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Shy
"Shy"
13-01-2025, 01:26 AM
Permanecía silente. Shy solo podía escuchar el ruido de su propia respiración. Alguien le acechaba. La emboscada era inminente. Intentaba no agitarse. Si mostraba signos de terror, sus acechadores sabrían que consideraba aquella situación peligrosa. Nada de nervios. Aplomo. Inspirar, espirar. Había que mantenerse sereno para conservar la cordura. Mostrar el temple de un asesino, lo que siempre había sido. Inspirar, espirar. Se había enfrentado a enemigos poderosos, no creía que nada de lo que hubiera allí realmente pudiera hacerle sentir verdadero terror. Shy relajó un poco su postura. Inspirar, espirar. No podía podía ser tan grave el mal que acechaba en la oscuridad de la isla. Todo el mal es humano. Inspirar...
Un grito hizo que Shy se sobresaltara, provocando que se le tensaran los hombros y se le quedasen los ojos como platos. Se atragantó a mitad de la inspiración; no obstante, aquello no limitaría su capacidad marcial. Con un giro propio de una bailarina, se dio la vuelta sobre sí mismo y lanzó una estocada que se quedó a medio camino al presenciar el familiar rostro que había querido pasarse de bromista. La aguja quedó a escasos centímetros de la garganta de Illyasbabel.
Illyasbabel, pensó Shy. ¿Cómo no? ¡Pero serás gilipollas! ¿Cómo coño se te ocurre ir por ahí dando sustos? ¿En esta situación? ¿Es que tienes serrín en lugar de sesos? ¡Capullo! ¡No vuelvas a hacer eso!
Shy se limitó a recomponerse y a fruncir el ceño. Era una persona de poquísimas palabras, y la bronca que tenía ganas de echarle al díscolo de su compañero requería más de las que le gustaría decir a lo largo de un mes. Sí, le alegraba ver su bobalicona sonrisa, ¿pero ahora? Ahora tenía ganas de convertirle en un alfiletero a aguijonazos. El día en el que llovieron los cerebros, tú saliste con paraguas, por lo visto. Guardó las agujas, su rostro exhibiendo la más pura de las indignaciones. Le estaba cogiendo cariño, pero había días en los que prefería ni verle. Hoy estaba por ser uno de esos días.
Sus problemas no parecían concluir con las travesuras de Illyasbabel. Una elegante dama avanzaba en su dirección dando largos pasos. A pesar del silencio, no parecía exhibir ningún tipo de ansiedad. Shy imaginó que, con semejante porte y actitud, debía de manejarse lo suficientemente bien como para no sentirse acobardada. Shy se dio cuenta de que la recordaba de algo. ¡Ah, del barco-pulpo! En efecto. A Shy le había impresionado su belleza, aunque, ciertamente, no le recordaba en absoluto a su querida Ame. Era otro tipo de belleza. Shy emitió un pequeño gruñido de fastidio. La muchacha les interrogó acerca de su identidad.
-Cazarrecompensas -respondió-. Viajábamos contigo.
No tenía sentido mentir en aquella situación. Shy se había estudiado las recompensas locales de cabo a rabo y no la recordaba. Y en cualquier caso, tenían que prestarse toda la ayuda posible para salir de aquel entuerto. Máxime cuando podía haber una emboscada en cualquier momento y teniendo a una horda de náufragos desesperados a los que atender. Shy le lanzó un gesto con la cabeza, como si le preguntara: ¿Y tú quién eres?