
Takahiro
La saeta verde
10-01-2025, 02:06 PM
(Última modificación: 10-01-2025, 02:18 PM por Takahiro.
Razón: Cerrar el tema, que puse mal el código
)
—No te preocupes, hombre —le dijo Takahiro, con un tono relajado y una sonrisa ligera en el rostro—. No siempre se puede estar al cien por ciento ni tener los ojos en todo. Te lo digo por experiencia —hizo una pausa, mientras guardaba el papel con el código en el bolsillo interno de su chaqueta—. Ahora, levanta la cabeza y no te angusties. Aún hay mucho barco que revisar.
El peliverde y su compañero continuaron con la inspección, moviéndose de un lado hacia el otro del barco, tanto arriba como abano, examinando cada rincón del navio con esmero, en busca de algo que pudiera haber pasado desapercibido por los marines. El tiempo transcurrió lento, quizás demasiado lento, y después de un rato sin encontrar nada fuera de lo común, Takahiro decidió que la inspección había terminado.
—Ya está, es hora de irnos —dijo, mientras observaba el mar desde la cubierta. Dejó a una pareja de marines como custodios de la seguridad del barco, mientras indicaba a los pocos que quedaban que se retiraran al cuartel.
—En tres horas vendrá vuestro relevo —les informó a los marines, antes de girarse para marcharse—. No quiero dejar el barco solo... Al menos, no hasta que termine de comprobar un par de cosas —agregó, dejando en el ambiente un aura de misterio.
Tras regresar al Cuartel General del G-31, el alférez sintió muchas ganas de retirarse a su habitación y descansar, pues el día había sido largo y tedioso, había tenido que pensar demasiado para su gusto. Sin embargo, aún quedaba algo que debía hacer, una tarea que no podía postergar: encontrar islas con spa en el Mar del Este. Algo necesario para terminar aquella misión.
¿Qué islas tenían spa en aquel mar? Una pregunta que esperaba que tuviera fácil respuesta. Se sentó frente a un montón de documentos del cuartel que había pedido al encargado de la sección, dispuesto a realizar su búsqueda lo más pronto posible. Durante horas, pasó los ojos sobre mapas detallados y listados de destinos, preguntando en más de una ocasión a compañeros con más experiencia.
Durante esos días, en los que el turismo parecía ser la base de la economía, muchas islas tenían spas y hoteles de lujo. Sin embargo, uno de ellos destacaba por encima del resto, el famoso resort de lujo ubicado en una de las islas del archipiélago de las Gekko.
—Aquí tiene que ser —comentó en voz baja, dejando caer su espalda sobre el respaldo de la incómoda silla en la que se encontraba sentado—. A ver si la capitana me envía de incógnito a buscar al pirata y me doy un masajito entretanto —pensó en voz alta.
Durante un instante sintió un gran alivio, ¿sería esa su primera misión exitosa intelectual en solitario? Eso era un punto a favor para él, ya que siempre podía restregarselo a la Oni en la cara.
Pero aún tenía que hacer lo peor de todo, aquello por lo que no le gustaba tener que ascender en la jerarquía de poder: realizar un informe detallado. Es por ello, que con un bolígrafo de color azul en mano, empezó a redactar el informe con todo lo que habia encontrado y todo lo que había ocurrido. Sin embargo, obvió la parte en la que Philip había sido un poco incompetente en sus quehaceres y también la parte en la que habían usado al pobre del mudo como si fuera carnada de una caña de pescar, lanzandolo al mar cada cierto tiempo.
[cierre]
El peliverde y su compañero continuaron con la inspección, moviéndose de un lado hacia el otro del barco, tanto arriba como abano, examinando cada rincón del navio con esmero, en busca de algo que pudiera haber pasado desapercibido por los marines. El tiempo transcurrió lento, quizás demasiado lento, y después de un rato sin encontrar nada fuera de lo común, Takahiro decidió que la inspección había terminado.
—Ya está, es hora de irnos —dijo, mientras observaba el mar desde la cubierta. Dejó a una pareja de marines como custodios de la seguridad del barco, mientras indicaba a los pocos que quedaban que se retiraran al cuartel.
—En tres horas vendrá vuestro relevo —les informó a los marines, antes de girarse para marcharse—. No quiero dejar el barco solo... Al menos, no hasta que termine de comprobar un par de cosas —agregó, dejando en el ambiente un aura de misterio.
Tras regresar al Cuartel General del G-31, el alférez sintió muchas ganas de retirarse a su habitación y descansar, pues el día había sido largo y tedioso, había tenido que pensar demasiado para su gusto. Sin embargo, aún quedaba algo que debía hacer, una tarea que no podía postergar: encontrar islas con spa en el Mar del Este. Algo necesario para terminar aquella misión.
¿Qué islas tenían spa en aquel mar? Una pregunta que esperaba que tuviera fácil respuesta. Se sentó frente a un montón de documentos del cuartel que había pedido al encargado de la sección, dispuesto a realizar su búsqueda lo más pronto posible. Durante horas, pasó los ojos sobre mapas detallados y listados de destinos, preguntando en más de una ocasión a compañeros con más experiencia.
Durante esos días, en los que el turismo parecía ser la base de la economía, muchas islas tenían spas y hoteles de lujo. Sin embargo, uno de ellos destacaba por encima del resto, el famoso resort de lujo ubicado en una de las islas del archipiélago de las Gekko.
—Aquí tiene que ser —comentó en voz baja, dejando caer su espalda sobre el respaldo de la incómoda silla en la que se encontraba sentado—. A ver si la capitana me envía de incógnito a buscar al pirata y me doy un masajito entretanto —pensó en voz alta.
Durante un instante sintió un gran alivio, ¿sería esa su primera misión exitosa intelectual en solitario? Eso era un punto a favor para él, ya que siempre podía restregarselo a la Oni en la cara.
Pero aún tenía que hacer lo peor de todo, aquello por lo que no le gustaba tener que ascender en la jerarquía de poder: realizar un informe detallado. Es por ello, que con un bolígrafo de color azul en mano, empezó a redactar el informe con todo lo que habia encontrado y todo lo que había ocurrido. Sin embargo, obvió la parte en la que Philip había sido un poco incompetente en sus quehaceres y también la parte en la que habían usado al pobre del mudo como si fuera carnada de una caña de pescar, lanzandolo al mar cada cierto tiempo.
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