
Marvolath
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11-01-2025, 04:10 AM
Parecía que aquel paciente tenía, además de los brazos, la lengua muy larga, que hablaba sin cesar mientras la paciencia iba menguando. Marvolath no era el tipo de doctor que escucha a los pacientes, al menos no más allá de la descripción de síntomas y otra información relevante. Y, aunque administrar anestesia le suponía un esfuerzo y coste extra, agradecía el silencio y tranquilidad que le brindaba.
La gota que colmó el vaso fue cuando aquel deslenguado cuestionó el estado de sus utensilios, e hizo comentarios sobre el nivel de habilidad comparándolo con un carpintero novato. Su rostro apático, que no solía mostrar más que una especie de neutral aburrimiento, se crispó, frunciendo el ceño y arrugando la nariz. Algo leve, que pasaría desapercibido en la mayoría de rostros. Pero en el suyo destacaba como una mancha sobre un lienzo. Rebuscó en uno de los cajones, hasta encontrar un cilindro de madera que envolvió en tela antes de ofrecérselo.
- Un mordedor. Ayudará a llevar el dolor, y a que no te rompas los dientes. - dijo son sequedad, mientras añadía un "y a que contengas la lengua" para sí mismo.
No comentó nada sobre el estado de sus herramientas, y dejó que éste hablase por sí mismo. Clavó la aguja de la vía directamente en la yugular, perforando la piel sin ningún esfuerzo, como si el agujero ya estuviera de antemano y sólo ocupase su lugar. Abrió el gotero, y en cuestión de segundos un cosquilleo que se convirtió en hormigueo comenzó a extenderse. Dio el tiempo que se tarda en lavar las manos, colocar los guantes y volver a lavarlas para que la anestesia terminara de hacer efecto. Sin ningún miramiento, tocó el ojo, comprobando la reacción del paciente.
- ¿Tienes preferencia por alguno de los ojos? Diría que este es el dominante... por lo que te recomiendo el otro. Pero, ventajas de estar consciente, tú eliges.
El trabajo era, por lo general, poco excitante. Pura rutina, acciones mecánicas que había hecho y rehecho hasta ser tan automáticas como manejar un cubierto. A veces se encontraba con casos intrigantes, algún misterio o rareza, que recibía como una bocanada de aire fresco. Alguien de la tribu de los brazos largos era, sin duda, poco frecuente, pero su anatomía era muy similar a la de un humano y no llegaba más que a pequeña brisa. Sin embargo, este trabajo lo estaba disfrutando. Cada contracción, y cada quejido ahogado eran una pequeña caricia en la herida que había causado la ofensa minutos atrás. Para su desconsuelo y sorpresa, el paciente soportó la operación con más dignidad y entereza de la que había esperado la instalación de su nuevo ojo.
- Tengo que reconocer que tienes aguante. Hay quien diría que una piedra se quejaría más que tú, si las piedras tuviesen ojos que extirpar. Sin embargo, para la piel subiré la dosis. La dolor de ser desollado no es tan intenso como el del ojo, pero es más... - hizo un gesto con las manos, como si describiese los bordes de una esfera de gran tamaño - completo. Como un picor terrible que no puedes rascar, en todos lados. Aunque, en cierto sentido, lo es.
La hazaña de la casi estatua que tenía por paciente le animó, dejando atrás la ofensa y retomando su estado de ánimo habitual. Ajustó el gotero y, bisturí en mano, realizó el primer corte, dibujando una delgada línea roja a lo largo del pecho. Antes de que comenzara la segunda, la anestesia había hecho efecto, dejando a Drake en un estado parecido al adormecimiento.
- Te costará más hablar, y no recomiendo que te muevas. Sentirás algo parecido a arañazos y picor leve. Y una mezcla entre frío y calor. - dijo intentando ser metódico, aunque tenía que reconocer que era la primera vez que tenía que dar esa información - Has venido aquí porque has decidido confiar en mí. Si la palabra de un pirata sirve de algo, tienes la mía de que has hecho bien.
La gota que colmó el vaso fue cuando aquel deslenguado cuestionó el estado de sus utensilios, e hizo comentarios sobre el nivel de habilidad comparándolo con un carpintero novato. Su rostro apático, que no solía mostrar más que una especie de neutral aburrimiento, se crispó, frunciendo el ceño y arrugando la nariz. Algo leve, que pasaría desapercibido en la mayoría de rostros. Pero en el suyo destacaba como una mancha sobre un lienzo. Rebuscó en uno de los cajones, hasta encontrar un cilindro de madera que envolvió en tela antes de ofrecérselo.
- Un mordedor. Ayudará a llevar el dolor, y a que no te rompas los dientes. - dijo son sequedad, mientras añadía un "y a que contengas la lengua" para sí mismo.
No comentó nada sobre el estado de sus herramientas, y dejó que éste hablase por sí mismo. Clavó la aguja de la vía directamente en la yugular, perforando la piel sin ningún esfuerzo, como si el agujero ya estuviera de antemano y sólo ocupase su lugar. Abrió el gotero, y en cuestión de segundos un cosquilleo que se convirtió en hormigueo comenzó a extenderse. Dio el tiempo que se tarda en lavar las manos, colocar los guantes y volver a lavarlas para que la anestesia terminara de hacer efecto. Sin ningún miramiento, tocó el ojo, comprobando la reacción del paciente.
- ¿Tienes preferencia por alguno de los ojos? Diría que este es el dominante... por lo que te recomiendo el otro. Pero, ventajas de estar consciente, tú eliges.
El trabajo era, por lo general, poco excitante. Pura rutina, acciones mecánicas que había hecho y rehecho hasta ser tan automáticas como manejar un cubierto. A veces se encontraba con casos intrigantes, algún misterio o rareza, que recibía como una bocanada de aire fresco. Alguien de la tribu de los brazos largos era, sin duda, poco frecuente, pero su anatomía era muy similar a la de un humano y no llegaba más que a pequeña brisa. Sin embargo, este trabajo lo estaba disfrutando. Cada contracción, y cada quejido ahogado eran una pequeña caricia en la herida que había causado la ofensa minutos atrás. Para su desconsuelo y sorpresa, el paciente soportó la operación con más dignidad y entereza de la que había esperado la instalación de su nuevo ojo.
- Tengo que reconocer que tienes aguante. Hay quien diría que una piedra se quejaría más que tú, si las piedras tuviesen ojos que extirpar. Sin embargo, para la piel subiré la dosis. La dolor de ser desollado no es tan intenso como el del ojo, pero es más... - hizo un gesto con las manos, como si describiese los bordes de una esfera de gran tamaño - completo. Como un picor terrible que no puedes rascar, en todos lados. Aunque, en cierto sentido, lo es.
La hazaña de la casi estatua que tenía por paciente le animó, dejando atrás la ofensa y retomando su estado de ánimo habitual. Ajustó el gotero y, bisturí en mano, realizó el primer corte, dibujando una delgada línea roja a lo largo del pecho. Antes de que comenzara la segunda, la anestesia había hecho efecto, dejando a Drake en un estado parecido al adormecimiento.
- Te costará más hablar, y no recomiendo que te muevas. Sentirás algo parecido a arañazos y picor leve. Y una mezcla entre frío y calor. - dijo intentando ser metódico, aunque tenía que reconocer que era la primera vez que tenía que dar esa información - Has venido aquí porque has decidido confiar en mí. Si la palabra de un pirata sirve de algo, tienes la mía de que has hecho bien.