
Masao Toduro
El niño de los lloros
05-01-2025, 08:28 PM
El albino le explico el plan, al parecer iban a aplicar la operativa de siempre. Uno entraba y el otro zasca, les pillaba con la guardia baja y pumba, enchironados.
-Dale don, dale- le replicó a su jefe, vaya, parece que otra vez no estaba siendo todo lo profesional que debía.
Aprovecho para apagar la luz y asomar, efectivamente había dos tíos más feos que pegar a un padre con calcetín sudado, había un gordo muy gordo, pero gordo, gordo, gordo, más gordo que el premio de la lotería de Navidad, ay mi niño, ¿Pero tú sabes lo gordo que era? Era la misma encarnación de aquella caricatura de te vas a comer esa silla, pero en carne y hueso. Y el otro compañero para lo alto, que era un fideo, estaba claro que allí el cocinero que repartía las raciones no tenía buen tino con las cantidades ¿Sería que el primero le robaba el almuerzo al segundo? Había escuchado que eso pasaba en algunas escuelas ¿Por qué no podía pasar lo mismo entre una red de maleantes?
Una vez que su compañero le hiciera la señal, saldría a cuerpo descubierto a gritar un clásico:
-QUIETO TODO EL MUNDO- grito como le habían enseñado aquel sargento retirado de tricornio particular y bigotillo nostálgico -Bueno que quedan usted detenidos por orden de la marina, la orden la tengo en el barco así que desfilando- agregó de forma tajante dando un par de palmas para llamar la atención de todo el mundo.
En el caso de que nadie parara, ya que estaba acostumbrado a eso. Nunca le solían hacer caso, por lo que la gente se ponía rápidamente a correr y a moverse de un lado a otro, pero vamos la fiesta se acabó rápido, ya que en un suspiro y gracias a la intervención divina de aquel que protege a los justos, una onda del espíritu santo salió de mi disparada a toda la sala, todo el mundo estaba apelotonado por lo que supuso que pasaría lo que solía pasar, gente que se veía abrumada por aquella intervención divina y esas cosas.
Si el gordo y el flaco se negaban, que era los que aparentemente desprendían más aura de villanía, se lanzaría a por uno de ellos y le trataría de propinar el golpe al mismo al que atacará su compañero abejorro, un primer derechazo, seguido de una patada con la pierna izquierda a la altura de la pelvis, si estaba tan gordo, esas piernas debían estar acostumbradas a aguantar buen peso ¿no?
-Dale don, dale- le replicó a su jefe, vaya, parece que otra vez no estaba siendo todo lo profesional que debía.
Aprovecho para apagar la luz y asomar, efectivamente había dos tíos más feos que pegar a un padre con calcetín sudado, había un gordo muy gordo, pero gordo, gordo, gordo, más gordo que el premio de la lotería de Navidad, ay mi niño, ¿Pero tú sabes lo gordo que era? Era la misma encarnación de aquella caricatura de te vas a comer esa silla, pero en carne y hueso. Y el otro compañero para lo alto, que era un fideo, estaba claro que allí el cocinero que repartía las raciones no tenía buen tino con las cantidades ¿Sería que el primero le robaba el almuerzo al segundo? Había escuchado que eso pasaba en algunas escuelas ¿Por qué no podía pasar lo mismo entre una red de maleantes?
Una vez que su compañero le hiciera la señal, saldría a cuerpo descubierto a gritar un clásico:
-QUIETO TODO EL MUNDO- grito como le habían enseñado aquel sargento retirado de tricornio particular y bigotillo nostálgico -Bueno que quedan usted detenidos por orden de la marina, la orden la tengo en el barco así que desfilando- agregó de forma tajante dando un par de palmas para llamar la atención de todo el mundo.
En el caso de que nadie parara, ya que estaba acostumbrado a eso. Nunca le solían hacer caso, por lo que la gente se ponía rápidamente a correr y a moverse de un lado a otro, pero vamos la fiesta se acabó rápido, ya que en un suspiro y gracias a la intervención divina de aquel que protege a los justos, una onda del espíritu santo salió de mi disparada a toda la sala, todo el mundo estaba apelotonado por lo que supuso que pasaría lo que solía pasar, gente que se veía abrumada por aquella intervención divina y esas cosas.
Si el gordo y el flaco se negaban, que era los que aparentemente desprendían más aura de villanía, se lanzaría a por uno de ellos y le trataría de propinar el golpe al mismo al que atacará su compañero abejorro, un primer derechazo, seguido de una patada con la pierna izquierda a la altura de la pelvis, si estaba tan gordo, esas piernas debían estar acostumbradas a aguantar buen peso ¿no?