dirigí al bosque en donde luego de la suficiente caminata pude llegar a un pequeño acantilado en donde apenas y pude sentarme dejé caer mi comida quedando boquiabierto por lo que tenía delante. – Uhh. . . Vaya, un faro – me levantaba mientras la luz del mismo iluminaba mis pupilas por momentos – No puedo dejar pasar esta oportunidad, no hoy – Como pude limpié mi kimono de restos de comida y emprendí viaje en dirección aquel faro que no solo iluminaba el camino de los barcos sino que ahora el mío.