
Takahiro
La saeta verde
15-01-2025, 01:17 PM
Sin embargo, como solía ocurrir la mayoría de las veces, su plan inicial se vio truncado por la realidad de los hechos que estaban ocurriendo frente a sus narices. En cuanto alzó la mirada, con la mano aferrada con la tela que envolvía la empuñadura de su ketana, un escalofrío recorrió su espalda por completo, desde su coxis hasta el cuello. Era como una señal de peligro que le había alertado inconscientemente. Ante sus ojos, un hombre de gran tamaño y belleza cuestionable estaba atacando a los cautivos sin piedad alguna, dando estocadas rápidas y, en muchos casos, mortales. Aquello era inhumano e inmoral, ¿quién en su sano juicio se divierte de esa forma? Era lo único que se preguntaba el peliverde.
—Eso es deshonroso… —murmuró el peliverde, apretando con más fuerza aún la empuñadura de su arma, al escuchar los desgarradores gritos de dolor y miedo procedente del carromato.
Ante aquella injusticia, el rostro de Takahiro, que hasta ese momento había estado sereno y alegre, casi indiferente, comenzó a cambiar. Su sonrisa relajada y despreocupada desapareció por completo. Ese sentimiento de incredulidad se transformó en una ira que comenzó a arder en su pecho, mezclada con la sensación de que si hubiera actuado antes, probablemente, no habría habido heridos, mientras sin darse cuenta su espada ya se tornaba negra como el azabache. Sí, instintivamente había cubierto su arma con la voluntad de acabar con aquel infame malnacido. Y entonces, sin tan siquiera pensárselo dos veces, fue reduciendo la distancia entre él y el sanguinario esclavista para, tras flexionar sus piernas durante un breve instante, impulsarse hacia él con la intención de pillar inadvertido a su contrincante, desenfundando su espada en cuanto estuviera frente a él y realizar una estocada ascendente apuntando a su cara.
—Battojutsu… ¡Destello Glauco! —diría nada más atacar, para luego enfundar su espada y esperar la reacción de su enemigo, activando su haki de observación, retomando algo de terreno mientras Octojin hacía el siguiente movimiento.
—Eso es deshonroso… —murmuró el peliverde, apretando con más fuerza aún la empuñadura de su arma, al escuchar los desgarradores gritos de dolor y miedo procedente del carromato.
Ante aquella injusticia, el rostro de Takahiro, que hasta ese momento había estado sereno y alegre, casi indiferente, comenzó a cambiar. Su sonrisa relajada y despreocupada desapareció por completo. Ese sentimiento de incredulidad se transformó en una ira que comenzó a arder en su pecho, mezclada con la sensación de que si hubiera actuado antes, probablemente, no habría habido heridos, mientras sin darse cuenta su espada ya se tornaba negra como el azabache. Sí, instintivamente había cubierto su arma con la voluntad de acabar con aquel infame malnacido. Y entonces, sin tan siquiera pensárselo dos veces, fue reduciendo la distancia entre él y el sanguinario esclavista para, tras flexionar sus piernas durante un breve instante, impulsarse hacia él con la intención de pillar inadvertido a su contrincante, desenfundando su espada en cuanto estuviera frente a él y realizar una estocada ascendente apuntando a su cara.
—Battojutsu… ¡Destello Glauco! —diría nada más atacar, para luego enfundar su espada y esperar la reacción de su enemigo, activando su haki de observación, retomando algo de terreno mientras Octojin hacía el siguiente movimiento.