
Horus
El Sol
13-01-2025, 03:24 AM
2 de Invierno, Atardecer
Centro de Loguetown
Hoy era un día en el que los buenos días habían muerto y eran tan solo días sin más. Por lo menos, así era en el orfanato de Loguetown, donde uno de sus infantes había desaparecido en extrañas circunstancias. Para entender lo sucedido, debemos remontarnos hasta esta misma mañana, cuando algunos de los niños del orfanato se escaparon para jugar un poco en las calles. No era algo extraño; de hecho, era muy habitual que los niños quisieran salir a jugar un rato por su cuenta. Estar demasiado tiempo encerrados en el orfanato resultaba un poco aburrido, y los encargados no podían gestionar adecuadamente el llevar a pasear o jugar con todos los niños fuera del orfanato. Por eso, no era raro que algunos pequeños grupos hicieran escapadas furtivas para pasear por la ciudad o hacer travesuras; sin duda, buscaban llamar la atención, siendo niños que habían perdido a sus padres.
Aunque la actitud de los niños les acarreaba ciertas reprimendas, este orfanato estaba bajo la protección de la Marina, así que no era extraño que algunos soldados se pasaran de forma habitual para echar una mano. Tenían muy fichados a los niños del lugar, y cuando atrapaban a uno por las calles haciendo travesuras, lo llevaban de la oreja de regreso al orfanato para que recibiera una buena reprimenda. No me malinterpreten: no es que los Marines castigaran o quisieran mantener allí a los niños a la fuerza; los ayudaban y protegían, incluso les pagaban y brindaban una educación para que pudieran ser alguien el día de mañana. No se trataba de forzarlos a querer adiestrarse para ingresar en la Marina lo antes posible; no era el caso, ya que tenían libertad para tomar las decisiones que consideraran más convenientes para su futuro.
A pesar de esto, siempre atrapaban a los niños en alguna plaza o intentando robar alguna pieza de fruta de las paradas del mercado para presumir entre ellos de lo habilidosos que eran. No eran pocas las veces que los niños se aventuraban hacia el puerto o a lugares no tan seguros para ellos, donde podían hacerse daño o ponerse en riesgo. Por eso, siempre que alguno se fugaba y lo notaban, algunos encargados salían a buscarlos por las calles e incluso solicitaban ayuda a los soldados que encontraban para agilizar la búsqueda antes de que acabaran metidos en algún lío.
Pero ese día todo cambió. Los encargados finalmente dieron con dos de los tres niños que habían escapado para jugar en las calles. Estaban llorando a moco tendido, sin poder despegarse de las faldas de los adultos, tan aferrados estaban. Entre llantos, dijeron que el pequeño Timmy Turner se había perdido y que quizás estaba muerto. Nada más lejos de la realidad; al menos, eso deseamos pensar. Lo ocurrido, cuando los maestros lograron calmar un poco a los niños para que hablaran con claridad, fue que se aventuraron a las alcantarillas. Allí se retaban a ver quién tenía el valor para entrar, se picaban entre ellos, y finalmente Timmy accedió a entrar porque le dijeron que no tenía huevos de hacerlo, un clásico. El niño entró, y después de un buen rato, no volvió. Aunque los niños trataron de gritar hacia la boca de la alcantarilla, solo se les devolvía su propia voz en forma de ecos. Al rato, con el pequeño hilo de agua que salía del interior de la boca de la alcantarilla, apareció flotando la gorrita rosa de Timmy, pero ni rastro del niño. En ese momento, los dos niños entraron en pánico y salieron corriendo en busca de los tutores de la escuela.
Esto nos conduce al presente, con el sol poniéndose en el horizonte y tiñendo el cielo de tonos anaranjados y amarillos. Ustedes tres han sido convocados durante una patrulla por la zona para adentrarse en la boca de esa alcantarilla y buscar al niño perdido antes de que sea demasiado tarde, o en el peor de los casos, poder traer de vuelta su cuerpo y darle un entierro digno como se merece. La boca de la alcantarilla era un pequeño tramo que desembocaba en el mar; era una entrada cilíndrica de unos diez metros de diámetro, que mostraba caminos de piedra a ambos lados, dejando pasar un flujo de aguas por el centro hasta perderse en el mar. Su interior estaba escasamente iluminado por unas pocas luces fluorescentes que proporcionaban una tenue luz cada decena de metros aproximadamente; era tan tenue que si miraban hacia dentro, las profundidades del lugar mostraban oscuridad, ya que la ligera iluminación no lograba alcanzar la salida. Ahora era su misión adentrarse en este lugar para rescatar a Timmy, algo sin duda muy sencillo para experimentados marines como ustedes, pero la cuestión era si habrían llegado a tiempo.