
Silver D. Syxel
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09-01-2025, 01:15 AM
(Última modificación: 09-01-2025, 01:16 AM por Silver D. Syxel.)
Loguetown
Día 1, Invierno del año 724
Día 1, Invierno del año 724
El puerto de Loguetown mantenía su inconfundible ajetreo incluso con la llegada del Invierno. Las embarcaciones de todo tipo seguían atracando en sus muelles, mientras los trabajadores portuarios descargaban mercancías y los mercaderes ofrecían sus productos bajo el frío viento de la estación. Entre ellos, un discreto carguero destacaba por las actividades que se organizaban a su alrededor. Aunque para muchos podía parecer un barco cualquiera, aquellos con oídos atentos sabían que el carguero albergaba negocios de gran interés.
El nombre de Silver D. Syxel había crecido en los últimos meses, no solo como pirata, sino también como un comerciante cuya red de contactos parecía extenderse por todo el mar del este. Sin embargo, su notoriedad lo obligaba a operar de forma más cuidadosa. Los rumores hablaban de un alto precio por su cabeza, lo que había llevado al capitán a mantenerse en las sombras mientras algunos miembros desconocidos de su tripulación y sus socios comerciales manejaban las operaciones visibles.
En el muelle, Airok, la intendente, supervisaba con precisión cada detalle del comercio. Sus gestos calculados y su mirada firme transmitían una autoridad incuestionable. Era ella quien se encargaba de las transacciones más delicadas, especialmente con aquellos compradores que representaban un posible riesgo: marines, cazadores de recompensas o cualquiera que pudiera estar interesado en más que solo mercancías. A su lado, otros miembros de la tripulación ayudaban con las gestiones, mientras otros socios locales se encargaban de extender la red comercial en la ciudad.
La mercancía seguía siendo la misma que había dado fama al pirata. Pero había algo más en juego. Los negocios ahora iban más allá de los simples intercambios. Cada transacción era una pieza en el tablero de ajedrez que el capitán movía con cautela, expandiendo su influencia mientras permanecía fuera del alcance de las manos que lo buscaban.
A medida que el comercio se desarrollaba, era evidente que no era un negocio cualquiera. Los interesados eran recibidos con profesionalidad y cortesía, pero siempre con un aire de misterio. Syxel no estaba presente físicamente en la mayoría de las transacciones, pues solo recibía directamente a aquellos de mayor confianza. Pero su sombra se proyectaba sobre cada trato cerrado, un recordatorio de que incluso los más buscados pueden seguir prosperando.