
Arthur Soriz
Gramps
14-01-2025, 07:31 AM
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3 de Invierno
Año 724
Año 724
Una fría mañana, cuando el otoño estaba dando sus últimos suspiros antes de ceder el paso al invierno, Byron... te encontrabas en la cubierta del barco observando el horizonte. El cielo estaba cubierto de un gris plomizo... aunque no parecía que fuese a llover. El oleaje estaba suave, pero había algo en el aire que te hacía sospechar esa calma pronto terminaría. De repente un aleteo llamó tu atención. Una figura pequeña volaba en tu dirección acercándose cada vez más. Era un ave mensajera que portaba en una de sus patas un pequeño sobre de color marfil. Con un graznido agudo, el ave se posó sobre la barandilla del barco, dejando caer el sobre en tus manos antes de volver a emprender el vuelo, desapareciendo en el cielo nublado tan rápido como había llegado.
Al romper el sello, desplegaste la carta, escrita en elegante caligrafía. Era escueta pero clara; indicaba un lugar en Loguetown al que debía dirigirse para recibir detalles sobre su objetivo. No había nombres ni más explicaciones, solo una advertencia críptica pero clara: "No vengas solo." Aunque no se mencionaba apuro alguno, sabías por la forma en la que las palabras estaban escritas y por lo que te había dicho el mink koala de pelaje rosa el Verano pasado... esta sería tu única oportunidad para cumplir con el encargo.
Los días siguientes podías pasarlos preparándote tanto física como mentalmente, sabías que esta no sería una tarea fácil... encargarte de un agente del Gobierno Mundial no era moco de pavo. Pero finalmente, la silueta de Loguetown apareció en el horizonte. A medida que el barco se acercaba al puerto la ciudad se desplegaba ante ti como un libro abierto. Con sus calles empedradas y edificios de piedra antigua coronados con techos de tejas rojas ahora cubiertos con una capa de nieve recién caída.
Si decidías llevar a Drake contigo, verían que la ciudad entera estaba decorada con guirnaldas y luces parpadeantes de diversos colores festivos. El aroma a especias y dulce de las pastelerías invadía el ambiente. La gente iba y venía por doquier disfrutando del ambiente navideño y sobre todas las cosas los niños deambulando y jugando, tirándose bolas de nieve o armando muñecos.
Las coordenadas estaban claras, en el almacén número 47 al noreste de la ciudad es donde se llevaría a cabo la reunion. No había una hora estipulada pero tampoco era necesario, sabían que tarde o temprano llegarían y ese día era demasiado importante como para tomárselo a la ligera. Ya era demasiado tarde para echarse atrás, habías hecho una promesa y ibas a cumplirla... ¿verdad?
Cuanto más te ibas acercando al dichoso lugar donde se reunirían, notaban que la multitud comenzaba a disiparse. Las calles se iban haciendo más estrechas, el ambiente más silencioso. Finalmente, llegaron a un almacén modesto, en donde un par de sujetos con pintas de pocos amigos estaban parados haciendo guardia. Nada más ver que se aproximaban ustedes dos, les brindaron acceso casi de inmediato. A diferencia del exterior que se veía hasta un poco abandonado, el interior del almacén parecía más una pequeña oficina de lujo que un lugar para meter cargamento.
Fueron guiados hasta una parte del almacén, por la cual les abrieron una puerta. Al entrar a la sala, se encuentran frente a frente con un pequeño panda de baja estatura sentado en un sofá de tres plazas, cruzado de piernas y con una pequeña tacilla de té frente a él en la mesa ratona. Se veía pensativo, pero nada más verte a ti, Byron, sonríe de manera amplia y comienza a hablar.
— Es bueno verte de nuevo, muchacho. Y veo que trajiste compañía.
Al romper el sello, desplegaste la carta, escrita en elegante caligrafía. Era escueta pero clara; indicaba un lugar en Loguetown al que debía dirigirse para recibir detalles sobre su objetivo. No había nombres ni más explicaciones, solo una advertencia críptica pero clara: "No vengas solo." Aunque no se mencionaba apuro alguno, sabías por la forma en la que las palabras estaban escritas y por lo que te había dicho el mink koala de pelaje rosa el Verano pasado... esta sería tu única oportunidad para cumplir con el encargo.
Los días siguientes podías pasarlos preparándote tanto física como mentalmente, sabías que esta no sería una tarea fácil... encargarte de un agente del Gobierno Mundial no era moco de pavo. Pero finalmente, la silueta de Loguetown apareció en el horizonte. A medida que el barco se acercaba al puerto la ciudad se desplegaba ante ti como un libro abierto. Con sus calles empedradas y edificios de piedra antigua coronados con techos de tejas rojas ahora cubiertos con una capa de nieve recién caída.
Si decidías llevar a Drake contigo, verían que la ciudad entera estaba decorada con guirnaldas y luces parpadeantes de diversos colores festivos. El aroma a especias y dulce de las pastelerías invadía el ambiente. La gente iba y venía por doquier disfrutando del ambiente navideño y sobre todas las cosas los niños deambulando y jugando, tirándose bolas de nieve o armando muñecos.
Las coordenadas estaban claras, en el almacén número 47 al noreste de la ciudad es donde se llevaría a cabo la reunion. No había una hora estipulada pero tampoco era necesario, sabían que tarde o temprano llegarían y ese día era demasiado importante como para tomárselo a la ligera. Ya era demasiado tarde para echarse atrás, habías hecho una promesa y ibas a cumplirla... ¿verdad?
Cuanto más te ibas acercando al dichoso lugar donde se reunirían, notaban que la multitud comenzaba a disiparse. Las calles se iban haciendo más estrechas, el ambiente más silencioso. Finalmente, llegaron a un almacén modesto, en donde un par de sujetos con pintas de pocos amigos estaban parados haciendo guardia. Nada más ver que se aproximaban ustedes dos, les brindaron acceso casi de inmediato. A diferencia del exterior que se veía hasta un poco abandonado, el interior del almacén parecía más una pequeña oficina de lujo que un lugar para meter cargamento.
Fueron guiados hasta una parte del almacén, por la cual les abrieron una puerta. Al entrar a la sala, se encuentran frente a frente con un pequeño panda de baja estatura sentado en un sofá de tres plazas, cruzado de piernas y con una pequeña tacilla de té frente a él en la mesa ratona. Se veía pensativo, pero nada más verte a ti, Byron, sonríe de manera amplia y comienza a hablar.
— Es bueno verte de nuevo, muchacho. Y veo que trajiste compañía.