
Airok
La Reina Rubí
14-01-2025, 11:12 PM
Airok bajó la mirada hacia el suelo y dejó escapar una sonrisa, pequeña, contenida, pero imposible de disimular del todo. “Es imposible que haya sido tan fácil” pensó. Sabía que aceptar significaba meterse de lleno en la boca del lobo, pero era exactamente donde quería estar.
Todo encajaba. Había decidido hacerse notar para acercarse al líder de la banda, y ahora lo tenía al alcance de la mano. La estrategia en este tipo de situaciones siempre era flexible: adaptarse al momento, ganar confianza, mantener el control. No siempre salía según el plan, pero si alguien sabía cómo jugar con fuego, era ella, y le encantaba.
Con calma, Airok se acomodó en la silla antes de levantarse. Extendió su mano hacia el hombre, sus movimientos calculados, dejando entrever una mezcla de cortesía y control.
—No será necesario ponernos complicados — dijo, con una sonrisa que apenas rozaba la ironía— Si sabes dónde aprovechar el talento, cuenta conmigo. —
El hombre tomó su mano, sin apartar los ojos de los suyos. Airok aprovechó el contacto para levantarse con un movimiento fluido y elegante, dejando claro que no era alguien que se apresurara ni se intimidara.
Sin prisa, caminó hacia la puerta, cada paso marcado con una seguridad que acalló los murmullos a su alrededor. La luz tenue de las lámparas de aceite parpadeaba a su paso, dibujando sombras alargadas que parecían seguirla como un eco. Al llegar al centro del camino, justo entre los dos matones, redujo ligeramente el ritmo. Se deslizó entre ellos con una fluidez que no dejaba espacio para dudas. Fue a propósito, como si su mera presencia pudiera hacerlos titubear. Les dedicó una mirada breve, pero intensa, primero a uno y luego al otro. No hubo palabras, solo un destello en sus ojos verdes que hablaba más fuerte que cualquier amenaza verbal: un recordatorio de que no eran más que obstáculos menores en un tablero mucho más grande.
Cuando llegó al umbral, Airok se detuvo por un instante, inclinando ligeramente la cabeza hacia el hombre. Fue un gesto casi imperceptible, pero cargado de intención, como si quisiera dejar claro que no solo estaba jugando su juego, sino que además pensaba ganarlo.
“Vamos a ver qué tienes para mí, Rodrik ” pensó mientras cruzaba el marco de la puerta, dejando tras de sí un silencio pesado, roto únicamente por el susurro del viento que entraba desde el exterior.