
Alexandra
Alex
18-01-2025, 02:39 PM
Todo se desarrolla en cuestión de segundos pero a Alexandra se le hace una eternidad. Observa como Camille ataca a uno de los bandidos con su gran espada, haciendo que este se desplome en el suelo, aún con vida. El ruido sordo que provoca el pesado cuerpo al caer atrae la atención de los demás enemigos. Un espadachín, bastante más pequeño que la Oni se coloca enfrente de ella empuñando su arma y dispuesto a atacar. Para darle soporte dos tiradores se posicionan a más distancia aún.
El eco de las tres balas al dispararse resuena por la taberna, provocando que un ligero escalofrío recorra la columna vertebral de Alexandra. Las balas parecen impactar en sus dos compañeros y en ese instante los pensamientos de la Hafugyo se disparan: Quizá debería ayudarles, son tres contra dos, podría intentar pillar a los tiradores desprevenidos ya que parece que no se han fijado aún en ella. Quizás podría acercarse sigilosamente y clavarles sus dagas en el cuello. Pero... ¿Y si la pillaban? Entonces ella estaría fuera del alcance de Camille y Atlas y seguramente ellos tuvieran que dedicar esfuerzos extra en salvarla... como cuando pasó lo del desprendimiento. Habían acabado salvándola sin ella poder hacer nada.
Los dedos le cosquilleaban, los músculos se le tensaron, una gota de sudor le recorrió la frente. Era la primera batalla real que Alexandra vivía, había entrenado para aquel momento. Estaba preparada.
Iba a lanzarse a la batalla cuando algo le llamó la atención. Por la periferia de su visión pudo ver una pequeña figura, del tamaño de un bebé, que se aproximaba gateando hacía el cofre que descansaba en la gruta. «Me estoy volviendo loca» Pensó la Hafugyo mientras se frotaba los ojos, intentando salir de su estupor. ¿Qué iba a hacer un bebé en un sitio como ese? Pero mientras su mirada se iba aclarando pudo ver como la silueta seguía allí es más, tenía algo en la mano, un objeto puntiagudo. ¿Qué hacía un bebé en un sitio como ese con un pincho? Tenía que actuar antes de que se tropezara y se lo clavara. O peor aún que decidiera que era un manjar y se lo metiera en la boca. Eso es lo que hacían los bebés, ¿no? Comerse la tierra y eso.
Echo una rápida ojeada a sus compañeros. Parecían bastante ocupados con los bandidos, seguro que les iba bien. Intentando no llamar la atención Alexandra se decidió a acercarse al supuesto bebé.
El eco de las tres balas al dispararse resuena por la taberna, provocando que un ligero escalofrío recorra la columna vertebral de Alexandra. Las balas parecen impactar en sus dos compañeros y en ese instante los pensamientos de la Hafugyo se disparan: Quizá debería ayudarles, son tres contra dos, podría intentar pillar a los tiradores desprevenidos ya que parece que no se han fijado aún en ella. Quizás podría acercarse sigilosamente y clavarles sus dagas en el cuello. Pero... ¿Y si la pillaban? Entonces ella estaría fuera del alcance de Camille y Atlas y seguramente ellos tuvieran que dedicar esfuerzos extra en salvarla... como cuando pasó lo del desprendimiento. Habían acabado salvándola sin ella poder hacer nada.
Los dedos le cosquilleaban, los músculos se le tensaron, una gota de sudor le recorrió la frente. Era la primera batalla real que Alexandra vivía, había entrenado para aquel momento. Estaba preparada.
Iba a lanzarse a la batalla cuando algo le llamó la atención. Por la periferia de su visión pudo ver una pequeña figura, del tamaño de un bebé, que se aproximaba gateando hacía el cofre que descansaba en la gruta. «Me estoy volviendo loca» Pensó la Hafugyo mientras se frotaba los ojos, intentando salir de su estupor. ¿Qué iba a hacer un bebé en un sitio como ese? Pero mientras su mirada se iba aclarando pudo ver como la silueta seguía allí es más, tenía algo en la mano, un objeto puntiagudo. ¿Qué hacía un bebé en un sitio como ese con un pincho? Tenía que actuar antes de que se tropezara y se lo clavara. O peor aún que decidiera que era un manjar y se lo metiera en la boca. Eso es lo que hacían los bebés, ¿no? Comerse la tierra y eso.
Echo una rápida ojeada a sus compañeros. Parecían bastante ocupados con los bandidos, seguro que les iba bien. Intentando no llamar la atención Alexandra se decidió a acercarse al supuesto bebé.