
Lawliet D. Giorno
Iceberg de la Marina
10-01-2025, 05:48 AM
Loguetown
Invierno, Año 724
Invierno, Año 724
El invierno había llegado a Loguetown con un aire de celebración. Las calles estaban adornadas con guirnaldas, luces brillantes y figuras de nieve que reflejaban el entusiasmo de los habitantes. Los comercios lucían escaparates decorados con motivos invernales, y una melodía festiva flotaba en el aire. Aunque el frío era intenso, el Astro Rey bañaba la ciudad con una luz vibrante, acentuando la calidez del ambiente. A pesar de todo esto, Lawliet D. Giorno caminaba en silencio, envuelto en sus pensamientos. Por fuera, el invierno irradiaba alegría, pero por dentro, una nostalgia profunda lo acompañaba.
Frente a él apareció el orfanato donde había crecido, su fachada ahora decorada con cintas y estrellas, pero igual de imponente que en sus recuerdos. La bandera de la Marina ondeaba orgullosa en lo alto, recordándole su pasado y el camino que lo había llevado hasta convertirse en el hombre que era hoy. Al cruzar las puertas, un torrente de emociones lo invadió.
El interior del orfanato estaba lleno de vida. Los niños corrían por los pasillos decorados con coronas de hojas y pequeños adornos hechos a mano. Una cuidadora mayor lo reconoció al instante, saludándolo con una sonrisa cálida. Mi pequeño Giorno, ¿quién iba a decir que volverías aquí convertido en un oficial marino? comentó con orgullo, señalando su uniforme.
Giorno asintiría, devolviéndole la sonrisa. Este es mi hogar, después de todo.
En el patio trasero, un grupo de niños disfrutaba del recreo. Giorno decidió unirse a ellos, movido por el deseo de inspirarles como él había sido inspirado años atrás. Epa, ¿quieren ver algo interesante? Preguntó con una chispa en los ojos.
Los niños lo rodearon, sus miradas llenas de curiosidad. Con un movimiento elegante de sus manos, invocó su poder. El frío pareció intensificarse en sus manos mientras creaba una pequeña figura de hielo que empezó a tomar forma. En cuestión de segundos, un pequeño barco de hielo apareció frente a ellos, como si fuese esculpido, cada detalle tallado con precisión.
Este era el tipo de barco con el que soñaba cuando era niño. Los niños lo miraban boquiabiertos, sus risas llenando el aire cuando Giorno continuó creando figuras: un par de gaviotas, un intrincado escudo de la Marina, y finalmente, un árbol navideño de hielo que brillaba como un cristal bajo la luz del sol. Allí, rodeado de inocencia y alegría, volvió a sentirse como el niño soñador que alguna vez fue, jugando en ese mismo patio y dejando que la imaginación lo guiara.