
Arthur Soriz
Gramps
26-01-2025, 03:35 AM
(Última modificación: 26-01-2025, 05:40 AM por Arthur Soriz.)
1 de Invierno
Año 724
Año 724
Tu travesía hasta Momobami fue relativamente tranquila. A medida que la tartana avanzaba las olas se volvían más lentas y el cielo aún teñido de un gris opaco permitía que unos pocos rayos de sol tocaran el horizonte. Pudiste ver en lontananza la silueta de la isla dibujándose frente a ti, como una bestia dormida envuelta en un manto verde y roca. Desde el mar la isla era una visión imponente. Una selva exuberante cubría cada rincón del terreno, sus árboles altísimos se entrelazaban como si buscaran cualquier intento de explorar sus profundidades. En el centro de la isla el monte se alzaba como un coloso de piedra cubierto por una maraña de vegetación tan denso que era imposible discernir dónde terminaban las raíces y comenzaba la roca.
Tu próximo destino sería la Bahía de los Olvidados, la cual rompía esa monotonía con su presencia discreta, casi oculta entre dos enormes acantilados que la protegían del oleaje. Maniobrando con tu tartana lograste anclar como era debido.
Al bajar de tu barca pudiste ver con detalle ese lugar. Una hilera de edificios viejos... sumamente precarios y de aspecto desgastado se encontraban junto al muelle. La madera de las construcciones parecía carcomida por la sal y los años pero aún se mantenían de pie dando la sensación de que se resistían a ser devoradas por el tiempo. Había unas tabernas de las cuales emanaba un aroma rancio a alcohol de mala calidad, tabaco y sudor. Algunas casas que apenas eran más que chabolas, y almacenes que probablemente servían para negocios de lo menos legales. El olor a pescado, salitre y humo impregnaba el aire, mezclándose con un rastro ocasional de sangre seca.
Tras preguntar por el paradero de Jun, una pista importante llegó a ti. Un tabernero nervioso y con voz temblorosa ya que no quería meterse en problemas habló de Kane "El Fiero" Blackwater, el cual podía tener información sobre alguien que coincidía con la descripción que diste sobre Jun. Según él, si querías encontrarlo tendrías que dirigirte a las arenas clandestinas y esperar que anocheciera. Cuando el sol cayó la Bahía de los Olvidados se transformó. Los callejones oscuros cobraron vida con luces vacilantes de antorchas y faroles. Personas de todas las formas y tamaños comenzaban a congregarse en las sombras caminando hacia un callejón en particular que llevaba a una puerta reforzada de metal, camuflada en una pared de piedra.
La entrada a las arenas clandestinas era un espectáculo en sí mismo. Dos hombres altos y corpulentos con cicatrices que marcaban su rostro, revisaban a cada participante y espectador siendo los guardias de la entrada. Dentro la atmósfera era sofocante. Un túnel estrecho y húmedo conducía a un enorme espacio subterráneo que parecía haber sido una cueva natural adaptada para estos eventos. Las paredes de roca estaban cubiertas de antorchas que iluminaban todo de forma precaria.
El suelo del lugar era de tierra compacta... marcado por los restos de peleas anteriores como sangre seca, ropa rasgada y hasta dientes dispersos que dejaban más que en claro que aquí no se venía a jugar, aquí se venía a pelear y dejarse uñas y dientes en el proceso; la vida si era necesario. En el centro una arena circular cercada por tablones de madera toscos servía como el campo de batalla. Los gritos de los espectadores llenaban el lugar mientras apostaban su dinero y el sonido metálico de monedas cambiando de manos se mezclaba con las risas y discusiones. Podías observar que había participantes de todo tipo... algunos novatos que probablemente buscaban un golpe de suerte, otros con cicatrices que contaban historias de batallas pasadas. Pero también estaban los luchadores experimentados, hombres y mujeres con miradas de acero que transmitían que no estaban allí solo por el dinero.
El olor a sangre fresca comenzaba a mezclarse con el sudor y el tabaco. La noche estaba cargada de energía, y aunque los combates aún no comenzaban ya se podía sentir que sería una velada brutal. Kane "El Fiero" Blackwater, según habías escuchado, era uno de los nombres más esperados. Su reputación lo precedía, y la multitud ya murmuraba sobre él, anticipando su aparición.
Tenías la arena para ti mientras esperaban a la llegada del tan aclamado Kane.
Tu próximo destino sería la Bahía de los Olvidados, la cual rompía esa monotonía con su presencia discreta, casi oculta entre dos enormes acantilados que la protegían del oleaje. Maniobrando con tu tartana lograste anclar como era debido.
Al bajar de tu barca pudiste ver con detalle ese lugar. Una hilera de edificios viejos... sumamente precarios y de aspecto desgastado se encontraban junto al muelle. La madera de las construcciones parecía carcomida por la sal y los años pero aún se mantenían de pie dando la sensación de que se resistían a ser devoradas por el tiempo. Había unas tabernas de las cuales emanaba un aroma rancio a alcohol de mala calidad, tabaco y sudor. Algunas casas que apenas eran más que chabolas, y almacenes que probablemente servían para negocios de lo menos legales. El olor a pescado, salitre y humo impregnaba el aire, mezclándose con un rastro ocasional de sangre seca.
Tras preguntar por el paradero de Jun, una pista importante llegó a ti. Un tabernero nervioso y con voz temblorosa ya que no quería meterse en problemas habló de Kane "El Fiero" Blackwater, el cual podía tener información sobre alguien que coincidía con la descripción que diste sobre Jun. Según él, si querías encontrarlo tendrías que dirigirte a las arenas clandestinas y esperar que anocheciera. Cuando el sol cayó la Bahía de los Olvidados se transformó. Los callejones oscuros cobraron vida con luces vacilantes de antorchas y faroles. Personas de todas las formas y tamaños comenzaban a congregarse en las sombras caminando hacia un callejón en particular que llevaba a una puerta reforzada de metal, camuflada en una pared de piedra.
La entrada a las arenas clandestinas era un espectáculo en sí mismo. Dos hombres altos y corpulentos con cicatrices que marcaban su rostro, revisaban a cada participante y espectador siendo los guardias de la entrada. Dentro la atmósfera era sofocante. Un túnel estrecho y húmedo conducía a un enorme espacio subterráneo que parecía haber sido una cueva natural adaptada para estos eventos. Las paredes de roca estaban cubiertas de antorchas que iluminaban todo de forma precaria.
El suelo del lugar era de tierra compacta... marcado por los restos de peleas anteriores como sangre seca, ropa rasgada y hasta dientes dispersos que dejaban más que en claro que aquí no se venía a jugar, aquí se venía a pelear y dejarse uñas y dientes en el proceso; la vida si era necesario. En el centro una arena circular cercada por tablones de madera toscos servía como el campo de batalla. Los gritos de los espectadores llenaban el lugar mientras apostaban su dinero y el sonido metálico de monedas cambiando de manos se mezclaba con las risas y discusiones. Podías observar que había participantes de todo tipo... algunos novatos que probablemente buscaban un golpe de suerte, otros con cicatrices que contaban historias de batallas pasadas. Pero también estaban los luchadores experimentados, hombres y mujeres con miradas de acero que transmitían que no estaban allí solo por el dinero.
El olor a sangre fresca comenzaba a mezclarse con el sudor y el tabaco. La noche estaba cargada de energía, y aunque los combates aún no comenzaban ya se podía sentir que sería una velada brutal. Kane "El Fiero" Blackwater, según habías escuchado, era uno de los nombres más esperados. Su reputación lo precedía, y la multitud ya murmuraba sobre él, anticipando su aparición.
Tenías la arena para ti mientras esperaban a la llegada del tan aclamado Kane.