
Ragnheidr Grosdttir
Stormbreaker
21-01-2025, 08:10 AM
Ragn mantiene su postura erguida, imponente incluso en la calma de ese momento. Su aliento forma pequeñas nubes que se disipan rápidamente en el aire helado. La nieve sigue cayendo suavemente, posándose sobre su cabello rubio y los pliegues de su capa de piel, que cruje levemente con cada movimiento. — Mi famosa cabezonería, claro. — Responde con una leve sonrisa que no llega a ser del todo seria.— Aunque esta vez, puede que haya algo más. A veces, incluso los espíritus libres encuentran una causa que vale la pena. — Ser revolucionario era ... Era ... ¿Importante? Ragn se rascó la cabeza, como si sientera un vacio de recuerdos sobre aquello. Sus ojos recorren la estructura frente a ellos, la casa más grande del asentamiento, con su madera oscura y la nieve acumulada en los bordes del techo. El contraste entre el calor de la hoguera del centro del campamento y la dureza del entorno crea una atmósfera extraña, acogedora pero lista para el combate en cualquier momento. Ragn vuelve la mirada hacia Tax, sus ojos claros encontrando los del guerrero con un destello de determinación. — No me preocupo por los hombres difíciles, Tax. Más bien suelen ser ellos quienes se preocupan por mí. Ya no soy un niño. — Contestó sin el más mínimo atismo de egocentrismo, era, simplemente, seguridad. La comisura de sus labios se curva apenas en una sonrisa contenida, antes de asentir hacia la puerta. — Vamos a ver qué tan interesante es este líder tuyo.— Casi que por arte de magia, antes de entrar, la puerta se abre y aparece Erik. E inmediatamente, prácticamente como una contestación natural, Ragn activó su haki.
Ragn mantiene su postura mientras extiende la mano, una extremidad que parece forjada en piedra, cubierta de cicatrices que hablan de innumerables batallas. Su piel es áspera al tacto, endurecida por los elementos y el manejo de armas tan grandes como su ambición. Cada movimiento de sus dedos denota fuerza contenida, como si el simple acto de estrechar la mano de Eirik pudiera derrumbar muros si él lo deseara. Los ojos de Ragn, de un azul frío como el cielo antes de una tormenta, se clavan en los de Eirik, transmitiendo más que palabras, un desafío silencioso, un respeto ganado de igual a igual. Las líneas de su rostro, talladas por años de lucha y decisiones difíciles, se suavizan apenas al esbozar esa media sonrisa que no pierde su aire confiado. La brisa que cuela por la puerta abierta lleva consigo el aroma a madera quemada, mezclado con la frescura helada de la nieve que cubre la isla. El sonido del viento que azota las ramas desnudas de los árboles lejanos crea un contraste con el calor que emana del interior de la sala. Allí, detrás de Eirik, se vislumbran detalles que capturan la atención de Ragn, una gran mesa de madera oscura, desgastada por los años, cargada de mapas y documentos. Antorchas ancladas a las paredes arrojan una luz cálida que parpadea contra las armaduras de los Buccaneers que permanecen de pie cerca del hogar, atentos, aunque relajados. Si era el líder de todos ellos, es que era un tipo al que temer.
El apretón de manos entre los dos hombres se convierte en un momento cargado de simbolismo. La mano de Eirik, cubierta por el guante de cuero negro y marcada por cicatrices visibles incluso a través del material, es firme, pero no intenta superar la fuerza de Ragn, como si ambos entendieran que la verdadera prueba no está en el poder bruto, sino en la voluntad que lo acompaña. La capa de piel que cuelga de los hombros de Ragn se mueve apenas con el viento, y el brillo metálico de su brazo derecho refleja las llamas del fuego cercano, haciéndolo parecer un guerrero que ha salido de las leyendas de Elbaf mismo.
Ragn, consciente del peso del momento, mantiene el contacto visual, con la mirada de un hombre que lleva consigo un propósito firme. Su media sonrisa, ahora más marcada, revela una chispa de desafío, una muestra de que, aunque respeta la fuerza y el liderazgo de Eirik, no es un hombre que se someterá sin razón. El silencio entre ellos parece cargado de algo más que palabras, como si ambos guerreros estuvieran midiendo no solo la fuerza física, sino también el carácter del otro. Finalmente, Ragn inclina apenas la cabeza, lo justo para reconocer a Eirik como un líder digno de atención, pero sin perder su propia posición como igual en este cruce de destinos. — Mi nombre es Ragnheidr Grosdttir. — Contesta sin apartarle la mirada. — Estoy de paso. — Finalmente, le suelta la mano. — Pero ha llegado a mis oídos que había temibles buccaneers en esta isla. Hace mucho tiempo que no veo a uno de los míos, buscaba medirme con ellos y lo que no esperaba era encontrarme con Tax. — No pudo evitar ser sincero, luchar contra sus hermanos era una idea bastante clara y motivante para él. — ¿Sabes que tienes como aliado a una leyenda de Elbaf? — Le pone una mano en el hombro mientras lo mira con intensidad, Tax era su familia.
Termina por golpear el hombro de Tax. — Y te digo lo mismo, Erik. Si alguien como él te reconoce, yo no voy a ser menos. — Sería muy difícil de explicar para los demás el respeto que sentía el rubio por Tax. Él y sus historias habían influenciado a varias generaciones de niños en Elbaf, como pasaba con otros guerreros.
KENB601
KENBUNSHOKU
Haki intermedio
Tier 6
No Aprendida
9

2

Permite al usuario percibir con precisión la presencia de otros seres vivos en un área, siendo capaz de apreciar las emociones que exterioricen y de forma superficial las hostilidades que realmente tienen. Así como estimar de forma general quién es alguien más fuerte o más débil que él. Si lo activa puede anticiparse a un ataque obteniendo para ello un bono de +10 [Reflejos].
Área:
900[VOLx15]
metros | +10 [REF]
Ragn mantiene su postura mientras extiende la mano, una extremidad que parece forjada en piedra, cubierta de cicatrices que hablan de innumerables batallas. Su piel es áspera al tacto, endurecida por los elementos y el manejo de armas tan grandes como su ambición. Cada movimiento de sus dedos denota fuerza contenida, como si el simple acto de estrechar la mano de Eirik pudiera derrumbar muros si él lo deseara. Los ojos de Ragn, de un azul frío como el cielo antes de una tormenta, se clavan en los de Eirik, transmitiendo más que palabras, un desafío silencioso, un respeto ganado de igual a igual. Las líneas de su rostro, talladas por años de lucha y decisiones difíciles, se suavizan apenas al esbozar esa media sonrisa que no pierde su aire confiado. La brisa que cuela por la puerta abierta lleva consigo el aroma a madera quemada, mezclado con la frescura helada de la nieve que cubre la isla. El sonido del viento que azota las ramas desnudas de los árboles lejanos crea un contraste con el calor que emana del interior de la sala. Allí, detrás de Eirik, se vislumbran detalles que capturan la atención de Ragn, una gran mesa de madera oscura, desgastada por los años, cargada de mapas y documentos. Antorchas ancladas a las paredes arrojan una luz cálida que parpadea contra las armaduras de los Buccaneers que permanecen de pie cerca del hogar, atentos, aunque relajados. Si era el líder de todos ellos, es que era un tipo al que temer.
El apretón de manos entre los dos hombres se convierte en un momento cargado de simbolismo. La mano de Eirik, cubierta por el guante de cuero negro y marcada por cicatrices visibles incluso a través del material, es firme, pero no intenta superar la fuerza de Ragn, como si ambos entendieran que la verdadera prueba no está en el poder bruto, sino en la voluntad que lo acompaña. La capa de piel que cuelga de los hombros de Ragn se mueve apenas con el viento, y el brillo metálico de su brazo derecho refleja las llamas del fuego cercano, haciéndolo parecer un guerrero que ha salido de las leyendas de Elbaf mismo.
Ragn, consciente del peso del momento, mantiene el contacto visual, con la mirada de un hombre que lleva consigo un propósito firme. Su media sonrisa, ahora más marcada, revela una chispa de desafío, una muestra de que, aunque respeta la fuerza y el liderazgo de Eirik, no es un hombre que se someterá sin razón. El silencio entre ellos parece cargado de algo más que palabras, como si ambos guerreros estuvieran midiendo no solo la fuerza física, sino también el carácter del otro. Finalmente, Ragn inclina apenas la cabeza, lo justo para reconocer a Eirik como un líder digno de atención, pero sin perder su propia posición como igual en este cruce de destinos. — Mi nombre es Ragnheidr Grosdttir. — Contesta sin apartarle la mirada. — Estoy de paso. — Finalmente, le suelta la mano. — Pero ha llegado a mis oídos que había temibles buccaneers en esta isla. Hace mucho tiempo que no veo a uno de los míos, buscaba medirme con ellos y lo que no esperaba era encontrarme con Tax. — No pudo evitar ser sincero, luchar contra sus hermanos era una idea bastante clara y motivante para él. — ¿Sabes que tienes como aliado a una leyenda de Elbaf? — Le pone una mano en el hombro mientras lo mira con intensidad, Tax era su familia.
Termina por golpear el hombro de Tax. — Y te digo lo mismo, Erik. Si alguien como él te reconoce, yo no voy a ser menos. — Sería muy difícil de explicar para los demás el respeto que sentía el rubio por Tax. Él y sus historias habían influenciado a varias generaciones de niños en Elbaf, como pasaba con otros guerreros.